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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Playa de La Laja

La Laja, un edén falto de servicios

Los bañistas destacan las ventajas de una playa que carece de infraestructuras imprescindibles

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Playa de La Laja Juan Castro

Los usuarios de La Laja consideran que ésta sería la playa perfecta si tuviera un punto de agua, un baño, una rampa para gente de movilidad reducida y una farola para iluminar por la noche.  

Dos zonas, equivalentes a dos tipos de bañistas diferentes, divide la playa de La Laja, a la entrada de Las Palmas de Gran Canaria si se llega desde la carretera del sur. La primera es la zona de playa, propiamente dicha, que destaca por ser la favorita de un tipo de bañista más familiar y por ser también asidua de surferos por sus constantes olas durante todo el año. En esta parte hay fuertes corrientes de mar, y puede llegar a ser peligrosa en determinados lugares para los bañistas, pero hay muy buena vigilancia de la Cruz Roja, que trabajan con el equipo de lancha acuática en la misma orilla. Precisamente, ese fuerte oleaje la convirtió en el pasado en zona peligrosa que se amortiguó en los años 90 debido a la construcción de un dique en la zona sur.

La segunda zona es la de las piscinas a la que acuden diferentes usuarios a razón del momento del día en el que la observemos. Si es a primera hora de la mañana, se verá a gente de la tercera edad haciendo sus ejercicios aeróbicos o caminando por sus alrededores. Luego, a eso del mediodía, es el lugar preferido de la gente más joven. Y, mientras avanza la tarde ya se ve un tipo de usuario más familiar. Sin embargo, hay un aspecto que las hace común a ambas zonas. Y es que, en ambos casos, los usuarios se quejan de una falta de infraestructura. Concretamente, muchos bañistas reclaman un punto de agua en el que, al menos, poder quitarse la arena y el salitre antes de marcharse para sus casas.

«Solo pedimos poder lavarnos los pies y no llevarnos la arena para casa», asegura Melina Rodríguez

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Empezando el recorrido por la zona de playa, que es la más larga, ya en la entrada se encuentran Oliver Curbelo y Priscila Rodríguez, una pareja con tres hijos que acudieron ayer por primera vez a este enclave. Ambos, esperaban en las escaleras con su perro mientras sus hijos se divertían en la orilla. «Nos ha sorprendido muy positivamente porque es una playa limpia y tranquila», señala el primero. «Quizás hay mucha corriente, pero ahora el mar está tranquilo», añadía a continuación ella.

Barrios

Ya, en la arena, Soledad Alemán había acudido con su hijo y la hija de una vecina. «Yo nací aquí y vengo de Pedro Hidalgo», aclara. «Pero está viniendo mucha gente de otros barrios de Las Palmas y ya no es lo mismo que antes», añade. Sin embargo, sigue desprendiendo su aroma «de playa familiar».

También vecino de la zona es Humberto Pérez que, señala, «la tengo a 300 metros de mi casa». Y «vengo porque es supercómoda para mis hijos». Este usuario también reconoce que «quizás es un poquito peligrosa mar adentro, pero yo me baño hasta las rodillas». En su opinión, una de las ventajas es que «se mantiene la distancia de seguridad en la playa, aunque no en la piscina», y aunque supuestamente no se pueda jugar a las raquetas o al balón, al final la gente juega». También recuerda que es una playa «más de la gente de los barrios». Muy cerca se encontraba la joven Lesli Santana acompañada de dos niños. «Siempre he vivido en Hoya de La Plata», señala, «y la tengo cerca». Desde su punto de vista, La Laja «es la mejor playa que hay en Las Palmas porque no viene mucha gente y tampoco hay comercios, ni hoteles». Y no le tiene miedo a las corrientes porque «para eso ya están los socorristas» y añade que «yo siempre vengo desde hace 30 años y nunca ha pasado nada».

A varios metros, un grupo de adolescentes se entretienen con los típicos juegos de playa. Una de ellas, Adriana Navarro, reconoce que «hemos venido aquí porque estaba de paso», ya que «todas las guaguas de Las Palmas paran en esta carretera» y no está masificada. Ella tampoco tiene miedo a las corrientes porque «con cuidado te puedes bañar y el agua en esta zona es bastante limpia».

«El paseo es muy bonito, pero por la noche sólo se ilumina la autopista», señala Natalia Díaz

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En la parte extrema, cerca del puesto de la Cruz Roja, se había colocado dos madres con sus respectivos hijos que, en ese momento, intentaban zafarse de la inoportuna visita de una enorme lagartija. Una de ellas es Melina Rodríguez que, desde el principio, quiso mostrar que «estamos enfadadas porque no nos ponen un lavadero para los pies». Y recuerda un incidente del 8 de agosto del año 2018 cuando los baños públicos puestos por el Ayuntamiento de Las Palmas fueron quemados y reducidos a cenizas. «No pedimos que nos pongan un baño porque es imposible, baño que nos ponen baño que queman los incívicos», señala. «Ya que, antes de la pandemia, pusieron unos muy buenos, pero los tarados mentales los quemaron». Sin embargo, protesta porque La Laja «es la única playa en Las Palmas que no tiene una farola de noche, un lavadero de pies y una duchita». Esta usuaria añade que «no pedimos más. Es una cosa indispensable. Yo llevo 20 años aquí y es lo que siempre ha hecho en falta, y ahora estoy curándome de una enfermedad neurológica y vengo a relajarme».

