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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Zaida Muxí Arquitecta y urbanista

Zaida Muxí: «Hay que cambiar esa ciudad pensada sólo para hombres que trabajan»

«Las tareas de cuidado, asignadas a las mujeres, son las que nos permiten estar vivos»

Zaida Muxí, ayer, en su intervención en las Jornadas de urbanismo con perspectiva feminista . | | ÁNGEL SARMIENTO

La arquitecta y urbanista Zaida Muxí Martínez (Buenos Aires, 1964) plantea en esta entrevista la necesidad de cambiar el diseño de unas ciudades que han sido pensadas para un hombre que trabaja y tiene todo resuelto. Profesora y teórica del urbanismo con perspectiva feminista, autora de Mujeres, casas y ciudades, abrió ayer en las jornadas de Urbanismo con perspectiva de género ‘El Espacio está lleno de Luz’, organizadas por la Concejalía de Urbanismo.

Usted afirma que las ciudades tienen género, más en concreto género masculino, ¿En qué se nota ese carácter?

El género masculino asigna a los hombres una serie de roles que se caracterizan por ir a su trabajo productivo, cobrar y volver sin responsabilizarse de nada más que de sí mismos. Y al género femenino se asignan los trabajos que la mayoría de las mujeres hacemos, además del productivo, que tienen que ver con cuidar de la vida en general, cuidar la casa, cuidar de los otros, de los niños y las niñas... Eso implica un uso de la ciudad muy diferente del que hace el género masculino. Como la ciudad se ha pensado desde la experiencia del género masculino, no se han tenido en cuenta las necesidades del género femenino, como son ciudades que tengan barrios mezclados, actividades que se puedan hacer caminando, que no todo se tenga que hacer en coche, cuyo uso es más exclusivo del hombre. Ese tipo de ciudad, con barrios en los que para ir a la escuela los niños tienen que ir a la otra punta de la ciudad o necesitas un coche para ir al supermercado, está pensada para alguien que sólo hace eso y tiene un coche, porque si no es muy difícil de conciliar todas esas actividades.

¿En qué medida ese diseño de las ciudades limita o le complica la vida a las mujeres?

Supone una penalización porque aumenta muchísimo el tiempo de las tareas que tienen asignadas las mujeres. La frecuencia del transporte, por ejemplo, cambia a las ocho o nueve y media de la mañana, que es cuando dejas a los niños en la escuela. Eso implica, mayor tiempo de traslado y de espera. Las mujeres, para poder cumplir con todas las tareas que tenemos asignadas, aprovechamos muchísimo los tiempos del recorrido. Mientras vamos a coger la guagua o a la escuela de los niños, pasamos y encargamos una comida o pasamos por la farmacia, ese camino que nosotros llamamos recorrido útil. Luego está la inseguridad que generan las áreas no mezcladas, donde hay menos gente. Por ejemplo, las personas que van a limpiar oficinas a una zona industrial viven una situación muy complicada y muy peligrosa durante el viaje porque pasan por sitios donde no hay nadie y no hay iluminación. No se consideran esos trayectos, no se piensan, sólo se piensan la funcionalidad productiva de esos espacios, que está bien que se piense en eso, pero también hay que pensar en las personas que hacen posible que esos espacios funcionen.

"Hay que hacer barrios variados, en los que en 15 minutos tú puedas desarrollar el máximo de tus actividades cotidianas"

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¿Qué hay que cambiar en el transporte para facilitarle la vida a las mujeres?

Hay que pensar en un transporte de diferentes tipos. Están los que se llaman buses de barrio, que sirven mucho para gente mayor pero también para quien les cuida y hacen esos trayectos cotidianos. Hay que pensar en que esos transportes sean accesibles, seguros y con espacio, las paradas en lugares seguros y agradables y también los recorridos hasta las estaciones.

¿Y cómo se construye un espacio público más seguro?

Tiene que ver con diversidad de actividades, que haya gente diferente siempre y que no sea solo un espacio mono funcional o de una única clase.

