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ANÁLISIS

El reclamo del legado de la arquitectura paisajista de Rubió

La obra del para muchos desconocido paisajista menorquín es un aliciente para la candidatura de Las Palmas de Gran Canaria como Capital Europea de la Cultura 2031

Jardines Rubió y ladera de Altavista. LP/DLP

Se considera a Nicolau Maria Rubió i Tudurí el gran arquitecto paisajista español del siglo XX. Nacido en Menorca en 1891 y fallecido en Barcelona en 1981, fue director de Parques y Jardines de Barcelona entre 1917 y 1936, donde diseñó una red de espacios libres en el espacio público que incluían reservas de paisaje, parques periurbanos y jardines de barrio. También urbanista y ensayista, de su libro Actar. Discriminación entre las formas de quietud y movimiento en la construcción (1931), Le Corbusier, el gran jefe de la arquitectura moderna, llegó a decir que era el único de arquitectura firmado por un coetáneo que le había interesado… aparte de los que había escrito él mismo. La serie de dibujos Barcelona Futura, que presentó en la Exposición Universal de Barcelona de 1929, planteó por primera vez una visión de la ciudad condal como área metropolitana. Rubió, en fin, como recordaba recientemente el diario El País, propuso en 1931 construir la capital de la España federal, “Iberia”, en el pueblo zaragozano de Utebo, equidistante de Madrid, Barcelona, Bilbao y Valencia. Sirvan estos apuntes solo para recordar el alcance y la significación de la figura de Rubió y para respaldar la propuesta de la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria de que su valiosísimo legado paisajístico en Las Palmas de Gran Canaria —enseguida hablaré sobre él—, sea uno de los principales reclamos esgrimidos por el gobierno municipal para postular la candidatura de esta ciudad como Capital Europea de la Cultura en 2031.

Pese a que una de las zonas más emblemáticas del Parque Doramas lleva el nombre de Jardines Rubió en honor de quien fuera su principal artífice, el menorquín sigue siendo un gran desconocido para los ciudadanos de Las Palmas de Gran Canaria. No digamos ya para el resto de la ciudadanía española, incluidos prestigiosos expertos en arquitectura de paisaje, quienes repiten que durante la dictadura Rubió no pudo hacer obra pública en el territorio nacional a causa de la prohibición que le impuso el régimen franquista en razón de que fue delegado de la Generalitat catalana en Londres durante la Guerra Civil. Siendo así como fue para la España peninsular, Canarias, una vez más, constituyó una anomalía en esto: tras un primer y nunca ejecutado anteproyecto de urbanización turística del sur de Gran Canaria, encargado en 1952 por el presidente del Cabildo, Matías Vega Guerra, a partir de entonces, por designio de la propia corporación insular y del Ayuntamiento capitalino, Rubió proyectó y realizó emblemáticas obras de arquitectura de paisaje en Las Palmas de Gran Canaria.

Entre 1952 y 1953,Rubió redactó una Memoria-Índice de Jardinería Urbanista en el que abordaba las posibilidades jardineras de la capital

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La consulta del artículo del biólogo Carlos Suárez “La huella del arquitecto paisajista Rubió i Tudurí”, aparecido en este periódico el 22 de abril de 2017, y el libro de la arquitecta paisajista y experta en Rubió Flora Pescador Monagas, Jardines de Canarias. Provincia de Las Palmas, publicado el año pasado por el Cabildo de Gran Canaria, han resultado indispensables para esta revisita a un extraordinario patrimonio en el que confluyen cultura y naturaleza, cuyo cuidado y, cuando sea necesario, restauración, rehabilitación y mejora, difícilmente pasarían desapercibidos ante quienes han de designar a la Capital Cultural Europea 2031, en un tiempo en el que la emergencia climática urge a renaturalizar las ciudades.

Entre 1952 y 1953, Rubió redactó una Memoria-Índice de Jardinería Urbanista en el que abordaba las posibilidades jardineras de la capital insular desde la Vega de San José hasta el Puerto y un nunca ejecutado Decreto de Repoblación Obligatoria de Las Laderas de Las Palmas, desde el risco de San Antonio hasta los arenales de Guanarteme. El Parque Doramas, joya de la corona de la ciudad baja, fue reformado y ampliado por Rubió desde la trasera del Hotel Santa Catalina entre 1955 y 1961. Entre el primero de aquellos años y 1962 se sucederían, entre otros trabajos suyos, las rampas entre el paseo de Chil y las laderas de Altavista, los viveros del entorno de la piscina Julio Navarro, la fuente de la Plaza Emilio Ley, la alameda y jardines de la plaza de Schamann, la plaza del ingeniero Manuel Becerra en la explanada del Puerto de La Luz, la jardinería y accesos de la Escuela de Capacitación Agraria y el jardín en la plataforma central de la Plaza de la Victoria (hoy de España). Otros encargos quedaron en el papel, caso del jardín de la Plaza Espíritu Santo, la reforma del Parque San Telmo y un jardín en la Catedral.

Hay dos proyectos más de Rubió que he dejado para el final por lo que suponen de celebración, uno, y de aspiración, otro. El primero es el Parque Rústico Barranquillo Viera, conocido popularmente como “Parque de las Cucas”, un corredor peatonal entre Fincas Unidas y el Paseo del Capitán López Orduña, culminado por el menorquín en 1961 y encomiado en este periódico por expertos como Salvador Rueda, ex director de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona, y Joan Nogué, ex director del Observatorio de Paisaje de Cataluña. Tras años de abandono y degradación, la Concejalía de Urbanismo y Obras Públicas del Ayuntamiento capitalino, he aquí el motivo de celebración, va a rehabilitarlo y mejorarlo el próximo año. El segundo es el Mirador de El Lasso, necesitado de rehabilitación y conato de lo que la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Gran Canaria, en la persona de su director, propuso al alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, Augusto Hidalgo, y al presidente del Cabildo de Gran Canaria, Antonio Morales, que podría ser el Gran Parque del Cono Sur, una aspiración a la altura de la visión de Nicolau Maria Rubió i Tudurí, que habría de contribuir también a afianzar las posibilidades de Las Palmas de Gran Canaria como Capital Europea de la Cultura 2031.

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