Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Honores y distinciones

Presumir de pluma en plena dictadura

«No somos machos, pero somos muchas», decía el transformista Paco España, reconocido este año como Hijo Predilecto de su ciudad natal a título póstumo

Paco España en su camerino durante la exitosa etapa del transformista en Madrid a finales de la década de los 70 del siglo XX. | | LA PROVINCIA/DLP

Paco España en su camerino durante la exitosa etapa del transformista en Madrid a finales de la década de los 70 del siglo XX. | | LA PROVINCIA/DLP

Contaba Paco España, nombre artístico de Francisco Morera García (Las Palmas de Gran Canaria, 1951-2012), que cuando su padre lo descubrió un día vestido de mujer, siendo aún un niño, le propinó una paliza. Paco en vez de amedrentarse respondió a su progenitor con una frase que, vista ahora desde la distancia, resume la personalidad de quien fuera el transformista más famoso de la España de los últimos coletazos de la Dictadura y la Transición: “Pégame ahora todo lo que quieras porque mañana lo voy a seguir haciendo”. Nueve años después de la muerte del artista, el actual grupo de gobierno del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria reconoce el legado de este pionero nombrándole Hijo Predilecto de la ciudad a título póstumo.

Desde que hace unos años se comenzara a reivindicar el papel que por la normalización de los derechos de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales jugó en la etapa más oscura de este país el artista del barrio de La Isleta, quienes le conocieron aseguran que “Paco, sobre todo, se reivindicaba a sí mismo”. Decidido desde niño a hacer “lo que realmente me diera la gana”, dijo en muchas ocasiones, Paco despuntó en Gran Canaria, sobre todo, con sus imitaciones de Joselito siendo aún menor de edad. Bregado en programas de radio, fiestas de barrio y cabarets, con 16 años se traslada a Barcelona pero no tiene suerte como imitador: no le contrataban “por feo” aunque tenía buena voz.

Paco no encajaba en el prototipo de niño prodigio pero, listo como era, descubrió en el transformismo, cada vez más de moda a finales de los 60 en la capital catalana, otra vía para desarrollar sobre los escenarios su vena artística además de lograr ganar dinero con el que sobrevivir lejos de su casa. La primera noche que actuó vestido de mujer le pagaron 400 pesetas [poco más de dos euros] pero al día siguiente lo contrataron en el cabaret Barcelona de Noche que, junto con El Molino, era uno de los teatros más importantes de la época.

“Se me quedaba chico aquello”, respondería años más tarde cuando le preguntaban en la Península por qué había abandonado su tierra natal. Razón no le faltaba ya que tras dejar Barcelona, después de haber cosechado varios éxitos, e instalarse en Madrid a mediados de los años 70 rara era la velada que el cartel de agotadas las localidades no se colgase en las salas de fiesta donde actuaba, espectáculos por los que llegaría a cobrar 500.000 pesetas [3.000 euros] por noche, un dineral que jamás habría recibido si se hubiese quedado en la capital grancanaria de aquella época. “Tuve que disfrazarme de camarero para ocultar que era mariquita”, confesó.

Paco España aterriza en Madrid casado -se consideraba bisexual y se casó con Manuela, con quien tuvo dos hijos, Ricardo y Angelines, de los que se ocupó durante toda su vida- pero, sobre todo, Paco llega a la noche madrileña dispuesto a triunfar.

Allí se convierte en reclamo de salas de fiesta donde realizó sus propios espectáculos, como el Loco, loco cabaret, que tenía una calidad considerable, incluyendo vocalista, bailarines e imitadores. Sobre el escenario aparecía con bata de cola, kimono o biquini imitando a grandes artistas como Lola Flores o Paloma San Basilio.

Ejercía de mariquita orgullosa moviendo el abanico como nadie y cantando en directo con orquesta. «¡Yo soy Paco el del salero y me guaseo del mundo entero!», repetía en sus shows. De sus montajes decía la crítica: «Es un espectáculo raro, sí, pero moderno». Entre sus frases más célebres destaca la que usaba para salir a escena -«¡Damas, caballeros, mariquitas simpatizantes...!»- o aquella ya mítica de «¡No somos machos, pero somos muchas!».

Sabía reírse de sí mismo y del mundo de forma ejemplar. Era por entonces Paquita la Tomate: «Me conocen bien de atrás, dijo un niño de Barbate», cantaba. Pero además de esa letra hubo otras canciones suyas que pusieron nerviosos a muchos y alborotaban tiempos esquivos: Bendita mi tierra guanche, Josefina la criada, Torbellino de colores, Mi vida privada... “Paco España fue uno de los artistas más asilvestrados de las noches canallas del Madrid preconstitucional”, escribió en un obituario en El País, en enero de 2012, Ricardo Lapiedra.

Actuó también en el teatro, permaneciendo dos años en la cartelera madrileña con la obra Pecado mortal, con música de Juan Pardo, en el Teatro Muñoz Seca. Protagonizó, asimismo, El triángulo de las tetudas en la misma sala y Pecar en Madrid, en el Teatro Alfil.

El cine tampoco se le resistió, participando en películas como Haz la loca... no la guerra (José Truchado, 1976); La Carmen (Julio Diamante, 1977); Los placeres ocultos (Eloy de la Iglesia, 1977) o Un hombre llamado Flor de Otoño (Pedro Olea, 1978), entre otras.

Se codeó con lo más granado del mundo artístico de la época. Sara Montiel, Rocío Jurado, Florinda Chico, Salvador Dalí y Rocío Dúrcal, por citar sólo a algunas, fueron asiduos de sus espectáculos en Barcelona y Madrid. Y cuentan que a Lola Flores, en un primer momento, poca gracia le hizo verse imitada entre risas y aplausos en las salas de fiesta, llegando incluso a pleitear con el transformista grancanario pero finalmente La Faraona y Paco España se hicieron íntimos amigos.

Compartir el artículo

stats