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Honores y Distinciones de Las Palmas de Gran Canaria
Manuel Lobo Hijo Predilecto de Las Palmas de Gran Canaria

Manuel Lobo: «Hemos sido unos devoradores de patrimonio histórico»

El historiador Manuel Lobo ante la Facultad de Historia de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. | | ANDRÉS CRUZ

Manuel Lobo (Las Palmas de Gran Canaria, 1950) será nombrado Hijo Predilecto de la capital el próximo 23 de junio con motivo de las Fiestas Fundacionales. En esta entrevista el historiador y ex rector de la ULPGC habla sobre su infancia en el barrio de San Antonio, sobre los comienzos de la ciudad tras la Conquista, su carácter atlántico y mestizaje, sin olvidar la destrucción de su patrimonio a lo largo de la Historia.

¿Cómo ha recibido el reconocimiento de Hijo Predilecto de Las Palmas de Gran Canaria?

Como todo reconocimiento siempre es un honor. Que el lugar donde uno ha vivido lo tenga presente. A pesar de que uno está acostumbrado, porque soy Hijo Predilecto de Gran Canaria y Adoptivo de Arucas, Agaete y Tejeda. Al final también que lo hagan en su ciudad es un honor.

¿Qué le llevó por el camino de investigar la Historia?

Todo tiene un origen. De pequeño me atrajeron las cosas que se contaban del pasado. En los estudios preuniversitarios ya me decanté por ese camino. Hay profesores que influyen decididamente en los alumnos, tuve dos profesoras en el bachillerato, María Teresa Martínez y Emilia Biu, que me cautivaron con su manera de enseñar. Eso fue lo que me decantó, hice Filosofía y Letras en la sección de Historia. También influyó el gusanillo por conocer de dónde veníamos. Me atrajeron los grupos humanos que conformaron la sociedad, las relaciones que mantenía Canarias con el exterior, tanto con Europa, como con América y África. El origen de nuestras primeras construcciones. En los estudios donde me he movido, de los siglos XV, XVI y XVII y he tocado casi todos los palos.

¿En qué parte de la ciudad nació y se crió?

Nací en el barrio de San Antonio, en la calle Nelly, número 3. En aquella época se nacía en las casas. Un barrio popular de los riscos, donde todos nos conocíamos, donde había una cierta solidaridad, con una mezcla entre lo urbano y lo rural; en las casas había palomas, conejos, gallinas. Lo que recuerdo de pequeño es que en el barrio no había alcantarillado y las calles eran de tierra. Pero cada familia limpiaba delante de su fachada. Ponderaba el respeto y la solidaridad hacia los vecinos, algo que ya no existe.

Nació y creció con el Castillo de Mata justo enfrente, un testigo vivo de esos primeros siglos de la ciudad.

Crecí con el cañón de las 12 que marcaba la hora para estar en casa para ir a comer.

¿Qué papel han jugado esas fortalezas en la Historia?

Funcionó primero como una salvaguarda para los vecinos. Pero realmente la defensa fue vital, por ejemplo, en el ataque de [Francis] Drake en 1595, aunque solo en el Castillo de La Isleta porque había que evitar que desembarcaran. Pero este no sirvió de mucho en el ataque de los holandeses en 1599. Esa es la razón por la que luego se hace el castillo de San Francisco o del Rey. Dominaba prácticamente toda la ciudad y era de difícil acceso. Se tenía que hacer por arriba, por el paso angosto por la zona de la Cruz de Piedra. Por eso se eligió esa zona para ubicarlo. La ciudad tenía, además, dos murallas. Y luego toda su bahía estaba ocupada por los castillos de La Luz, el de Santa Catalina, el de Santa Ana, Santa Isabel, San Pedro. Fíjese todo lo que nos hemos cargado.

¿Tiene predilección o pasión por algún momento concreto de los cinco siglos de Historia de Las Palmas de Gran Canaria?

La conquista de Gran Canaria pero, sobre todo, la fundación de la ciudad porque fue muy particular. Las Palmas es la única ciudad en Canarias que nace de un campamento militar. Por eso se llama Real, porque es donde está el Rey. Las otras ciudades de las Islas son nobles y leales, pero no reales. Todo eso y cómo fue desenvolviéndose, creciendo y así hasta quedarse encorsetada a las dos murallas en el siglo XIX. Todo ese patrimonio tan rico que nuestra ciudad tuvo en su momento que era un elemento de atracción y comentario de nuestros viajeros; pero que hoy día no existe, nos lo hemos cargado, hemos sido unos devoradores de patrimonio histórico.

