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Honores y distinciones de Las Palmas de Gran Canaria
Honores y distinciones Fernando Fraile Hijo adoptivo de Las Palmas de Gran Canaria

Fernando Fraile: «Siento el orgullo de ese chiquillo que llegó con 21 años»

Fernando Fraile, en su despacho de la Asociación Española contra el Cáncer. | ANDRÉS CRUZ

Fernando Fraile, en su despacho de la Asociación Española contra el Cáncer. | ANDRÉS CRUZ

Fernando Fraile (Zamora, 1950) recibe este año el título de Hijo Adoptivo de Las Palmas de Gran Canaria, ciudad a la que llegó con tan solo 21 años. Tras una dilatada carrera al frente de la patronal turística de Las Palmas hoy preside la delegación provincial de la Asociación Española contra el Cáncer.

¿Cuándo se inició su idilio con la ciudad?

Llegué en 1971 y viví mis primeros días en el Hotel Astoria hasta que alquilé un piso en el edificio Cantabria. Fueron mis primeros pasos aquí.

¿Por qué vino?

Tenía una pequeña empresa de pintura establecida en Barcelona y me comentaron que aquí había muchas obras iniciándose. Nos dedicábamos a las fachadas, los revestimientos de tipo pétreo que se realizaban entonces.

¿Y se lanzó así, sin más?

Sí. Mi llegada coincidió con la Feria del Atlántico, que a su vez englobaba una feria de la construcción. El ministerio en aquella época a los noveles nos dejaba poner un stand pequeño. Fue tanto el éxito, que ya me quedé y estuve alternando Barcelona con Gran Canaria. Tenía 21 años.

Casi estrenándose en el mundo laboral.

Empecé a trabajar a los catorce. Para la edad que tenía cuando llegué, se puede decir que tuve éxito. Tenía 50 hombres en Barcelona y aquí arranqué de manera humilde, pero conseguí bastante trabajo.

¿Cómo era Las Palmas de Gran Canaria entonces?

Era la época del parque Santa Catalina, de los turistas por Las Canteras y había una separación muy evidente con el resto de la ciudad. Yo vivía de Mesa y López hacia la playa. Todo giraba en torno al Puerto de La Luz, por allí estaban los mejores restaurantes, los bancos... Todavía muchos llaman a Franchy Roca la calle de los bancos. Por ahí me movía, porque era permanente la construcción de residencias y complejos de apartamentos. Las Palmas de Gran Canaria estaba en pleno boom turístico y ya comenzaba también en el Sur.

"En 1971, era la época del parque Santa Catalina y de los turistas por Las Canteras"

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¿También probó suerte allí?

Claro, de hecho una de las primeras ofertas que yo hice fue para el hotel Faro, en Maspalomas, que estaba construyéndose. No me la aceptaron, pero sí en muchos otros. El servicio militar me obligó a parar. Me destinaron a Burgos y tuve que dejar aquí a otras personas al frente del negocio.

Se crió en la Meseta Norte, ¿pero notó el cambio de clima al tener que regresar?

Pasé un frío que me moría. Como no nos tuvieran en movimiento continuo, caíamos redondos. Hablo de quince grados bajo cero.

Loco por volver a Las Palmas de Gran Canaria, vamos.

En cuanto me dejaron.

¿Cómo llegó al sector del negocio alojativo?

Mi familia política de entonces tenía apartamentos. Mi exsuegro construía, los vendía, hacía permutas, los explotaba un tiempo... En definitiva, que se abrió esa oportunidad y me ofreció hacerme cargo del negocio. Desde 1974 o 1975 hasta hace quince años viví más en el Sur, aunque venía mucho a la ciudad, porque también tenía actividad aquí.

En aquellos años 70, ir de aquí al Sur era un viaje serio.

Totalmente. Parábamos en Vecindario a comer, descansar, tomar un café o sentarnos a la sombra de un árbol si lo había. Era una tragedia que te pillara la caravana del conde. Eran como unas sesenta guaguas que repartían a los empleados por San Agustín, el hotel Oasis... Si te cogía, más te valía parar a comer. O salías antes, o ya tenías que esperar a las siete de la tarde; si no, tardabas tres horas.

