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HISTORIA

Un canal navegable entre Las Canteras y el Puerto de La Luz

El Ministerio de Fomento sopesó conectar las bahías en el siglo XIX para acortar el viaje a Tenerife | Un informe de Juan León y Castillo enfrió los ánimos de los partidarios

Mapa de 1686 que recoge la posible traza del canal que se proponía. La Provincia

Hay episodios que conviene recordar para comprender cómo se gestó el conjunto de lo que actualmente son las magníficas instalaciones del Puerto de la Luz y Las Palmas.

Hoy queremos narrar un hecho curioso y sorprendente para la ciudad de Las Palmas tal como hoy la conocemos. Nos referimos a la discusión que hubo sobre la conveniencia de seccionar y dragar lo que hoy conocemos como el istmo y así poder unir la bahía de Las Isletas con la playa de las Canteras, denominada por aquel entonces la playa del Arrecife.

Para otra ocasión dejaremos el encendido debate que suscitó en la sociedad local de la segunda mitad del siglo XIX la elección del lugar idóneo para situar el ‘puerto del futuro’. Por un lado estaban los partidarios de colocarlo en la bahía de las Isletas y por otro, los de concentrar los esfuerzos en el que estaba funcionando, aunque de forma precaria, en el extremo Norte del parque de San Telmo, conocido como el Muelle de Las Palmas.

Esta idea fue promovida nada menos que por el director general de Obras Públicas del Ministerio de Fomento, Eusebio Page, desde Madrid. Cuando presentó las Memorias de la Dirección General correspondientes al período 1870-1872, en la página 156, al referirse a la bahía de Las Isletas ensalzaba las ventajas del magnífico fondeadero natural allí existente. Hasta aquí, ninguna novedad (ya Cristóbal Colon opinaba lo mismo y fondeó ahí sus naos), pero a renglón seguido, el destacado funcionario manifestaba lo siguiente:

«Al lado opuesto de esta excelente ensenada, o sea al noroeste del istmo, se halla la bahía del Confital, que reúne tan buenas condiciones como la de la Luz con lo cual podría ponerse fácilmente en comunicación cortando el istmo de Guanarteme que mide 140 mts. de ancho formando de este modo y con el auxilio de algunas obras artificiales uno de los mejores puertos de refugio del océano Atlántico».

En el mapa que se acompaña, de 1686, se señala la posible traza del canal que se proponía. Esta propuesta, que hoy parece descabellada, fue producto de un meditado estudio para la Memoria Oficial del Ministerio, pero a su vez fue motivo de una acalorada discusión en la ciudad sobre su conveniencia.

Cuatro años más tarde, en el mes de septiembre de 1876, el comandante de Marina Pedro del Castillo Westerling, a su vez presidente de la Confraternidad de San Telmo, publica un informe en el que hace constar las numerosas ventajas que se obtendrían si se terminara un muelle en el Puerto de La Luz. En dicho informe manifiesta de forma literal «la conveniencia para este Puerto y la navegación en general de cortar el istmo de Guanarteme formando un canal de navegación que ponga en comunicación el expresado Puerto con la bahía del Confital». De esta forma se lograría que «los buques, principalmente de vela, economizasen una parte del tiempo no solo en sus viajes a Santa Cruz de Tenerife sino a todo el grupo occidental de este Archipiélago. Para que el canal pudiese prestar el servicio que se desea, es preciso que tenga el ancho suficiente a fin de que pudiesen dos o más buques de vela cruzarse en él y que su profundidad fuese de 9 a 10 metros en la pleamar; de tener menos agua, solo sería útil a nuestros buques de cabotaje; pero no basta cortar el istmo para que quede libre el paso a la bahía del Confital, es preciso limpiar el puerto del Arrecife de poco fondo y sembrado de escollos y romper la barra de piedra que obstruye el paso».

Tres años más tarde, en 1879, el jefe provincial de Obras Públicas, el ingeniero de caminos Juan de León y Castillo, elaboró un informe que enfrió los ánimos de los comerciantes y marinos locales partidarios de la apertura del istmo por un canal que uniera ambas dársenas. En dicho informe exponía, con una larga disertación, que contrariaba el proyecto de abrir el istmo. En él afirma que «ganaría poco la navegación. La de vapor, porque el tiempo perdido en rodear la Isleta es insignificante, y la de vela, porque los gastos que le ocasionaría el remolcador que se había de establecer para conducir los buques por el canal, no compensaría el retardo que hoy suelen experimentar».

Si hoy en día cuesta imaginar un canal de navegación situado entre el actual Hotel AC y el edificio Woermann por el que se viera cruzar barcos de cruceros y portacontenedores a semejanza del canal de Panamá, sería incluso más difícil suponer nuestra gran playa de Las Canteras con buques fondeados entre la arena y la Barra. La visión que se tenía hace 150 años del litoral no era con fines recreativos, sino al contrario, era poco valorada y solo aprovechable para mariscar y extraer de la Barra los bloques que se utilizaban para tallar las conocidas pilas de agua para uso doméstico, lo que motivó el nuevo nombre de la playa: Las Canteras. Como nos decía nuestro Pancho Guerra, recogiendo el sentir de esa época, «el isleño se sienta a la marea a coger fresco o va a la marea de comilona y parranda».

Gracias al sentido práctico y visionario de Juan de León y Castillo y su reconocida autoridad entre las fuerzas vivas de la ciudad de Las Palmas se pudo dar por zanjado el debate del canal. Esto nos permite en la actualidad poder disfrutar de esa joya natural que es nuestra playa de Las Canteras, además de evitar el aislamiento físico y emocional de La Isleta que hubiera supuesto al separarla del resto de la Isla.

Llama la atención que los oportunos argumentos esgrimidos por Juan de León y Castillo estuviesen relacionados únicamente con la navegación y el sentido práctico de las Obras Públicas. Por aquel entonces no se consideraban en absoluto por la sociedad local los valores naturales y ambientales de la playa de Las Canteras. Se tuvo que esperar hasta principios del siglo XX para que la playa saliera de su aletargamiento y mostrar sus cualidades paisajísticas y recreativas, convirtiéndola en una de las playas urbanas mejor valoradas de Europa.

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