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Barrios | El pasado de Ciudad Alta

Los colosos desaparecidos de Las Torres

La estación radiotelegráfica de Transradio Española en Gran Canaria, inaugurada en 1930, unió las Islas con Europa, África y América y dio nombre al barrio

El radiotelegrafista José Luis Carratalá, en una foto cedida, en la desaparecida estación de Las Torres. | | CEDIDA POR LA FAMILIA

Dos altas torres de 96 metros y una tercera de 66 dominaban en 1930 el horizonte de los entonces polvorientos lomos junto al barranco de El Cardón. Tres colosos hoy desaparecidos que formaban parte de la estación de radiotelegrafía de Transradio Española, capaz de enviar mensajes a miles de kilómetros.

El 24 de noviembre de 1930 dos equilibristas belgas, padre e hijo, participaron en la inauguración de la central de Transradio Española de Gran Canaria, unos modernas instalaciones de radiotelegrafía cuya construcción comenzó dos años antes en un lomo junto al barranco de El Cardón, en el entonces municipio de San Lorenzo. Estaba compuesta de dos torres de 96 metros de altura y una tercera de 66 que entrelazaban dos antenas con el cometido de facilitar las telecomunicaciones con otros territorios en una época en la que no existía internet. Nueve décadas después apenas queda un muro ruinoso como último testigo de una infraestructura de primer nivel para la época que unió las Islas con Europa, América y África -dando soporte a los barcos que cruzaban el Atlántico- y que dieron nombre al barrio que posteriormente se desarrolló en sus inmediaciones: Las Torres.

Poco queda de aquellas instalaciones en el actual barrio de Ciudad Alta, apenas un muro semiderruido en un solar junto a la Carretera a Las Torres. Pero lo cierto es que en un tiempo las tres altas torres que conformaban la estación hacían las veces de faros vigías. Las dos más altas, con 96 metros, superaban con creces a cualquier construcción de la época -las torres de la catedral apenas tienen 20 metros- e incluso, de los edificios actuales de la ciudad tan solo la Torre Yaiza I -más conocida como edificio de los Taxistas- las supera en tan solo nueve metros.

Aquel 24 de noviembre se mandaron a Madrid tres telegramas, uno de ellos del alcalde de Las Palmas al de la capital española, otro del gobernador militar al Ministro del Ejército y otro de los periodistas presentes en el acto al entonces presidente de la Asociación de la Prensa, llegaron en «solo 15 minutos». La prensa de la época llegó a decir que disponían «de una magnífica estación radiotelegráfica» para comunicarse «hasta con los lugares más apartados del mundo» y, en cambio se necesitaba se necesite «¡todo un día!» para que una carta fuera «a Arucas» desde la capital.

Vendidas como chatarra

La primera de las torres originales desapareció en 1936 por culpa de un temporal causando «un gran estrépito», según constató el radiotelegrafista José Luis Carratalá, quien trabajó allí varias décadas. Las penurias económicas de la Guerra Civil y la posguerra hicieron imposible reponerla. Las otras dos fueron derribadas en 1955 y vendidas como chatarra. La pequeña, de 66 metros fue desmontada pieza a pieza -varias están expuestas hoy día en una rotonda frente a Infecar; mientras que la de 96 «por la dificultad de su desmonte» se la hizo caer hacia el barranco, momento que captó el noticiario del NO-DO, el cual destacó el papel que jugó la central en las comunicaciones de la España sublevada contra la República con el exterior durante la Guerra civil.

Las torres fueron sustituidas por unas de menor envergadura, apuntó Carratalá, pero la denominación quedó para el incipiente barrio en el registro. La estación a finales de los años 60 colaboró con la Nasa en los programas Mercury, Géminis y Apolo. En la primera expedición a la Luna -1969- la estación de Maspalomas les mandó señales y desde allí las rebotaron a Londres, donde se coordinaban. Por entonces el servicio lo gestionaba Entel, la empresa nacional de telegrafía. Finalmente, esta fue absorbida por Telefónica en 1971 y la estación echa el candado en los años 80, en un tiempo en el que las telecomunicaciones vivieron una revolución que dejó atrás a la telegrafía.

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