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Los otros cascos históricos

San Lorenzo, el pueblo de las candelas

San Lorenzo guarda en sus calles vestigios que se remontan al siglo XVII, cuando nació como municipio

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San Lorenzo: El pueblo de las candelas Juan Carlos Castro / Andrés Cruz

El número 18 de la calle Licenciado Pedro Mederos guarda un pequeño tesoro que, probablemente, para muchos pase desapercibido. La fachada luce una ventana con arco conopial, un elemento arquitectónico propio del gótico tardío, muy empleado en las Islas en los siglos XVI y XVII. Este tipo de ventana es relativamente fácil de ver en viviendas de Vegueta y también existe en Triana; pero el citado inmueble no se encuentra en ninguno de estos dos barrios. Está en San Lorenzo.

Cada año las candelas iluminan el cielo de San Lorenzo. Miles de personas acuden a las calles y callejones de esta localidad para disfrutar de los fuegos artificiales y la fiesta. Calles que guardan en cada uno de sus rincones la historia de un pueblo que hasta 1939 ostentó la capitalidad del extinto municipio homónimo. Viviendas señoriales, casas rurales y una iglesia cuyas primeras piedras se remontan al siglo XVII son algunos de los lugares que acoge este enclave agrícola y que pasan desapercibidos para la mayoría.

La amplia vega que se extiende por el lecho del barranco de San Lorenzo ha servido de explotación agrícola prácticamente desde la Conquista. En tiempos de los antiguos canarios, este cauce formaba parte de Atamaraseid o Atamarazait, un extenso y fértil valle de palmeras cuyo nombre fue castellanizado como Tamaraceite. Habría que esperar a la década 1640 para poner punto de partida al Lugarejo de San Lorenzo de Tamaraceite, según explica el historiador local Juan Francisco Santana. Comenzaron así tres siglos de historia que culminaron de manera violenta durante la Guerra Civil -el último alcalde electo, Juan Santana Vega, fue fusilado en marzo de 1937 junto a otros cuatro vecinos del municipio- y la posterior anexión al término de Las Palmas de Gran Canaria, aprobada en el Consejo de Ministros del 9 de noviembre de 1939.

La parroquia del Lugarejo de Tamaraceite se constituyó en 1681 gracias al empeño de su primer alcalde conocido, el capitán Lázaro de Ortega; aunque los vecinos construyeron 40 años antes una ermita dedicada al patrón de los cocineros: San Lorenzo. «El disponer de auxilio espiritual atrajo a nuevos vecinos, lo que contribuyó al poblamiento de esta zona y como consecuencia el edificio sufriría numerosos cambios», indica el historiador. Aquel templo es el germen de la actual iglesia que preside la plaza de la localidad, punto de partida de este particular recorrido por las calles de San Lorenzo.

La iglesia dedicada a San Lorenzo es el edificio más importante del núcleo original de este pueblo. Con una fachada neoclásica, propia de una reforma del siglo XIX, su historia se remonta tiempo atrás. Según Santana, las primeras ampliaciones de la primitiva ermita llegaron en torno a 1700, momento en el que culminaron las obras del presbiterio y la capilla del Rosario. Esta última por empeño del cura Juan González Travieso, quien al parecer era muy devoto de dicha imagen.

Tras esta primera ampliación, en años sucesivos añadieron al edificio la nave del Evangelio en uno de sus laterales con apenas 4,6 metros de ancho. Ya en 1746 el templo tenía las tres naves con las que cuenta en la actualidad. Para comunicarlas entre sí fue necesario abrir dos arcos en el cuerpo principal de la iglesia, según el historiador. Unas obras que fueron costeadas principalmente con las donaciones de los vecinos, detalla, y en especial por parte de Gregorio Suárez, «vecino de Tamaraceite y personaje que poseía una gran fortuna», apunta.

