Recorrer el barrio de Escaleritas nos permite descubrir la historia urbana de Las Palmas de Gran Canaria de los últimos 70 años, porque a partir del final de la década de 1940 la ciudad experimentó una profunda transformación, iniciándose un dinámico e imparable proceso expansivo hacia el oeste. La construcción e inauguración oficial de una primera promoción de viviendas en Escaleritas, en torno a 1948, así como la edificación de un grupo escolar –germen del actual CEIP Isabel la Católica– y de una iglesia –sede de la parroquia de Santa Isabel de Hungría– cambiaron, sin duda, la imagen de la denominada Ciudad alta. Tanto es así que aquel núcleo de viviendas fue considerado por la prensa del momento como «la primera piedra de la ciudad nueva».

La rotulación de las calles y plazas de esta nueva barriada dio comienzo también en 1948, año en que el consistorio decidió asignar el nombre de Argentina a la plaza que rodeaba al recién bendecido templo dedicado a Santa Isabel de Hungría. Además, en esa misma sesión municipal, celebrada el 25 de junio de 1948, se propuso que en una de las arterias de la zona se homenajeara a Plácido Álvarez-Buylla, gobernador civil que había favorecido la urbanización de aquel sector urbano. No obstante, finalmente fue una plaza ajardinada, ubicada en el mismo barrio, la que fue bautizada con su nombre.

La identificación del resto de las vías sería establecida en estos mismos años, puesto que en 1950 ya las encontramos tituladas. En ellas se recordó preferentemente a los primeros regidores grancanarios (Martín de Escalante, Francisco de Espinosa, Diego Zurita, Juan de Malafuente, etc.). Ahora bien, junto a estos históricos personajes encontramos el nombre de un investigador que con toda seguridad estaría muy feliz en este entorno. Sin duda, para él sería un motivo de alegría poder entrecruzarse en la trama urbana con los individuos que protagonizaron aquella naciente historia de Gran Canaria, etapa a la que él había dedicado, junto al estudio del lenguaje y la cultura aborígenes, toda su trayectoria investigadora. Nos referimos, como ya habrán adivinado, al profesor Wölfel. No obstante, los viandantes descubrirán que en el rótulo que figura en la vía se prefirió emplear el españolizado «Woelfel», solución adoptada probablemente siguiendo la directriz establecida en la década de 1940 según la cual se evitaba colocar carteles y anuncios, así como cualquier tipo de rotulaciones, escritos en idiomas foráneos.

No debe sorprender que este investigador austriaco forme parte del callejero de Las Palmas de Gran Canaria. El antropólogo vienés Dominik Josef Wölfel (Viena, 25 de mayo de 1888-27 de abril de 1963) mantuvo desde su juventud una estrecha relación con Canarias, interesándose desde la década de 1920 por la historia y la etnología insulares, así como por la lengua hablada por los aborígenes. Sus investigaciones parten de una previa y concienzuda recopilación de las fuentes documentales. Afirmaba que cualquier investigación científica debía arrancar de la reunión, y posterior estudio, de todos los documentos, manuscritos y libros relacionados con el tema objeto de análisis. Partiendo de esta premisa, sus visitas a los archivos más importantes de España (Madrid, Sevilla y Simancas), Italia (el Vaticano y Roma) y Portugal (Coimbra) fueron habituales, hecho que le permitió dar forma a su Archivum Canarium, integrado por un gran volumen de copias de manuscritos relacionados con las islas. Hoy, este corpus documental se conserva en El Museo Canario a raíz de la donación efectuada en 2018 por el Institutum Canarium, institución vienesa fundada en 1970 por los discípulos de Wölfel con el objetivo de emprender estudios interdisciplinares de la cultura canaria y del ámbito mediterráneo.

El científico viajó a Canarias en dos ocasiones: entre diciembre de 1932 y febrero de 1933, y entre febrero y junio de 1953. Tenerife y Gran Canaria fueron las islas que lo acogieron en su primera visita. En Tenerife estableció un estrecho vínculo con el Instituto de Estudios Canarios, centro que lo nombraría socio honorífico. Tras dictar varias conferencias en la isla del Teide, se trasladó a Gran Canaria con el fin de entrar en contacto con los miembros de El Museo Canario –institución de la que había sido nombrado socio corresponsal en Austria en 1932– y, sobre todo, con el propósito de consultar su interesante archivo. La llegada de Wölfel, por aquel entonces director de la sección canaria del Museo Etnológico de Viena, al museo grancanario se materializó en diciembre de 1932. En las instalaciones del centro museístico consultó su archivo y se le suministraron numerosas copias de documentos históricos que serían estudiados a su regreso a Austria.

A lo largo de la década de 1940, a pesar del paréntesis que supuso el desencadenamiento de la guerra mundial, la relación entre El Museo Canario y el profesor vienés fue constante, produciéndose un enriquecedor intercambio de conocimiento. En 1941, la calidad de la publicación de su edición crítica de la Descripción de las islas Canarias, de Leonardo Torriani –la primera que se producía hasta el momento–, llevó a la institución grancanaria a nombrarlo socio de honor. Al mismo tiempo desde el museo se continuaba enviando al profesor copias de los manuscritos conservados en el archivo con destino a ilustrar su magna investigación sobre la lengua de los antiguos canarios, obra que vería la luz bajo el título de Monumentae linguae Canariae en 1965, dos años después del fallecimiento de su autor.

El regreso del profesor a Canarias se produjo en 1953. Durante esta visita, en la que muy bien pudo recorrer la vía que había sido rotulada con su nombre algunos años antes, la actividad de Wölfel fue incesante. De este modo, además de visitar los yacimientos arqueológicos teldenses en compañía de Sebastián Jiménez Sánchez y de continuar realizando sus pesquisas en el archivo de El Museo Canario, colaboró en la extracción de las muestras que serían datadas con carbono 14 por iniciativa de la misma institución. Asimismo, participó en un ciclo monográfico de conferencias en el que disertó, entre otros temas, sobre Los indígenas canarios y el redescubrimiento de la Euráfrica antigua, y abordó la biografía de El gran conquistador de Gran Canaria: don Juan de Frías. Tres cursos monográficos, celebrados también en El Museo Canario y protagonizados preferentemente por el estudio de la lengua indígena canaria, cerrarían su activo paso por Gran Canaria en 1953.

Este sería su último viaje a las islas. Desde su partida en junio de 1953, la precaria salud del profesor hizo disminuir su quehacer científico. En 1963, la revista publicada por El Museo Canario se abrió con una sentida nota necrológica en la que se recordaba, además de su carácter «afable, cordial y sonriente... la hondura, la firmeza y la vastedad de su ciencia». Este riguroso gusto por la ciencia, la historia y la lingüística había sido ya reconocido a finales de la década de 1940 e hizo al intelectual vienés merecedor de un recuerdo en forma de calle en nuestra ciudad.