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MEDIO AMBIENTE

La falta de mantenimiento y de civismo deteriora el pulmón verde de La Ballena

Los usuarios piden más atención en las zonas más cercanas a las entradas del parque, más vigilancia contra el vandalismo y educación a los dueños de perros

Deterioro del parque de La Ballena

Hay días que el parque de La Ballena se llena de cientos y cientos de pájaros canarios. Llegan en bandadas y con la misma se van. Otro día son los herrerillos los que sobrevuelan el barranco. Se hacen un hueco entre la fauna que reside habitualmente, una infinidad de pájaros, lagartos gigantes, erizos y palomas que conviven, a veces en armonía y otras a duras penas, con los cientos de deportistas, paseantes y perros que acuden a diario a este pulmón verde de la capital.

Las zonas verdes y la sombra de los árboles aumenta cada día, tras las actuaciones realizadas en los últimos años, y se agradecen, no en vano la afluencia de gente se ha disparado tras el confinamiento, pero los usuarios echan en falta un mayor cariño tanto por parte del Ayuntamiento como por parte de algunas personas que dejan los restos de botellón, incluidos cristales rotos en cualquier lado, y los dueños de perros, que han convertido en un cagadero amplias zonas del parque. Uno está a la entrada del pipican y el otro, justo al pie de la ladera que linda con Barrio Atlántico, cerca de la bajada situada a la altura de Lomo del Chinche. Algunos perros muerden e inutilizan también muchos tubos de riego, lo que impide que el agua llegue a muchas zonas de jardines.

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Zonas en mal estado en el parque del barranco de La Ballena Andrés Cruz

El deterioro está afectando incluso al corazón del parque, la zona donde antes estaban los campos de fútbol y ahora es un vergel repleto de árboles, plantas y césped. En la última fase, la que se terminó en 2019, las lluvias y la naturaleza inestable del terreno -antiguo vertedero- o la mala ejecución de la obra han empezado a hacer de las suyas levantando bordillos, losetas de los bancos, arquetas y pavimentos. También se están abombando y desplazando las maderas de las gradas, unos desperfectos que si no se arreglan terminarán por arruinar toda la zona.

La falta de mantenimiento y de civismo deteriora el pulmón verde de La Ballena

Los extremos del parque que lindan con Escaleritas y Barrio Atlántico, zonas en las que no se ha actuado desde hace muchísimos años, continúan siendo la viva imagen del abandono, con las laderas secas sin apenas vegetación.

En las laderas que dan a la parte de Escaleritas, la gran mayoría de las plantas se han muerto y las que sobreviven lo hacen a duras penas. La practica totalidad de las losetas de los muros están levantadas y caídas por los suelos y las rampas y escaleras parecen haber sufrido un terremoto, llenas de grietas y hundimientos.

Nati Sánchez, vecina de Escaleritas, se fue a Sevilla hace dos años cuando las obras de la cuarta fase tenían el parque patas arriba. Volvió hace una semana y está encantada. «Yo me tragué todas las obras y ahora lo veo mucho mejor, pero debe haber más mantenimiento y tienen que ponerle mucho más verde», señala Sánchez, quien se queja de la «suciedad de la ciudad» y de que los perros «campen a sus anchas por todo el parque», dejando sus excrementos incluso en el césped, donde luego juegan los niños y se sienta la gente.

La última fase del parque, inaugurada hace dos años, ha comenzado a resquebrajarse y las losetas, arquetas y pavimentos se están levantando

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La falta de civismo de los dueños de mascotas la reconoce hasta Daniel Arocha, otro vecino de Escaleritas, que lleva a su perro a pasear, pero recoge sus excrementos. Arocha cree que debería haber un pipican en la zona central, más frecuentada, y le duele la falta de mantenimiento que sufre el parque, sobre todo desde el puente de La Feria hacia arriba.

«Yo soy un enamorado de este parque y lo cuido. Aquí hicieron un gran trabajo de cimentación, pero ahora hay que mantenerlo. La gente no sabe lo que tiene aquí. Esto es un pulmón y con poco se puede mantener. Una de las grandes carencias es la vigilancia y la seguridad», sostiene.

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