A mitad del siglo XIX, bajo la alcaldía de Manuel Acosta, llegó la última modificación de la iglesia de San Lorenzo. En esta ocasión mejoraron la fachada y ampliaron el campanario con cantería azul del pueblo, indica el experto. El templo quedaría así adaptado a los cánones neoclásicos de la época. El inmueble, el cual goza de protección del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, destaca por sus arcos formeros y fajones -elementos arquitectónicos que definen su estructura-.

Centenarios laureles de indias

Una plaza en L bordea la iglesia. Poblada por árboles de gran porte y sombra, centenarios laureles de indias para ser más exactos, este espacio contaba con una fuente en el centro -en la parte que queda al costado de la iglesia- desaparecida hace ya varias décadas. En cambio, este agradable rincón guarda otro de los edificios más importantes de la localidad, «el pueblo se desarrolló alrededor del templo, por lo que este entorno aglutina las casas más antiguas», indica Santana.

El número 4 de la plaza destaca por un balcón que cada año es engalanado con motivo de las fiestas patronales. «Fue uno de los inmuebles que acogió la sede las Casas Consistoriales de San Lorenzo a lo largo de la historia», relata Santana. Y además de ayuntamiento, llegó a ser colegio femenino, cuentan. El edificio de dos plantas, que data del siglo XIX, luce sus puertas y ventanas de madera. Esta no fue la última sede municipal de San Lorenzo, posteriormente fue trasladada a Tamaraceite, un pago que creció más rápido al estar mejor comunicado.

Continúa la visita, eso sí, sin ir muy lejos. El número 11 de la calle Trece de Septiembre, a un lateral de la iglesia, es una casa terrera datada en torno a 1850 cuyo frontis destaca por sus bellos adornos realizados también en cantería azul, destaca Santana. Estas piezas labradas con motivos florales y los arcos de medio punto de las puertas son motivos suficientes para que la fachada esté protegida.

Toca bajar Trece de Septiembre para bordear la iglesia por su flanco norte. Justo enfrente el visitante encontrará una gran reja que guarda un portón coronado por una cruz. «La entrada está modernizada, pero esa finca data del siglo XVIII», indica Santana. En este inmueble llegó a vivir en ella Jerónimo de Róo y Fonte, afirma el historiador. «Fue deán de la catedral y era una persona caritativa, creó una escuela para los niños pobres», precisa. De hecho, según un estudio de Sebastián Padrón Acosta, llegó a crear un Montepío en Las Palmas, además de jugar un papel «destacado» dentro de la Diócesis de Canarias.

Junto a la citada cancela hay una casa terrera con una fachada de estilo modernista de las primeras décadas del siglo XX, ya en los inicios de la calle Antonio Martel Rodríguez. Pero al visitante le tocará regresar a la esquina anterior. Desde aquí parte la calle Marqués del Muni, «antigua calle de las carretas», indica Santana. A modo de calle Mayor, esta vía penetraba en el pueblo procedente del camino real que unía la localidad con Tamaraceite y Las Palmas, entre otros lugares. A ambos lados de la misma se levantan algunas de las construcciones más singulares de San Lorenzo.

Marqués del Muni

El de Marqués del Muni es el título nobiliario que ostentó la familia León y Castillo en el siglo XIX, por lo que esto denota la importancia que ha tenido esta calle para el pueblo -las vías principales de numerosos municipios de la Isla llevan este apellido-. El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria protege varias de las casas terreras que hay a sus dos costados, por el valor histórico que supone ser el «núcleo urbano original» de San Lorenzo.

Yendo desde la iglesia, destaca el número 18 de Marqués del Muni. Restaurada en los últimos años por parte del Cabildo, esta casa terrera de una planta y fachada sencilla, a piedra vista tras el remozado además de interesantes detalles de cantería en zócalos y cornisa, fue Casa Parroquial y, según Santana, «es otra de las viviendas que acogió los plenos municipales en el siglo XIX».

En esta misma calle se encuentra «la joya de la corona», la vivienda que está situada en la esquina de Marqués del Muni con Licenciado Pedro Mederos. Conocida como Casa Mederos, esta construcción tiene sus orígenes en el siglo XVII y destaca por la ya citada ventana coronada por un arco conopial; este elemento propio del gótico tardío fue común en las Islas -entre familias pudientes- hasta bien entrado el 1600 a pesar de estar ya en desuso en Europa, según los expertos en arte.

