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Semana Europea de la Movilidad

Movilidad solidaria

imagen de las Sitycletas de la capital grancanaria. La Provincia

El 50 % de la población de Las Palmas de Gran Canaria se mueve hoy de manera más sostenible: a pie, en transporte público, bicicletas, vehículos de movilidad personal, taxis o motocicletas. Con ese dato, que sobresale en la última encuesta realizada por el Instituto Opinometre para Guaguas Municipales durante los meses de noviembre y diciembre de 2020, nuestra ciudad encara otra Semana Europea de la Movilidad (#SEM2021), siete días en los que los grandes núcleos urbanos del continente ponemos el foco sobre el desarrollo de las políticas de movilidad.

La cifra con la que comienzo este artículo no es insustancial ni tiene un origen casual. Las Palmas de Gran Canaria cree en la movilidad sostenible. Lo hacemos, desde hace casi una década y con un impulso especial durante los últimos seis años, desde el Ayuntamiento, y lo hacen de manera decidida sus ciudadanos. Un ejemplo: en 2011, siete de cada diez personas se desplazaban por nuestra capital en vehículo privado, unos números poco razonables. Hoy, casi diez años después, hemos logrado invertir la pirámide y la mitad de los vecinos de Las Palmas de Gran Canaria se mueve por nuestras calles de manera sostenible.

Esa evolución tiene su raíz en el convencimiento, por parte de la Concejalía de Movilidad, de dotar a la ciudad y a sus vecinos de infraestructuras y herramientas para poder desplazarse de forma sostenible. En 2011, se firmó el Pacto Ciudadano por la Movilidad Sostenible en Las Palmas de Gran Canaria. Entonces era necesario potenciar los medios de transporte más sostenibles y menos contaminantes. Y, a partir de ese compromiso, durante los últimos seis años, desde Movilidad hemos entendido que el transporte público, la bicicleta o los desplazamientos peatonales crean una ciudad más amable y hacen ganar calidad de vida.

A lo largo de los últimos años, en Las Palmas de Gran Canaria hemos fomentado el uso de las bicicletas y los vehículos de movilidad personal con la creación de una gran red de carriles bici segura -con el Plan Director de la Bici Fase I, se han pasado de 10 kilómetros de carril bici en 2010 a los más de 30 actuales y con la ejecución de la segunda fase de los carriles bici, que sumarán 32 nuevos kilómetros en la parte alta de la ciudad y Tamaraceite, distribuidos en 13 ejes-; el sistema público de bicicletas (Sitycleta) se ha hecho realidad a lo largo de los últimos cuatro años; se han peatonalizado espacios como la Avenida de Mesa y López, la calle Galicia o la recién abierta Plaza de España; o se ha impulsado la creación de ‘Zonas 30’ a lo largo de toda la ciudad -calles especialmente acondicionadas en primer lugar a los peatones, con una velocidad máxima para los vehículos de 30 km/h-.

La movilidad sostenible es futuro y ese espacio del mañana lo ocuparán los más jóvenes, que en Las Palmas de Gran Canaria ya disfrutan de servicios como los ‘Colegios Libres de Humos’ -una iniciativa para mejorar la accesibilidad a los colegios, la movilidad de alumnos, profesores y familias, y la seguridad de todos-; los espacios ‘Besa y Baja’ -reservado para que los familiares pueden parar cinco minutos dentro de la franja horaria de acceso y salida al centro, facilitando la circulación del resto de vehículos y garantizando que la parada se efectúe con seguridad-; o el fomento del transporte público colectivo con Guaguas Municipales.

La ciudad ha experimentado el aumento de vehículos eléctricos en sus calles, al tiempo que se han incrementado los aparcamientos sostenibles con la instalación de 40 puntos de recarga. Desde hace unos días, todos los usuarios de la LPA Park pueden encontrar en la app un sistema de gestión inteligente de las plazas de aparcamiento en la zona azul, ya que ofrece al conductor información en tiempo real del nivel de ocupación en su área de interés -durante los próximos meses se van a sensorizar 3.200 plazas-. Y en 2018 se constituyó por primera vez en la historia de la ciudad la Mesa del Taxi. Su puesta en marcha conllevó una actualización de la tarifa urbana en torno al 11%, sin afectar a la bajada de bandera, sino al kilómetro recorrido, y en la práctica esto ha supuesto una mayor democratización del uso de este servicio público, especialmente con la gente que vive en los barrios periféricos de la ciudad.

Nos quedan aún grandes desafíos por afrontar, como la ‘Gran Vía Peatonal’, una iniciativa elaborada con los vecinos que permitirá conectar de forma peatonal desde Las Alcaravaneras hasta Triana y que no conllevará grandes obras ya que se realizará mediante lo que se conoce como urbanismo táctico; las ‘Supermanzanas’, una medida que consiste en el cierre al tráfico rodado de grupos de un mínimo de cuatro manzanas adyacentes, dentro de las cuales se crean áreas para uso peatonal, comercial o recreativo; o la MetroGuagua, un transporte público de alta capacidad, con plataforma reservada, prioridad semafórica y puntual.

Soy consciente de que plantear un cambio de cultura en la población, que suele recibir las alteraciones de lo cotidiano con escepticismo y una parte, incluso, lo puede afrontar desde una postura de oposición frontal, entraña dificultades. Pasa aquí y en cualquier gran capital del mundo occidental que apuesta por la movilidad sostenible. Pero por nuestra experiencia y la de otras urbes, frente al ruido inicial, el poso del tiempo multiplica el valor de las políticas de movilidad sostenible entre la población. Las mejoras se hacen irreversibles. La ciudadanía, al final, percibe que el mundo cambia y que las ciudades que se idearon hace más de un siglo para adaptarse a la revolución industrial y las máquinas se pueden convertir ahora en espacios más humanos, más sostenibles, más resilientes.

En ese escenario, los dirigentes políticos no podemos dudar: debemos tener claro cuál es el objetivo, ser honestos y claros en las explicaciones de nuestras decisiones ante la ciudadanía, a la que nos debemos, y ser coherentes. No podemos convertir la movilidad sostenible en una guerra contra nadie. En una gran ciudad siempre habrá vecinos que deban utilizar el vehículo privado para trasladarse a zonas alejadas de sus domicilios por diferentes causas -trabajo, estudios, etcétera-. El éxito de todos será repartir de manera inteligente el espacio de nuestras localidades para que todos tengamos cabida.

La pandemia provocada por la Covid-19 nos ha hecho sentir lo débiles que somos y la importancia que tiene la salud. La movilidad sostenible es vida y ha venido para quedarse. Y ante esa ola imparable, que empuja porque lo que está en juego es nuestro planeta, Las Palmas de Gran Canaria llega en buena posición, con los deberes hechos. Pero aún queda mucho por hacer. Y ante este desafío, mi apuesta es la movilidad solidaria: mañana, cuando usted vaya a salir de su casa a primera hora de la mañana y tome la decisión de cómo moverse por Las Palmas de Gran Canaria, no piense sólo en usted, sino también en los demás y cómo les puede afectar la decisión que tome. Si tiene la posibilidad de elegir, apelo a su solidaridad para que se mueva de la forma más sostenible y solidaria para que sólo cojan el coche aquellos a los que no les queda más remedio. Todos, a la larga, agradeceremos el compromiso de los demás.

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