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Honores y Distinciones
Marisol Izquierdo López Hija Adoptiva de Las Palmas de Gran Canaria

Marisol Izquierdo: Hija Adoptiva de la ciudad: «Desde pequeña tuve claro que quería trabajar en el mar»

Marisol Izquierdo López. | | JOSË CARLOS GUERRA

Marisol Izquierdo López. | | JOSË CARLOS GUERRA

Doctora en Ciencias Pesqueras por la Universidad de Tokio, bióloga y catedrática en Ciencias Pesqueras, la brillante y extensa trayectoria científica de Marisol Izquierdo López (Madrid, 1960) necesitaría varias folios para describirla con justicia. La vicerrectora de Investigación y Transferencia de la ULPGC es un referente mundial en la investigación en acuicultura y se declara emocionada con el título de Hija Adoptiva.

De pequeña siempre quiso trabajar en el mar, ¿a qué se debe ese amor por el océano?

La verdad es que yo nací en Madrid, muy lejos del mar, sin embargo desde muy pequeña, quizá por mi abuela vasca, porque mi padre tenia mucho amor al mar y porque mi otra abuela es de Málaga. No lo sé. Mis padres eran buceadores y yo empecé a bucear con 14 años. Era una pasión que siempre tuve por el mar, siempre supe que quería trabajar en el mar.

Hizo Biología en la Complutense. ¿Cómo llegó a Canarias?

Esta pasión por el mar y por los animales me hizo estudiar Biología, pero después supe que se podía hacer la especialidad de Biología Marina en La Laguna. Estudié en la Universidad de La Laguna y ya me enamoré totalmente de las islas y de mi marido canario. Tengo hijos canarios y de ahí viene mi pasión por las islas, aunque no solo del mar y la belleza de las islas sino de la belleza de sus gentes, que es tremendamente acogedora, amable, alegre. Esta luz de Canarias, este sol me enamoró totalmente.

Usted es un referente mundial en la investigación relacionada con la acuicultura, ¿cómo empezó a trabajar en ese área?

Pues cuando terminé en La Laguna y me especialicé en Biología Marina, empecé a trabajar en la protección del mar y vimos como la pesca se iba reduciendo cada vez más y empezó a pensarse que el mar no era un saco sin fondo, no podíamos seguir sacando peces y peces. Y así fue como me interesé por la acuicultura. Empecé a hacer mi tesis doctoral para especializarme más y me dijeron que el país más avanzado en ese momento para trabajar en acuicultura es Japón. Así que, como mi marido también es biólogo marino, nos casamos ese año y nos fuimos los dos a Japón, con dos becas, una de Japón y otra del Gobierno canario.

¿Cómo fue su experiencia en Japón?

A nivel profesional fue fantástico porque Japón es un país volcado en el mar, en donde el mar y a la acuicultura, las granjas marinas son muy importantes. Me quedé sorprendida por el gran esfuerzo económico que el gobierno de Japón ponía en la protección y desarrollo de las actividades en el mar y por la gran coordinación entre instituciones y el sector empresarial, hasta el punto de que dos empresas pagaron mi tesis. A nivel personal, es un país culturalmente distinto, donde la mujer tenía en los 80 un rol muy distinto del hombre y en el momento en que la mujer se casara se acababa su vida profesional. Los japoneses me miraban como diciendo esta señora tan rara que está casada y trabaja y no se dedica a su marido, pero me integré muy bien en el equipo de trabajo y fue muy interesante.

Ha sido la primera persona española elegida miembro vitalicio de la Sociedad Mundial de Acuicultura y la segunda mujer que lo recibe, es un dato que refleja bastante, además de su valía, cómo están las cosas para las mujeres investigadoras.

El mar ha sido siempre un medio bastante más dominado por el hombre. En ese mundito ha habido que ir rompiendo moldes y barreras, algo que ha sido muy enriquecedor porque son dos puntos de vista muy diferentes pero muy complementarios los que pueda tener un hombre y una mujer en su forma de pensar y de superar las cosas. Animo muchísimo a las mujeres a que aprecien el trabajo que hacen y se den cuenta de que tienen un gran potencial y que todavía hay que luchar un poquito y no hay que olvidarse de tener una buena autoestima y querer ser mejor.

