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Fiestas Fundacionales | Cinco siglos de presencia inglesa

Un paseo por la vieja colonia británica

Una recreación histórica en el Miller hace un repaso a cinco siglos de presencia anglosajona en la capital, de la batalla de Drake a las tertulias del Club Inglés

Un paseo por la vieja colonia británica Adzubenam Villullas

«Has vistos estas telas, me las han traído directas de Londres, dicen que las llevó la mismísima reina Victoria», comenta Pilarito con sus clientas en su sastrería de Triana. Principios del siglo XX en Las Palmas de Gran Canaria, la colonia inglesa residente en la ciudad juega un importante papel en el desarrollo económico de la Isla y los choques culturales se suceden en distintos ambientes. Este es solo uno de los nueve pasajes que el espectador puede vivir en la recreación histórica teatralizada La huella británica en Las Palmas de Gran Canaria, organizada por el Museo Elder y el Ayuntamiento de la capital dentro del programa de las Fiestas Fundacionales. El primero de los pases tuvo lugar este viernes en el edificio Miller y todavía hay entradas disponibles para el próximo viernes y sábado, 18 y 19 de junio respectivamente.

«Intentamos representar en diferentes espacios escénicos las distintas etapas del paso de los ingleses por la capital grancanaria», explica José Gilberto Moreno, director del Museo Elder y encargado de hacer posible la recreación. «El objetivo es comprender el aporte de esta colonia a la ciudad», señala. En la obra participa un elenco de 170 personas de cinco colectivos de aficionados: la Asociación Salsipuedes, la asociación de vecinos El Palmar, la asociación de vecinos Piletas, El Ómnibus teatro del pueblo, la Parada de El Rincón y la asociación de vecinos de Tenteniguada.

La obra consiste en un repaso histórico a los cinco siglos de presencia británica en la Isla. Un paseo por la Historia divido en nueve etapas y que transcurre en apenas 45 minutos. Comienza por la batalla de Francis Drake de 1595, continúa por la colocación de la primera piedra en el Puerto de La Luz en 1883 y culmina en una tertulia en el Club Inglés a comienzos del siglo XX y de la mano del escritor Alonso Quesada. Tras el primer pase de este viernes, la recreación volverá a llenar el edificio Miller del parque Santa Catalina este sábado -las entradas ya están agotadas-.

Y con esto, dicho y hecho. El público entra en grupos reducidos para quedar inmersos en la bahía de Las Isletas en pleno siglo XVI. Es octubre de 1595 y desde las almenas del castillo de La Luz alertan al gobernador. Una serie de embarcaciones con bandera inglesa han empezado a acercarse a las costas de Gran Canaria. «Defenderemos la ciudad y nuestra Isla», exclama Alonso de Alvarado ante la desconfianza que siente hacia los británicos en una clara discusión con Antonio de Pamochamoso, teniente de las milicias que lucharían después contra las tropas enviadas por la reina Isabel I.

Tras una breve escaramuza, la escena apenas dura unos minutos, los canarios salen victoriosos y Drake no tiene otro remedio que dar media vuelta. El público da entonces un salto en el tiempo de 300 años para presenciar un momento histórico y trascendental: la colocación de la primera piedra del Puerto de La Luz.

23 de febrero de 1883. James Swanston, importante empresarios británico de la época, y su esposa se preparan para una foto de familia que hará historia. «Pero ¿has visto a esta gente? Si ni siquiera saben leer ni escribir», le reprocha ella a su marido. Y es que de la misma manera que la compañía retrata los avances que trajeron los ingleses a las Islas, también recrea la altanería y soberbia de muchos ingleses.

James Swanston y su esposa se preparan una foto de familia: la primera piedra del Puerto

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El ingeniero Juan León y Castillo escucha bien cerca junto a su esposa los preparativos para colocar la primera piedra del Puerto, a la sombra de una pancarta con el lema «God blees our work» -Dios bendiga nuestro trabajo, en inglés-. «Dios te oiga y traigan prosperidad», señala ella tras escuchar que llevarán plátanos, tomates y papas a Inglaterra, «porque con la caña de azúcar y el tabaco tras la cochinilla no ha sido posible salir adelante». Y entre chascarrillo y chascarrillo, foto de familia, incluido el alcalde de Las Palmas de entonces: Felipe Massieu y Falcón. La viva imagen de una fotografía que se conserva en la actualidad en los fondos de la Fedac.

Y tras la primera piedra, toca pasear por un bullicioso muelle de Santa Catalina, donde se suceden las mujeres desescamando pescado y los hombres cargando el carbón para los barcos. No sin olvidar a los pícaros que intentan vender un canario en su jaula a los chonis. ¿Chonis? Sí, bueno, mejor dicho Johnny, porque de mal entendimientos va la siguiente parada en este viaje en el tiempo. La llegada al léxico canario de un buen puñado de palabras del inglés.

«Para ustedes todos los ingleses se llaman Johnny», discute un señor en las oficinas de la Elder Dempster Lines, al tiempo que el otro le pide que apunte un kilo de papas chinegua. «Se dice King Eduard», le reprocha. Han pasado varios años desde que el Puerto entrara en funcionamiento y el comercio entre Las Palmas y Londres está más vivo que nunca. Justamente, en la próxima parada, un puñado de mujeres se encargan de limpiar tomates, confeccionar cajas de madera y embalar las piñas de plátanos para enviarlas rumbo al Reino Unido.

Un comercio internacional que repercutió en el tejido empresarial de la ciudad. Ahí es donde entran en juego la sombrerería de Don Antonio, con mister Leacock como uno de sus clientes más distinguidos. Junto a esta, también en la bulliciosa Triana de 1900, en la sastrería de Pilarito discuten un par de señores mientras comen té con pasta y la dueña del establecimiento les enseña las últimas novedades en telas llegadas de Londres. «Se dice cake, te tienes que modernizar Adelaida», le reprocha en tono despectivo a una de las señoras a la empleada tras servirle «un cachito de queque».

Camilito es el encargado, justo después de dar la bienvenida a los orígenes del cine. El primer cinematógrafo llegado al Puerto desde Inglaterra en junio de 1896 según publicó el Diario de Las Palmas. De Max Linder a Charles Chaplin para terminar en las oficinas de una gestoría inglesa en la que un puñado de canarios contra británicos se disputan la autoría del Puerto de La Luz. Es 1903 y las obras de tremenda infraestructura de ingeniería han «culminado». En la ciudad se han establecido empresas como Miller o Blandy, pero fue la mano de obra canaria quien hizo realidad todo aquello, recordaron los personajes.

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Fiestas fundacionales: La huella británica La Provincia

Y así hasta llegar a una tertulia en el Club Inglés. Última parada del paseo. Mister [Alonso] Quesada se dispone a leer un cuento «para un salón de fumar» ante un puñado de señoras británicas bebiendo té. ¿El argumento? La vida de Johnny, un inglés borracho a base de whisky que ha llegado a las Islas en busca de un clima benigno y aguas minerales para curar el reuma. Una historia más de británicos.

En la foto principal, la modista Pilarito enseña unas telas recién llegadas de Londres a Salvadorito, que va camino de Valsequillo, en su sastrería de Triana a comienzos del siglo XX. Debajo, a la izquierda, mujeres haciendo cajas para enviar tomates a Inglaterra; a la derecha, la reina Isabel I envía al navegante Francis Drake a invadir territorios españoles en 1595, año en el que invade la capital grancanaria.

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