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Patrimonio | La decadencia de un hotel emblemático

La dueña del hotel Los Frailes dona el edificio a la Obra Social de Acogida

Josefa Toledo murió sin descendencia y dejó su fortuna a varias ONG | El hermano Barriga intenta que Cabildo y Ayuntamiento compren la finca de 15,7 hectáreas

Hotel Los Frailes

Hotel Los Frailes La Provincia

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Hotel Los Frailes Teresa García Santana

La última dueña del Hotel Los Frailes, María Josefa Toledo Suárez, ha dejado el inmueble y su finca en herencia a la Obra Social de Acogida y Desarrollo (Osdad), que ha pedido tanto al Cabildo de Gran Canaria como al Ayuntamiento capitalino que compren el inmueble, que se encuentra en un estado de total abandono. El que fuera uno de los primeros alojamientos turísticos que fundaron los ingleses en la capital grancanaria es hoy una pura ruina, tras sufrir durante los últimos años los efectos del abandono y los ataques de los gamberros.

Una de las estancias con el suelo lleno de escombros. | | ANDRÉS CRUZ

El hermano Jesús García Barriga, presidente de la Obra Social, desea que el antiguo hotel se convierta en un centro sociosanitario, para respetar la voluntad de su benefactora, pero reconoce que carece de medios para afrontar la rehabilitación de la casona. En cualquiera de los casos, su principal objetivo es que la propiedad quede en manos de la administración pública y está intentando que el Cabildo o el Ayuntamiento lo adquieran. «No queremos que vaya a manos privadas, para que no se pierda. Mi interés es que sea público y que beneficie a las personas más desfavorecidas», resalta. Con el dinero de la venta García Barrriga, que atiende en estos momentos a más de 200 personas sin hogar, pretende saldar la hipoteca de la finca de Los Hoyos, donde está el centro especial de empleo y de formación multiprofesional así como el taller ocupacional de agricultura, lo que le permitiría seguir adelante sin tantos apuros con su labor de apoyo e integración de las personas sin hogar.

Una de las ventanas con los cristales rotos. | | ANDRÉS CRUZ

Ello posibilitaría también cumplir con la voluntad de Toledo Suárez, que en los últimos años de su vida donó 30.000 euros para ayudar a pagar el centro de Los Hoyos. A raíz de esa donación, Barriga intentó contactar con ella para agradecerle el gesto. Esta fue la única ocasión, sostiene, que habló con la persona que le ha donado el hotel. «No tengo bastante vida para agradecer a doña Josefa lo que ha hecho por esta casa. A mí lo que me conmueve es que ella confiara en nosotros para donarnos ese patrimonio porque yo sé que el hotel era la niña de sus ojos», resalta.

María Josefa Toledo murió en 2016 a los 95 años, con una notable fortuna y sin ningún familiar al que dejar su legado. Heredó el hotel y el resto de su fortuna de sus padres, que murieron cuando ella era una niña. Sólo tenía un hermano, que tampoco tuvo hijos, y murió en 1982.

Buena parte de su herencia se ha convertido en un legado solidario, ya que dejó la mayoría de su patrimonio a asociaciones benéficas, entre ellas la Osdad. En realidad todo su legado tiene un componente altruista, pues la parte que no dejó a las ONG la legó a una veintena de personas, entre ellas su chófer y jardinero, su médico y otros allegados que la acompañaron hasta el último momento.

Nunca quiso vender el hotel, que estuvo funcionando como alojamiento hasta los años 90, lo que obligó a los últimos huéspedes a buscar un apartamento donde residir sus últimos años de vida. El restaurante aguantó hasta 2008 como lugar de fiestas particulares y celebraciones de bodas, banquetes y despedidas de soltero. Desde entonces, la decadencia se apoderó del hotel y los gamberros se encargaron de romper puertas, ventanas y de provocar incendios.

El edificio que alberga el hotel, fundado a principios del siglo XX, fue construido en el año 1850, como ampliación del antiguo monasterio, y forma parte de una finca rústica que abarca 15,7 hectáreas, con estanque incluido. Una parte de la finca está todavía en explotación. El inmueble está catalogado con una protección ambiental y toda la parcela -resultado de la unión de dos fincas- se encuentra dentro del Paisaje Protegido de Tafira, lo que cierra la puerta a cualquier actividad especulativa con la urbanización del suelo. No obstante, están permitidas las actividades turísticas, didácticas, recreativas, de ocio y de esparcimiento, así como el uso sociosanitario. El plan especial de la zona y la catalogación del edificio permiten la realización de obras de reforma, mejora o ampliación de las infraestructuras que se consideren necesarias para desarrollar las actividades permitidas. La Osdad ha encargado tres tasaciones del hotel y la finca, cuyos resultados oscilan entre 2,2 y 2,8 millones. La Obra cuenta con el asesoramiento de una comisión de técnicos, entre los que figuran Faustino García Márquez, Enrique Sánchez Romero, Vicente Boissier Domínguez, Miguel LLinás y Andrés Merino, abogado y albacea del legado de Josefa Toledo.

García Barriga remitió en 2018 una carta al presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, en la que le planteaba la compra de la finca. En la carta le manifestaba que dicho patrimonio podía tener interés para la institución insular por «la importancia de su enclave y riqueza de plantas autóctonas, paisajística y medioambiental», además del «valor sentimental que ha tenido el hotel para esta ciudad». Se trata, subraya, «de un sitio emblemático para muchas personas».

Más de tres años después no ha habido ninguna respuesta por parte del Cabildo, por lo que Barriga presentó una oferta de venta al concurso que ha convocado el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria para comprar terrenos y fincas en la periferia de la ciudad para reforestar. El responsable de la Osdad espera que este tentativa corra mejor suerte, aunque tampoco ha obtenido respuesta. «Yo me quedo más tranquilo si el Cabildo o el Ayuntamiento se hacen cargo de la finca. Otra fórmula es hacer una expropiación y que se fije un justiprecio. La idea es que no pierdan los pobres ni las arcas públicas. Que se fije un precio justo», resalta García Barriga, quien recuerda que la decisión de fundar la Osdad se adoptó justo en el Hotel Los Frailes, durante una conversación que mantuvo a principios de 1988 con Isidoro Sánchez, el entonces secretario del obispo Ramón Echarren, en la terraza del inmueble.

«Creo que se trata de un regalo que hace la Obra Social a Las Palmas de Gran Canaria como agradecimiento por su apoyo, porque el valor de esa finca como pulmón de la ciudad, es inmenso», concluye Andrés Merino, albacea del testamento de Josefa Toledo.

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