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CULTURA

Peligra un mural de García Álvarez en Las Canteras

Los dueños de la medianera donde está la obra, denominada La Barra, lanzan un SOS para que no se pierda el mosaico

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Los vecinos piden la restauración del mosaico 'La Barra' en Las Canteras

La Barra, un mosaico realizado en una medianera de Las Canteras en 2002 por el artista José Antonio García Álvarez peligra, si el Ayuntamiento o alguna otra institución no lo rehabilitan.

Mientras las medianeras de la avenida de Las Canteras se van llenando de enormes anuncios publicitarios, sobre todo en las zonas de la Cícer y La Puntilla, los paseantes asisten en un proceso casi paralelo a la progresiva desaparición de los murales que se pintaron en la década de los 90 del siglo pasado para embellecer el paisaje de la avenida y acabar con la desaliñada imagen de los altos paredones entre edificios. Son muy pocas las obras de aquella primera eclosión de arte urbano que han logrado sobrevivir.

Ahora le ha llegado el turno a un mural, que es posterior a las primeras pinturas que llevaron a cabo los pintores Manolo Padorno, José Antonio García Álvarez y Fernando Álamo. Se llama La Barra y fue realizado en 2002 por García Álvarez en la medianera de un edificio del paseo, en el número 67, entre las calles Olof Palme y Galileo. Su parte superior se ha agrietado y si el Ayuntamiento capitalino o alguna otra institución no lo impiden, el mosaico correrá el mismo destino de los otros murales que se han esfumado en los últimos quince años por el abandono o las nuevas edificaciones.

La obra de García Álvarez es un mosaico realizado con la técnica del trencadís, mediante azulejos rotos. Los que se paran a mirarlo cuando caminan por el paseo contemplan la barra de Las Canteras reflejada en la medianera, un efecto que se multiplica por la reverberación de la obra en las cristaleras del edificio de al lado.

Los dueños del edificio, que cedieron en su día la pared para que García Álvarez materializara su obra han lanzado un SOS para evitar la pérdida del mural, tras enmallarlo, porque la parte superior se ha abombado y existe el riesgo de que se desprendan algunos azulejos. El resto del mural se conserva perfectamente, ya que solo la parte de arriba se ha deteriorado, tras agrietarse la pared.

La obra de arte está situada en el que fue el primer establecimiento hotelero de la playa. Denominado en su su momento Residencia Mar Azul, abrió sus puertas en 1956 con cuarenta camas y fue reconvertida a finales de los setenta del siglo pasado en edificio de viviendas. Francis Lezcano, uno de los dueños del inmueble, señala que la comunidad, inmersa en estos momentos en la reforma el edificio, está empeñada en conservar el mural, pero los residentes no están en condiciones de asumir el coste de la rehabilitación. Se ha puesto en contacto con varias concejalías del Ayuntamiento, entre ellas la del distrito La Isleta-Puerto-Canteras que dirige Luis Zamorano, para ver si se hacen cargo de la reparación. La pasada semana cubrieron la obra con una malla y si nadie se responsabiliza de la rehabilitación, no les quedará más remedio que prescindir de este icono, que ya forma parte del paisaje canterano. Lezcano también ha intentado ponerse en contacto con el Patronato de Turismo, la institución que se hizo cargo en su momento de financiar la obra. «La mayoría de los propietarios son jubilados. Nuestro interés sería que alguna administración se comprometiera a rehabilitar y proteger la obra. De momento, lo vamos a vallar por si se cae algo», indica Lezcano.

La comunidad del edificio reclama al Ayuntamiento que se haga cargo de la rehabilitación

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José Antonio García Álvarez recuerda que el mural fue una idea de Sindo Saavedra y Teresa Iturriaga, quienes junto a los vecinos promovieron esta iniciativa para embellecer la medianera, que estaba muy deteriorada. «Lo pagó el Patronato de Turismo Les interesó porque era una actuación para adecentar Las Canteras. Se pidió permiso a los propietarios del edifico para hacer el mural y eso no quiere decir que la obra sea después del dueño de la fachada», explica.

Autor de otros murales en Las Canteras, que fueron encargados por el Ayuntamiento a mediados de los 90 en la época del entonces alcalde socialista Emilio Mayoral, García Álvarez los pintó junto a Fernando Álamo y después se sumó en solitario Manolo Padorno. «Aquellos eran unos murales que sabíamos que no iban a ser eternos. Sabíamos que era una cosa provisional para adecentar el paseo y que iban a desaparecer porque o se deterioraban o te fabricaban delante, como hicieron en la plaza de Saulo Torón donde taparon el primero que hice, el que decía Canteras», recuerda el pintor por teléfono desde Valencia. La idea de los murales coincidió con la repavimentación del paseo. «Fue un cambio de imagen total», sostiene.

Y, en efecto, los vecinos de la capital asistieron maravillados al nacimiento en las medianeras de toda una fauna atlántica, entre las que aparecieron las aguavivas o una ballena de García Álvarez, o el árbol de luz y la luna del mediodía de Padorno. Pero también delfines, como el que ha sobrevivido milagrosamente hace una semana.

Sin embargo, García Álvarez considera, que a diferencia de los otros murales, el mosaico La Barra fue una obra que se hizo con vocación de ser eterna.

El artista espera que las administraciones impidan que la obra se venga abajo y se pierda

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«Cuando tú haces una obra como esta quieres que se conserve como un icono, o lo que quieras llamarle, de esa zona. La gente se acostumbra a verlo y va creciendo con ello. Y es una pena que se venga abajo y le den una manita de pintura y se acabó. Alguien tiene que responsabilizarse. Yo ya estoy jubilado, pero una cosa es que abandone mi actividad artística y otra cosa es que no me preocupe lo que he hecho. Quiero que se conserve», sostiene el pintor. Según las informaciones que le han llegado, sólo está dañada la parte superior, que se ha agrietado, por lo que, a su juicio, el coste de la reparación no pasaría de 3.000 euros. «Se hace en tres o cuatro días», asegura. «Sólo hay que comprar una caja de azulejos de color. Es simplemente cortar un trozo de la parte alta, levantar lo que está dañado, impermeabilizar ese trozo y volverlo a pegar. No estamos hablando de dinerales».

Por su parte, Tino Armas, editor de la web miplayadelascanteras.com, plantea la necesidad de conservar el mosaico. «Es una pena, porque me temo que lo van a dejar morir. Estamos convirtiendo el paseo en un anuncio a lo bestia, porque las medianeras se están llenando de carteles publicitarios. El Ayuntamiento debería poner todo su interés en que esto no ocurra. Cada día aparece un anuncio nuevo y lo más grave es que encima de la biblioteca Josefina de la Torre haya un anuncio enorme de un coche», constata. Si el Ayuntamiento no actúa, los vecinos del edificio lo tienen muy fácil. Las marcas pagan entre 500 y 700 euros al mes por colocar carteles publicitarios.

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