¿Cómo se pueden corregir las ciudades?

No es fácil, pero se puede hacer a través de la rehabilitación, no sólo pensando en lo espectacular o en el turismo. Hay que introducir más variables para resolver los problemas. Eso ya lo decía en el año 61 la urbanista Jane Jacobs, que consideraba que hay que mirar a la gente real. Cuantas más personas diferentes atendamos sus necesidades, será más inclusiva esa ciudad. Tenemos que repensar la ciudad para un ser humano que no sea un hombre abstracto, como si fuera siempre el único. Eso hay que cambiarlo, porque todos somos muy diferentes. El hombre mismo es muy diferente a lo largo de su vida y la ciudad se proyecta para una persona que tiene cien por cien toda su capacidad de trabajo y todo arreglado, Y eso es una minoría de la población. También hay que trabajar con las mujeres de los barrios y ver cuales son sus prioridades de recorrido.

." Las mujeres siempre hemos estado ahí, de una manera más pública o menos pública, pero siempre hemos aportado porque también somos inteligentes, pero nos borran"

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¿En qué medida la ciudad de los 15 minutos, que se está desarrollando en algunas capitales, contribuye a humanizar nuestra vida?

Es lo que decía al principio. Hay que hacer barrios variados, en los que en 15 minutos tú puedas desarrollar el máximo de tus actividades cotidianas. Evidentemente, no podemos tener un hospital o una universidad a 15 minutos, pero que haya por lo menos un buen transporte público y que puedas hacer esos trayectos de comprar la comida diaria, llevar niños y niñas a la escuela o ir al centro de salud, que la vida cotidiana se resuelva en 15 minutos.

¿Se está teniendo en cuenta esa perspectiva feminista a la hora de rehabilitar o reformar las ciudades?

Sí, de alguna manera a través de la recuperación del espacio para carriles bici, caminar o el encuentro en las puertas de las escuelas. Todo aquello que promueve una movilidad más sostenible y más inclusiva sí se está teniendo en cuenta, lo que pasa es que hay gente que no lo termina de entender. Nuestros centros urbanos más o menos lo tienen. El mayor problema lo encontramos en los barrios que se han hecho en los últimos 30 años en las periferias.

¿En qué se nota ese menosprecio por las labores de cuidado adjudicadas a las mujeres cuando miramos la estructura de las casas y las ciudades?

En todo. En las casas, muchas veces no tienen ni siquiera el espacio adecuado para realizar esas labores, desde el espacio donde se hace la lavandería o la cocina, que está escondida, tiene muy poca luz y no tiene relación con el resto de la casa. Los espacios de guardado, por ejemplo, es algo que las mujeres que han propuesto casas siempre tienen en cuenta. Donde dejas todas las cosas, desde el carro de la compra, la fregona, la aspiradora... Son cosas que un arquitecto diría, vaya tontería de esta mujer, pero esa es la vida cotidiana y la que nos permite estar vivos. No es ninguna postura en contra de nadie. Necesitamos espacios mejores para vivir y para eso es importantísimo las tareas que se nos ha asignado a las mujeres.

En su libro Mujeres, casas y ciudades plantea una reescritura de la arquitectura y el urbanismo, a partir de la aportación de las mujeres que han sido silenciada ¿de qué manera se las ha silenciado?

No reconociéndolas en ningún libro de historia, como si no hubieramos hecho nada. Siempre estamos empezando. Es algo que pasa en la arquitectura y en todas las profesiones. Las mujeres siempre hemos estado ahí, de una manera más pública o menos pública, pero siempre hemos aportado porque también somos inteligentes, pero nos borran. Y aún mujeres que han estado en su momento muy presentes y que han propuesto cosas también se las borra o se apropian de sus conocimientos de una manera falsamente neutral o masculina. En las carreras técnicas o científicas se nota más, pero también en las carreras humanísticas. En filosofía cuantas mujeres filósofas hay o en literatura.

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