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PALMERAS

Las Palmas de Gran Canaria pierde casi 70 palmeras por caídas o talas en lo que va de año

Más de la mitad son canarias y han sido taladas porque están afectadas por hongos y plagas

Palmera caída en Marzagán

La capital grancanaria ha perdido en lo que va de año casi 70 palmeras, en su mayoría canarias o datileras, que se han desplomado o han sido taladas debido a la presencia de hongos y plagas en la mayoría de los casos. La ciudad cuenta en la actualidad con 3.000 palmeras menos que en 2013.

Además del ataque de hongos e insectos, durante 2021 se han dado casos de ejemplares afectados por actos vandálicos, accidentes de tráfico y como consecuencia de los orines de los perros y el viento, según asegura el Ayuntamiento, pero  ocurre muy pocas veces.

Este año ha sido especialmente malo para esta especie, por la gran cantidad de ejemplares perdidos. No en vano, ha habido meses, como enero o julio, en los que se han perdido 16 palmas entre los dos; o marzo, con diez bajas y abril con once.

La oposición municipal achaca el ataque de hongos y plagas a una «mala praxis» en el tratamiento de las palmeras y la falta de riego, una crítica que niega la concejala de Servicios Públicos, Inmaculada Medina, quien aegura que la empresa que gestiona los parques y jardines sigue el protocolo que recomiendan los técnicos.

Según los datos facilitados a los grupos políticos por Medina, entre enero y el pasado mes de septiembre se retiraron un total de 65 palmeras en la ciudad, una cifra a la que hay que añadir, al menos, el ejemplar que se desplomó la pasada semana en Marzagán y dos de las palmas transplantadas en la plaza de España, que se han perdido.

El número de palmas desaparecidas en los primeros nueve meses del año es superior a la media anual del último quinquenio. Sólo 2018 la supera, con 88 palmeras caídas y taladas, ya que el año pasado se saldó con «65 palmeras retiradas», según aseguraron fuentes del gobierno municipal.

En 2019 y 2017 se perdieron 65 y 62, respectivamente. Desde Parques y Jardines resaltan que cada año se plantan muchas más palmeras de las que se pierden y al respecto indican que en 2020 se plantaron 300 palmeras. En cualquier caso, según el registro municipal, en el municipio hay en la actualidad un total de 23.139 palmeras, unas 3.000 menos de las que había hace ocho años.

El ataque de los hongos y los insectos

Por especies, las más afectadas por las caídas y la talas son la palmera canaria y la datílera -el Ayuntamiento utiliza un mismo epígrafe Phoenix spp para ambas-, que representan más de la mitad de los ejemplares desaparecidos. Un total de 52 palmeras Phoenix han desaparecido, de las cuales, 18 se han caído y el resto han sido taladas.

En cuanto a las causas, el registro municipal habla del ataque de hongos, entre los cuales figura el Fusarium oxysporum y Thielaviopsis Paradoxa, así como insectos como la diocalandra, también conocida como picudín o picudo negro.

La capital tiene un total de 23.139 palmas, unas 3.000 menos que hace ocho años

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 Según aseguró la concejala Medina la pasada semana en una comisión de pleno, «las palmeras reciben un correcto tratamiento, que incluye diversas actuaciones, entre ellas, poda, revisiones , lavado, riego, abonado y tratamientos fitosanitarios». «En el caso de detectar ejemplares afectados por alguna enfermedad o daño extremo, se procede a su retirada». Añadió que la poda y revisiones de palmeras se llevan a cabo por «los equipos de personal especializado y acreditado por la Consejería de Agricultura del Gobierno canario para estas labores. Se siguen todas las recomendaciones recogidas en los manuales de buenas prácticas y normas de prevención de riesgos laborales» y se utiliza una «maquinaria apropiada para cada una de la labores».

En palabras de Medina, «como norma sólo se suprimen las hojas viejas, secas o enfermas. No deben podarse sistemáticamente y de igual manera todas las palmeras, ya que cada individuo y especie posee unas necesidades particulares de poda». En cuanto a la revisión de las palmeras, explicó que «de manera habitual» se hace un «seguimiento visual individualizado. Cualquier anomalía detectada es comunicada de inmediato para proceder a su revisión por parte del personal especializado».

En palabras de Medina se inspeccionan todas las partes del ejemplar en busca de «grietas, heridas, daños mecánicos, estrangulaciones, cavidades, pudriciones, presencia o síntomas imputables a la presencia» de enfermedades y hongos, como la inclinación.

 «Se tiene especial atención a la inclinación del estípite (tronco ), la existencia de heridas o cavidades, así como el estado radicular. En la actualidad, aseguró, «no existe ningún estudio ni ensayo contrastado que indique la cantidad mínima de estípite que tiene que estar dañado para considerar que un ejemplar es inestable». Son los técnicos y podadores, dijo, los que valoran si es necesario talar, «según la experiencia previa. En caso de duda sobre qué actuación realizar se toma la decisión del lado de la seguridad».

Añadió que la «última palmera que se cayó en Santa Catalina había pasado la revisión y estaba en perfecto estado. Hay enfermedades que no se pueden detectar».

Desde la oposición, el edil Ignacio Guerra, del PP, pidió la implantación de un protocolo; Davi Suárez, de CC, reclamó que se busque una solución para evitar tanta caída y Lidia Cáceres, de Cs, echó en cara a Medina que se justifique la caída de las palmeras por un «golpe de calor. Es una cuestión de riego. Las palmeras no se caen por un golpe de calor».

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