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ANIVERSARIO

Tony Gallardo, memoria de un Atlante

Este 28 de julio se cumplen 25 años de la muerte del escultor, conocedor de la historia del arte y de la historia de nuestra tierra

Tony Gallardo

Tony Gallardo

Recordamos al escultor a través de una de sus obras más insignes. La escultura El Atlante es un enorme puzle pétreo de cientos de piezas lávicas engarzadas en forma antropomórfica, erigido por el escultor en los acantilados del Rincón a la salida de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Un monumento imponente de nueve metros de altura cargado de simbolismo y realizado con técnicas de vanguardia. Una escultura que mira hacia al Atlántico como si de un mensaje en piedra se tratara, punto de inflexión entre titanes (Gea y Océano) que nos habla de la condición de islas atlánticas emergidas del fondo del mar y que nos remite a nuestra identidad de pueblo cosmopolita y errante con genes Amazig, quizá Númidos, que arribó, aún no sabemos de qué manera, a las islas hace miles de años y que desde entonces, porque en el Atlante, como en el escultor pervive esa pulsión, subconsciente o conscientemente, entre el clásico Ars griego y las expresiones primigenias de lo simbólico Amazig.

Tony Gallardo, como conocedor de la historia del arte y de la historia de nuestra tierra, no huye del debate, más bien lo encarna y lo transforma intuitivamente en lenguaje plástico para expresarlo de forma contemporánea en esta y otras obras a través de la experimentación con materiales y formas hasta encontrarse finalmente con la piedra volcánica de La Isleta.

Dos mundos, naturaleza y paisaje, que en un principio pensábamos distantes a tenor de las teorías sobre el origen de los canarios y hoy se tocan en un punto de la historia como corresponde a aquellos que se quedan a-islados para reencontrarse tiempo después. Un dialogo hoy reconocido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en su categoría de paisaje cultural (qué gran hito para la cultura canaria) que marca una línea de continuidad entre las manifestaciones cotidianas del pueblo originario y las de hoy, y que hubo de ser reivindicada frente al negacionismo imperante de los estamentos culturales de entonces como seña de identidad en manifiestos necesarios como el de El Hierro en los años 70.

Así que Tony Gallardo, como otros grandes artistas de su generación, bebe de las aguas de los manantiales y barrancos de nuestra tierra, de las paredes pintadas de las cuevas, los grabados en los acantilados, de las mortajas y sellos prehispánicos y se proyecta hacia la modernidad en un lenguaje expresivo de vanguardia aunando historia viva a su experiencia artística.

Un cuarto de siglo contempla sus expresiones en piedra, hierro y otros materiales. Para mí y mi familia, un cuarto de siglo de ausencia infinita sin el hombre, el intelectual, el apasionado de la libertad, el abanderado de la lucha antifranquista, el compañero y el padre.

Su obra sin embargo nos acompaña, jalona buena parte de la geografía de sus islas amadas y alguno de los mundos donde vivió (Venezuela y Madrid) y puede ser contemplada, al menos en su condición de obra pública, por generaciones nuevas activas, críticas enfrentadas a retos globales.

Nos gustaría mostrar una vez más nuestro agradecimiento profundo a los que nos han ayudado hasta hoy para preservar el legado del escultor y nos encomendamos a la tarea de hacer visitable, diría que vivible, la colección de obra seleccionada por el propio artista para ser expuesta en su tierra.

Hacemos un llamamiento para encontrar un espacio donde hacerlo posible. Porque su vocación es estar en un lugar donde reconocer su proceso constructivo, un espacio sobre todo para reflexionar sobre el papel de la cultura como motor de cambio y la necesaria transformación de nuestras vidas.

En el 25 aniversario de su desaparición asumimos, un año más, el compromiso de divulgar la obra y el pensamiento del artista.

*Hijo del escultor

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