¿Hay algún edificio que hayamos «devorado» y que realmente considere un atropello?

El convento de las Bernardas. Ocupaba toda la manzana que va entre la calle San Bernardo y la calle Perdomo, y entre Viera y Clavijo y Pérez Galdós. Imagínese qué edificio sería ese, donde había gótico, renacimiento, barroco. Donde la iglesia tenía unos retablos magníficos. Pero todo eso se fue al carajo. Sin embargo, en La Laguna conservan el patrimonio. Aquí nos cargamos los conventos de San Francisco, de las Claras, las ermitas San Justo y Pastor, de San Sebastián, de Los Remedios.

¿Cómo ve la conservación ahora? ¿Hay algún edificio que corre especialmente peligro?

Me parece que corre peligro una casa que está en la calle Mendizábal, que está ahí como un testigo desde el siglo XVI. El patrimonio es un elemento identitario, es lo que construyeron nuestros antepasados y le dieron una forma de ser distintas. Hemos construido al modo isleño, mezclando elementos que venían del exterior.

La ciudad durante siglos fue una especie de ONU, pasaban barcos de todas las banderas

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Fruto de ese carácter marítimo de la ciudad.

La ciudad durante siglos fue una especie de ONU, donde pasaban por aquí barcos y mercaderes de todas las banderas. Eso nos permitió conectarnos con Europa, América, África. Es verdad que cuando perdimos en Gran Canaria la mayor riqueza, la caña de azúcar, el relevo lo tomó Tenerife a través del vino que se repartía por todo el mundo. Ese esplendor lo recupera en el siglo XIX con la creación del Puerto del Refugio.

El Puerto sigue siendo clave.

Las Islas han jugado un papel estratégico. Hemos sido la frontera sur de Europa en medio del Atlántico, de las conexiones entre continentes. El Puerto sigue siendo un punto neurálgico. El mar, aunque nos alejaba, ha sido un beneficio porque teníamos las puertas abiertas al mundo.

¿Qué queda de ese pasado?

La fortaleza de La Isleta, que ya no está al lado del mar, pero se hizo para guarecer a los navíos a su sombra. Nuestro Puerto, con una bahía magnífica natural. Eso sigue quedando en la esencia de la configuración de la ciudad.

No hay que olvidar la conexión con América.

Éramos un paso obligado de todas las flotas y expediciones. Eso permite que hayamos tenido tanta afinidad con el mundo americano. Esa ida y venida nos ha enriquecido. Eso trasciende en nuestra forma de hablar, en la literatura, en la economía hay una influencia de todo ese mundo. En el siglo XIX se implanta un modelo cubano con la vuelta de la caña de azúcar o el tabaco, son elementos que se traen de la otra orilla.

Sin el mar no se entiende la historia de la ciudad.

La historia de Canarias no se entiende sin el mar. Es una seña de identidad. El mar nos abre y nos encierra, nos ensimisma.

¿Hay similitudes con las ciudades de Azores y Madeira?

Esos Archipiélagos no estuvieron en la ruta de ida a América. Azores sí en la de vuelta, ahí jugó un papel Angra do Heroismo. En el caso de Madeira ha tenido una economía similar a la nuestra, no hay que olvidar que los primeros esquejes de la caña de azúcar los trajo Pedro de Vera de allí. Pero estas ciudades no tienen el mestizaje que hay en Canarias. Primero, un componente de la población indígena que subsiste, otro europeo y otro africano, porque aquí se traen esclavos que se mezclan.

También América.

Hay muchos elementos que traen los emigrantes en su vuelta. Recuerdos. Los vemos en muchos retablos, como las frutas tropicales que decoran las columnas salomónicas y los altares. En la iglesia de Santo Domingo hay algún retablo que tiene frutos que eran desconocidos aquí.

¿A dónde va la ciudad?

A donde los ciudadanos quieren que vaya. Me gustaría que tuviera una mayor protección de los elementos identitarios de la ciudad. Que mantengamos elementos que recuerden el modernismo de Santa Ana, Triana o Perojo. Ya que hemos perdido otros elementos que reflejan lo que significó la ciudad a finales del siglo XIX.

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