Restaurada en los últimos años tras décadas de abandono y desidia -el techo estuvo a poco de derrumbarse-, la Casa Mederos luce hoy un aspecto inmejorable. Además de la ventana gótica, destaca su tejado a dos aguas y las dos ventanas alineadas del segundo y tercer piso en la esquina -una de estas de guillotina- con repisas labradas. Pero, más allá de los aspectos arquitectónicos de este edificio, Juan Francisco Santana realza el papel de este inmueble en la historia de San Lorenzo. «Allí vivió Pedro Mederos Manzano a finales del siglo XIX», explica, «este fue un profesor destacado del pueblo que ayudó a combatir el analfabetismo, además tenía unos métodos de enseñanza adelantados a su tiempo».

Toca continuar el recorrido y enfilar calle abajo. Justo antes de salir del núcleo urbano habrá que detener la mirada ante el número 3 de Marqués del Muni. Se trata de una vivienda de dos plantas de finales del siglo XIX que destaca por su ornamentación exterior, aunque se encuentra muy deteriorada en la actualidad. «Es conocida como la casa del Balcón», apunta Santana, al tener esta un gran balcón de hierro forjado de lado a lado del edificio. «Perteneció a una familia pudiente del pueblo y tener una casa así por aquel entonces era algo inusual», aclara. De hecho, la mayoría de las construcciones antiguas que hay alrededor son terreras de una planta. Se trata de una de las viviendas que destaca el Catálogo de Patrimonio del Ayuntamiento capitalino dentro del núcleo de San Lorenzo.

Otros puntos de interés

  • Etnográfico

Charcas de San Lorenzo

A lo largo de todo el valle que se extiende desde San Lorenzo hasta Tamaraceite existe un conjunto formado por maretas a base de barro y mampostería conocido como las charcas de San Lorenzo, con orígenes en el siglo XVII. La mayoría están en desuso y deterioradas, pero aquellas que tienen agua son el hogar de decenas de aves acuáticas, algunas de ellas migratorias. En la zona también hay rastros de acequias, pozos y otros elementos de patrimonio etnográfico.

  • Religioso

El cementerio

El cementerio de San Lorenzo fue construido entre 1834 y 1835. Este pequeño campo santo, de carácter parroquial y no municipal, fue el lugar de sepultura de los vecinos del extinto municipio de San Lorenzo de Tamaraceite mandado a construir en la fecha señalada ya que el «olor nauseabundo» de los muertos sepultados en la iglesia era insoportable. Cuenta con un curioso entramado de madera en su entrada y destaca por tener un lápida de 1863 extramuros, fuera de lugar sagrado.

Ya en la salida del pueblo se encuentra uno de los tesoros de San Lorenzo: el descansadero de los muertos. Este lugar se encuentra oculto en el interior de un pasaje, medio cerrado por una casa terrera con tejado a dos aguas. Los vecinos mayores del lugar todavía conocen este enclave como la casa mortuoria o el tanatorio. «Es un espacio que se utilizaba para descansar cuando se traían los muertos desde otros lugares del municipio -Tenoya, Tamaraceite, entre otros- para velarlos en la parroquia», explica Santana, «está protegido por la Fedac como bien etnográfico».

El visitante deberá volver sobre sus pasos y regresar al cruce con Licenciado Pedro Mederos y tomar esta calle de subida. En la misma verá otros ejemplos de casas terreras ya restauradas de los siglos XVIII y XIX. Así hasta llegar a la carretera general. A la derecha, justo antes de la subida a La Milagrosa hay varias terreras con motivos modernistas, pero lo más destacado es el conjunto de casitas agrícolas con tejado a dos aguas que conforman el pasaje Juan Martel. Tras este alto en el recorrido, la ruta toca su fin, habrá que bajar por la calle Trece de Septiembre, junto a la farmacia del pueblo, y así hasta llegar a la plaza, punto de partida.

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