¿Qué le supone el reconocimiento que recibe ahora?

Sentí un tremendo orgullo cuando me llamó el alcalde. A esta edad ya no piensas que vayan a tenerte en cuenta de esta manera. Además, nunca hice nada pensando en ser merecedor de una distinción como esta. Cuando trabajas y te van bien las cosas, piensas en objetivos como dejar algo a tus hijos o en tu satisfacción personal. Para que me entienda, si te dedicas a la política y tienes aspiraciones, entra dentro de la lógica que logres un cargo importante; si estás en la judicatura enfocado en ser presidente del Tribunal Supremo y lo consigues, tendrás una gran satisfacción, pero es el fin que te habías marcado. Sin embargo, en este caso has hecho tu vida, y sin esperarlo, te lo dan. Nunca pensé que me fuera a pasar y sentí el orgullo de ese chiquillo que llegó y al que ahora una gran ciudad otorga un reconocimiento de esta magnitud.

"Nunca hice nada pensando en ser merecedor de una distinción como la que me han otorgado"

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Después de 20 años al frente de la FEHT, se jubiló en 2017 y casi de manera inmediata se hizo cargo de la presidencia de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC) en Las Palmas. Y ahora esto. ¿El retiro que soñó?

Nunca pensé en algo así, no puedo decir que lo soñara, pero sí que me satisface enormemente. Cuando me jubilé, pensé en coger algo de tiempo para mí, para pensar. Sí es verdad que dije a los más cercanos que enseguida iría a ver a mi amigo Pedro Llorca (presidente del Banco Mundial de Alimentos) para dedicar una parte de mi vida a echar una mano, pero pensando en cargar cajas de naranjas o lo que hiciera falta. Sin embargo, otro buen amigo, Andrés Orozco, entonces director territorial de Caixabank y voluntario de la AECC, me dijo que se habían quedado sin junta provincial y si podía crear una nueva y presidirla. Es otro gran hito en mi vida.

¿Es sencillo el paso del mundo de los negocios al del voluntariado? En uno la remuneración tiene importancia y en el otro ni siquiera existe.

Se tiende a pensar que estar en un cargo como este y dedicarle parte de tu tiempo libre sin una recompensa aparente supone un esfuerzo y un sacrificio. Es lo opuesto, sientes una gran satisfacción por comprobar que puedes hacer algo por los demás; te vas a casa muy feliz. Esa recompensa es mucho más grande que un sueldo y, desde luego, también es mucho más lo que recibes que lo que das.

Saquemos la bola de cristal. ¿Cómo será la ciudad en la que vivirá un hijo adoptivo de 2221?

Tenemos una gran suerte con esta ciudad. Se ha ido desarrollando y modernizando, pero ha mantenido un sabor y un estilo que no se deben perder, ni ahora ni dentro de 200 años. Yo la imagino mejorada en todo lo que podemos ir haciendo. Estoy expectante por ver cómo influye la puesta en marcha de la Metroguagua y el funcionamiento más integral de todos los carriles bici.

¿Qué echa en falta y cree que sí habrá en un futuro próximo?

Jardines, elementos que esponjen la zona más central de la ciudad. Es verdad que hoy ocupan una superficie muy pequeña del total e imagino que con los años ganarán espacio. Y poco más. Las Palmas de Gran Canaria tiene merecida fama de ser una gran ciudad y, además, con playas. En plural, porque Las Canteras es magnífica, pero Las Alcaravaneras mejora de manera permanente. Súmese a eso un casco histórico que, probablemente, pueda aprovecharse más. En otros lugares de España y Europa, se han convertido es grandes centros comerciales abiertos llenos de museos o restaurantes. Vegueta es un gran lujo. También por la zona marítima se abren grandes posibilidades que se irán aprovechando, seguro.

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