¿De qué manera contribuye con sus investigaciones a superar ese ninguneo que han sufrido muchas mujeres científicas?

Tenemos que ser muy profesionales. No nos regalan nada y por desdicha siempre tenemos que demostrar que somos tan buenas o mejores. Creo que uno siempre tiene que tratar de superarse a sí mismo. La verdad es que cuando era más joven me he encontrado en comités o grupos de trabajo donde sólo eran hombres y yo era la primera mujer y lo veía raro, pero supongo que en esa época fuera por la valía de las personas. Eso es lo que importa. Nuestras ganas de trabajar, nuestra valía. Pero sí es verdad que muchas veces las mujeres nos ponemos los techos y uno de ellos es la gran responsabilidad que tenemos a nivel familiar. Lo que necesitamos son compañeros, como el que yo tuve, que compartía todas las responsabilidades y labores domésticas. Luchamos los dos juntos por un mundo mejor y eso es lo importante, tanto si las mujeres estamos solas como en pareja. Tuve la gran suerte de tener apoyo de mi familia canaria y peninsular.

Es la primera mujer al frente de la política de investigación universitaria de la ULPGC, ¿qué retos se plantea?

Nos tenemos que basar en la igualdad de oportunidades. Con respecto a ser la primera mujer, ni siquiera lo había pensado. Me siento vicerrector-vicerrectora de Investigación y lo que quiero es tratar de ayudar a los profesores que en nuestra universidad se dedican a la investigación y a la universidad en general a tratar de avanzar en el conocimiento, introducir nuevas tecnologías que nos ayuden al progreso en la sociedad, a resolver los problemas que tiene la sociedad, a que aprendamos a transferir este conocimiento en resultados en la sociedad; colaborar siempre con instituciones y con empresas. Es lo que aprendí viviendo en Japón y es un poco lo que quisiera ayudar a transmitir a los investigadores en la universidad. También a concienciar a la sociedad de que la universidad y la investigación, como hemos podido ver durante la pandemia, es importante y nos podemos encontrar con problemas tanto de salud como de soberanía alimentaria y desarrollo tecnológico que necesitan esa innovación.

Me imagino que su labor como científica contribuye a animar a muchas mujeres a dedicarse a la investigación.

En las carreras científicas siempre ha habido bastante participación femenina. El problema es cuando tenemos que enfrentarnos a liderazgos o cargos de responsabilidad. A lo mejor tenemos que dar una llamada de atención y escoger a la mejor persona. Y luego está el tema de que nosotras mismas nos achicamos, nos acobardamos, nos ponemos esos techos.

¿Cómo recibió la distinción de Hija Adoptiva de la ciudad?

Con ninguno de los premios internacionales que he recibido me he echado a llorar, como cuando el alcalde me anunció este. Estoy desde los 22 años en Canarias, con hijos canarios, familia canaria, luchando mucho por esta universidad y por el desarrollo de la acuicultura en estas islas. Me ha hecho muchísima ilusión y siento una emoción grandísima. Me siento canaria realmente. Me cogió totalmente de sorpresa. Quizá es el reconocimiento que más he apreciado en toda mi carrera. Quiero dar las gracias al Ayuntamiento y a los canarios que siempre me han acogieron y nunca me hicieron sentir extraña.

¿Cómo definiría a esta ciudad?

Esta es una ciudad única en el mundo. Yo he recorrido muchas costas y muchas ciudades con playas y es un lujo tener una ciudad como esta donde la gente tiene zonas peatonales para correr, para pasear. Tiene tres playas, una es la maravillosa playa de Las Canteras, pero también otras playas que son como un pulmón de la ciudad, la vida de la ciudad. Y luego la historia, Vegueta, el Puerto, toda la actividad internacional. Una de mis primeras impresiones de Las Palmas fue qué ciudad más cosmopolita, y yo venía de Madrid, no venía de un pueblo. Pero qué ciudad tan cosmopolita, con gente tan diferente y tan acogedora , que es capaz integrar a personas tan diferentes, pero manteniendo ese carácter canario. Me parece una ciudad fantástica.

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