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CULTURA

La Isleta propone crear una factoría cultural para salvar el edificio Racsa

Los vecinos rechazan que se derribe la vieja fábrica para crear un bulevar y varias torres y piden que se cambie el PGO

Edificio de la vieja fábrica de aceite Racsa en La Isleta. | | JUAN CASTRO

Edificio de la vieja fábrica de aceite Racsa en La Isleta. | | JUAN CASTRO

El Foro por la Isleta ha presentado al Ayuntamiento de la capital grancanaria una propuesta para transformar el edificio de la antigua fábrica de aceite Racsa en el epicentro de la industria cultural y creativa del barrio.

Los vecinos pretende evitar la demolición del inmueble -que cerró en 2011 al cesar la actividad industria de la empresa SOS Corporación Alimentaria- y convertir la vieja aceitera en un gran centro creativo que promueva el desarrollo económico y social del barrio. Los vecinos plantean algo parecido a lo que se hizo en su día con Matadero Madrid o Tabakalera de Bilbao, mediante la transformación de viejos espacios industriales en factorías culturales.

Los impulsores del proyecto demandan la modificación del Plan General de Ordenación (PGO) y las unidades de actuación previstas -reconvertidas en 2012 en actuaciones de dotación- que proyectan demoler el edificio para crear un gran bulevar con tres edificios de cuatro, siete y nueve plantas en la confluencia con la plaza Manuel Becerra.

«Racsa, como industria social y creativa», subraya el presidente del Foro por La Isleta Félix Alonso, «podría ser el punto de inicio para el desarrollo comunitario» del barrio. A su juicio, «sería una barbaridad» demoler un edificio, que ya está unido al paisaje de La Isleta.

«Tanto Racsa como la Fábrica del Hielo forman parte de ese patrimonio», sostiene el dirigente vecinal, que añade que se trata de impedir que vuelva a pasar lo que ocurrió con la parte de atrás de la Fábrica del Hielo, que se tiró abajo para construir en su lugar un torre de 18 plantas, una edificación a punto de arrancar.

El proyecto sociocultural, que ha sido elaborado con la colaboración del arquitecto y profesor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria Vicente Díaz, ya cuenta con el apoyo del consejero de Cultura del Gobierno canario, Juan Márquez, y del consejero de Presidencia del Cabildo de Gran Canaria, Teodoro Sosa, que lo han acogido con entusiasmo, según asegura Alonso.

Un entusiasmo que no ha encontrado, sin embargo, en el alcalde de la capital grancanaria, Augusto Hidalgo quien, según Alonso, se limitó a recordar a los miembros del foro que la planificación urbanística de la zona prevé la demolición del inmueble.

Alonso califica de «insólita» la posición del regidor y su empeño en defender un bulevar y unas actuaciones que traerían consigo la demolición del inmueble y un gran cambio en la zona. «El alcalde nos dijo que se acaba de comprar el edificio Fyffes, una iniciativa que nos parece bien, pero lo que nosotros estamos defendiendo es la reconversión del edificio Racsa», porque la existencia de ambos proyectos no son incompatibles.

El colectivo está pendiente ahora de reunirse con el presidente del Gobierno canario, Ángel Víctor Torres, para recabar su apoyo. El foro ha mantenido un encuentro con el dueño del edificio que está dispuesto a cederlo a la ciudad por 10 millones de euros.

Ballena varada

El proyecto Racsa cuenta con el apoyo de los colectivos Soppa de Azul, Mojo de Caña, La Fábrica de La Isleta, Asociación ATLAS, Asociación El App-Arte y Arquypiélago SCP.

El edificio Racsa formó parte del itinerario de la ruta Cronotopía que dirigió Vicente Díaz hace algo más de una semana dentro de los actos organizados con motivo de las fiestas del Carmen, una especie de viaje en el tiempo y en el espacio por diferentes puntos del barrio, algunos de los cuales se enfrentan en estos momentos o están a punto de hacerlo a una transformación radical, como la vieja fábrica de aceite, que fue creada en 1958 por la empresa Refinería Aceitera Canaria S.A. Esta empresa vendió a la empresa SOS Corporación Alimentaria, que en 2011 trasladó toda su actividad a la Península y dejó el edificio a los dueños. Desde entonces el inmueble está cerrado.

«Reivindicamos», resalta Vicente Díaz, «que esa fábrica sea nuestro Matadero, un espacio que se recupere para las industrias culturales. Ese edificio inmenso, esa ballena varada es una fantástica alternativa para la industria cultural y es una pena que no hayamos visto entre todos la oportunidad de convertir ese edificio en un centro vivo de cultura. No se trata de buscar culpables sino de trabajar todos juntos para aprovechar y esta oportunidad. Podría ser un punto y aparte para esa zona».

«Lo que estamos pidiendo», subraya, «es que volvamos a pensar el futuro del barrio y tratemos de mantener elementos como Racsa, ya que no tiene sentido derribarlo para hacer un bulevar. Lo que se pide al Ayuntamiento es volver a pensar» la ordenación urbanística de esa zona «y de una manera participativa».

La permanencia del edificio Racsa pasa necesariamente por la modificación de lo previsto en el PGO que, después de más de veinte años no se ha desarrollado. El primer intento que hubo fue tumbado por los tribunales en El Lazareto.

Aunque está abandonado desde hace diez años el inmueble «podría ponerse en activo mañana mismo, porque tienen oficinas que se pueden usar ya. Se podría poner en funcionamiento por etapas, poco a poco». El inmueble es inmenso, dispone de una enorme carpa exterior, en la que se podrían celebrar conciertos, conferencias y diferentes eventos sociales, culturales y universitarios.

Según la propuesta isletera, en la vieja aceitera se podrían desarrollar actividades relacionadas con las artes escénicas y visuales, artes y oficios, diseño, nuevas tecnologías y además se podría instalar espacios para museo, biblioteca y exposiciones.

Los impulsores del proyecto quieren que el centro se autogestione a través de un sistema mixto, público y privado.

Lo fundamental, resalta Alonso, es evitar la desaparición del edificio y convertir a Racsa en un referente para la industria creativa y cultural de las islas.

Ambos objetivos pasan por la modificación del plan y la desaparición de la ordenación urbanística prevista que, a su juicio, «es obsoleta porque en ella se traza una amplia carretera, con un bulevar en medio, que dividiría al barrio en dos partes y desgajaría a una de ellas. Además se otorga preferencia a los vehículos y no a las personas».

Alonso considera un «disparate aumentar la densidad de población en un istmo que tiene problemas de movilidad y del que no se puede salir». Díaz añade al respecto que esa solución urbanística «es un poco triste, propia de los años 80 y nada apropiada para este siglo. Se vienen arrastrando las mismas ideas de un bulevar como el de Siete Palmas, un modelo que no se debería aplicar en la ciudad consolidada».

La Isleta lleva muchísimos años reivindicando un espacio sociocultural para el barrio. Primero reclamó fue el viejo edificio de la OTP, que finalmente fue ocupado por la comisaría de la Policía Nacional. Luego, cuando parecía que el Canarias 50 estaba a punto de ser cedido por el Ministerio de Defensa, el recinto militar comenzó a utilizarse como campamento para los migrantes.

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