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Las Alcaravaneras experimenta un aumento del vandalismo este año

Desde que se estrenara en mayo, la torre de vigilancia sufre dos asaltos, y esta semana también atacaron la de la playa de La Laja

Estado en el que quedó esta semana la torre de vigilancia de La Laja tras un ataque vandálico.

Estado en el que quedó esta semana la torre de vigilancia de La Laja tras un ataque vandálico. Ciudad de Mar

Los técnicos de Ciudad de Mar han detectado en los últimos meses un aumento del vandalismo en la playa de Las Alcaravaneras. En el resto de arenales de la ciudad, los comportamientos incívicos han sido muy similares en cantidad a los que se producen otros años. Lo más grave durante la época estival han sido los ataques a las recién estrenadas torres de vigilancia: dos a la de Las Alcaravaneras y uno, esta misma semana, a la de La Laja. Unas actitudes que suponen un desembolso extra para el Consistorio, que al final afecta a los bolsillos de la población capitalina, que con sus impuestos tiene que pagar los desperfectos que causan algunas personas muchas veces por diversión o sin motivo. 

El gasto medio anual que tiene que desembolsar el área de Ciudad de Mar para la reparación o reposición de mobiliario urbano en el litoral de Las Palmas de Gran Canaria asciende a los 30.000 euros. Además, mucho dinero se destina a indemnizaciones a los propietarios de muchas vallas que usa el Ayuntamiento pero que pertenecen a otras empresas a las que alquila ese material. Los actos vandálicos que más suelen verse en las playas tienen que ver con el robo de elementos, el destrozo de papeleras, la retirada de carteles o vallas o los daños a las tablillas de madera de los paseos y entarimados alrededor de las duchas y lavapiés. Pero con la llegada de las nuevas torres de vigilancia, estas han sido un nuevo foco de gamberrismo, y han sufrido desde golpes a intentos de robo de sus componentes electrónicos. 

Una de las papeleras nuevas de Las Canteras tiradas en mitad del paseo Ciudad de Mar

Aunque este verano no ha sido especialmente problemático, sí se ha notado ese crecimiento del vandalismo en Las Alcaravaneras, que aglutina gran parte de los comportamientos incívicos de esta época. Entre ellas, las vallas que se tiran al mar, con lo que ello supone también en cuanto a la contaminación del ecosistema marino, y las tarimas que rompen, rajan o levantan en el paseo e incluso el solárium, pese a estar prohibido el paso a esta zona del litoral por las restricciones ante la incidencia de la Covid-19. De hecho, la plantilla de Ciudad de Mar tiene que estar «continuamente» reparando los desperfectos en esas tablillas de madera porque pueden ser un peligro para el conjunto de usuarios que transitan descalzos, que pueden clavarse astillas o tropezar con oquedades que haya en el firme. Desde la Concejalía lamentan «estas actitudes, ya que se trata de equipamiento público necesario y demandado por la ciudadanía y que al final pagamos todos y todas».

Lo más frecuente son la rotura de tablillas de madera de las tarimas y el golpeo de papeleras

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Según indican desde el departamento municipal, «es muy frecuente» que se produzcan estos actos vandálicos en el litoral de la capital grancanaria, quizás no a diario, pero sí de manera recurrente los fines de semana, sobre todo, independientemente de si es verano o invierno. «Son cosas pequeñas, puntuales, pero que se acumulan y al final se hace mucho», explicaron las fuentes consultadas, para luego señalar que el verano de 2021 ha sido «algo más tranquilo», aún habiendo actuaciones, si bien no se puede comparar con el del año pasado porque las circunstancias han sido muy diferentes por la situación de la pandemia. En 2020, y tras haber salido hacía escasas semanas del estado de alarma, hubo cierto desmadre en ciertos comportamientos, no tanto de daños al mobiliario como de comportamientos incívicos. Doce meses después, la situación se ha calmado. 

En mayo de este año, Ciudad de Mar estrenó sus recién instaladas torres de vigilancia en las tres principales playas de la capital, una en cada una de ellas. Apenas unas semanas después, la de Las Alcaravaneras sufrió el primer acto vandálico, al romper alguien el mástil que sostiene los altavoces de megafonía para dar anuncios a los bañistas. Poco después, esta infraestructura volvió a sufrir las acometidas de personas incívicas que la golpearon con algún elemento contundente en la parte baja y trataron de robar el cableado del Wi-Fi. Ambos ataques han supuesto una importante inversión en reparación para el Consistorio, que es más sangrante todavía por lo reciente de estos cuartos para socorristas. 

Una de las papeleras en el solárium de Las Alcaravaneras. Ciudad de Mar

El último ataque contra una de ellas se produjo esta misma semana, según informó el viernes el departamento, pero esta vez en la playa de La Laja, en el cono sur. En esta ocasión, alguien golpeó con tanta brutalidad la caseta que partió por la mitad la puerta de entrada, si bien no robaron nada del interior de la torre. Esto también ha tenido que ser reparado sobre la marcha por técnicos municipales para que el servicio de Cruz Roja pudiera continuar desempeñando su labor sin problemas en esta zona del litoral. 

Precisamente, La Laja es la playa de la ciudad que, generalmente, más problemas suele tener con comportamientos incívicos, ya que se encuentra más alejada del núcleo urbano. En otras ocasiones, aunque este año no se han producido, algunas personas llegaron a romper o retirar barandillas de aluminio de las instaladas en la zona de las piscinas para luego tirarlas al mar, poniendo en riesgo a la flora y fauna marina de esta zona de la ciudad. 

El área de Ciudad de Mar dedica 30.000 euros de media cada año para reparar los daños en mobiliario

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Pero lo más habitual, en lo que a Ciudad de Mar respecta, es el vandalismo contra papeleras en los paseos marítimos. Solo los nuevos recipientes instalados hace menos de medio año en Las Canteras, de última generación por sus técnicas antivandalismo y por su gran capacidad, llegan a costar hasta 300 euros para reponerse. Y es bastante habitual, afirman, encontrarse alguna tirada por el suelo, arrancada de cuajo, tras un fin de semana. 

Además de estos actos vandálicos contra el mobiliario urbano, también se producen otro tipo de comportamientos perjudiciales para la población en su conjunto en las playas, y que tienen que ver con contaminación del litoral, pesca furtiva o celebración de botellones, asaderos o grandes comidas en los arenales -algo que está prohibido-. Pese a que este verano no ha tenido actividades de este tipo en exceso, por las restricciones impuestas ante la incidencia del coronavirus, sí se han producido algunas aglomeraciones en los arenales, sobre todo en Las Canteras. Por su parte, en El Confital, por ser espacio protegido, hay muchas más limitaciones, y en su control trabajan los agentes de medioambiente, tanto a nivel insular como regional. 

El vandalismo y los comportamientos contrarios a la normativa suponen un grave perjuicio para la población, ya que no solo causan molestias en su disfrute de las playas, sino que también les sale caro para sus bolsillos.

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