De una manera muy parecida se expresa su amiga Natalia Díaz. «Otro problema es el aparcamiento, que se arregló my bien, pero es pequeño porque somos mucha gente y yo creo que deberían de pavimentarlo». La usuaria señala que «nosotros vamos a las piscinas para mojarnos y no llevar la arena hacia los coches» porque falta ese punto de agua. También destaca que la zona en la que está la escultura de El Tritón es la más peligrosa. «La corriente es muy fuerte y la semana pasada los socorristas tuvieron que sacar a varias personas». Aquí incluso destaca la labor sanitaria. «A una compañera mía le dio un ictus en la playa la semana pasada y fue atendida automáticamente porque se coordinan muy bien con el 112».

Díaz afirma que La Laja «siempre está limpia» y recuerda la época en la que había casas terreras y antiguos edificios. «El bajo de las casas era redondo para contener el oleaje que rompía en ellas. Pero esta avenida se ha arreglado dos veces ya que se quitaron primero las casas antiguas y luego se puso un muro de contención». En su opinión instalar baños públicos es «imposible porque habría que hacer canalizaciones de aguas fecales», pero hay que buscar salida para el agua dulce por algún sitio.

Otra queja que añade es que «no hay luz para caminar por la noche porque sólo alumbra la autovía». Y añade que «las noches de verano son una maravilla para venir a pasear». Finalmente, Díaz se queja de que «es necesario más cuidado de las infraestructuras como la zona de los jardines», y pide la instalación de una rampa para gente de movilidad reducida, «pero tienen el problema de las mareas porque se las traga el agua, no hay manera para acceder».

Atravesando el paseo que separa la zona de playas a la de piscina, a eso de las 14.00 horas, uno ya puede ver como mucha gente joven empieza a acudir a esta zona. Ya, en la piscina más alejada, Abigail Maugo reconoce que acude con su familia a esta zona de la playa porque «los niños aquí, están más controlados porque hacen pie» y en la zona de la playa tienen el problema de «las corrientes». Esta usuaria también quiere denunciar que muy poca gente mantienen la distancia de seguridad. «La gente se te acerca y pone la toalla justo detrás tuya», sostiene. Y con el tema del covid «me parece todo muy arriesgado». El problema es que «si les dices algo discuten contigo, ¿pero qué más les da alejarse dos metros y medio ahora que no tenemos mascarilla?». Pedro Quintana recuerda otro suceso que fue muy comentado en su momento. «El año pasado tiraron aquí una moto robada y se contaminó el agua, por lo que tuvieron que cerrar la piscina. Luego acudieron los del servicio de servicio de playas y la sacaron, pero se había llenado todo de aceite y gasolina. Tuvieron que esperar a que subiera la marea y que se diluyera, por lo que esta zona de la playa estuvo cerrada dos días, pero aún así hubo gente que incumplía las normas».

«Se debería poner más vigilancia policial y arreglar la zona de aparcamientos», aclara Cecilia González

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Eugenio Roque añade, por su parte, que «la zona de la playa es un poco peligrosa por las corrientes y por eso aquí vienen más los padres por los niños, y las personas mayores con alguna dificultad». Su familia acude normalmente al sur entre semana «porque los sábados y domingos aquello está masificado». Cecilia González, por su parte, sostiene que esta parte de la playa «necesita más servicios y un punto de agua para limpiar de arena las piernas como en Las Canteras, porque si usted va a mirar esto es la entrada de la capital». Y reflexiona que «si esto lo tuviesen los chicharreros le hacen todo tipo de virguerías». Pero, en definitiva, es una playa que necesita más vigilancia policial. «El otro día vi en el aparcamiento a tres hombres como castillos, a plena luz, drogándose a eso de las 6 o 7 de la tarde».

En su caso, la bañista añade que «yo bajo el coche porque mi padre tiene problema de movilidad, pero deberían mejorar el túnel de acceso por si viene una ambulancia». Ya, en el extremo opuesto de la playa, varios surferos cogen olas desesperadamente. Uno de ellos es Yeray Sosa que, afirma, acude a esta playa debido a la intensidad de sus corrientes y al oleaje que recibe. «Para los profesionales del surf se ha consagrado como una de nuestras playas favoritas», añade. Y tiene la ventaja que es perfecta tanto para los que se quieren iniciarse en estas actividades como para los que quieren perfeccionar su técnica. «Muchas escuelas de Las Palmas se trasladan aquí porque hay más tranquilidad que en la Cícer, porque nunca se masifica», señala.

Una playa, la Laja, por tanto, que roza la perfección si no fuera por esas carencias citadas.

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