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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Comerciantes de Vegueta cierran por la tarde debido a la oleada de robos

Los empresarios crean un grupo para alertar cuando llegan los ladrones | A los hurtos se añaden los ataques vandálicos de un grupo de menores de un colegio

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Oleada de robos en Reyes Católicos José Carlos Guerra

Un grupo de comerciantes de Vegueta ha decidido cerrar por la tarde por miedo a la oleada de robos que aseguran sufre el barrio, sobre todo en la calle Reyes Católicos y sus inmediaciones. Algunos de ellos han tomado la determinación después de haber sufrido un atraco o un intento de robo. El desamparo que sienten es tan grande que han creado un ‘grupo antirobo’ de wasap para alertarse entre ellos cuando llega algún ladrón al barrio.

Todos coinciden en denunciar la falta de seguridad y de vigilancia policial que sufre el barrio, lo que propicia los robos, un problema al que se añaden los ataques vandálicos que sufren por parte de un grupo de menores de un colegio de la zona. Cuando se cierran los despachos de abogados y las consultas sanitarias, el barrio se queda desierto, justo el momento en que aprovechan los ladrones para actuar.

«Hace tres años, esto estaba lleno de carteristas que le zafaban la cartera a los turistas y también estaban los que venían corriendo por la calle y les tiraban del bolso. Ahora como no hay turistas, roban a los comerciantes», explica la dueña de una tienda de Reyes Católicos que no abre por la tarde. Prefiere permanecer en el anonimato por miedo a represalias, como la mayoría de los consultados para hacer este reportaje. «Es verdad que en su momento dejé de abrir por la tarde porque por la mañana hay un flujo mayor de gente y me compensa más venir sábados y domingos y cerrar por la tarde, pero hoy por hoy, tal y como está la cosa yo no abriría la tienda por la tarde», indica.

Entre los comerciantes que han echado la persiana por la tarde figura el dueño de una relojería, después de sufrir un intento de atraco. «A la señora que está al lado también le robaron y tampoco abre por las tardes. En cuestión de seguridad, el barrio ha dado un giro de 180 grados. Hace falta vigilancia policial. Hay muy poquitos policías por aquí. Sufrimos una situación de desidia y apatía tremenda por parte de las instituciones que tienen que velar por la seguridad de la ciudad. Pagamos nuestros impuestos para caminar por las calles con tranquilidad, para tener seguridad, no para poner a un securita. Si la policía no está por aquí, esto es Jauja para los ladrones».

Los robos tienen alarmados a los empresarios, pero lo que ya ha terminado por hacerles perder la paciencia son los ataques vandálicos. Muchos edificios del barrio, entre ellos los colegios de procuradores y abogados, aparecen con cristales rotos de las pedradas. A la residencia de ancianos de San Agustín le lanzaron una pedrada a una de las ventanas, recuerdan, porque le llamaron la atención a un chico por estar orinando delante de la puerta. Y por si esto fuera poco, critican, está el botellón por las noches, un problema que, reconocen, parece que se está solucionando.

Comerciantes de Vegueta cierran por la tarde debido a la oleada de robos

Gamberradas

Los gamberros se han ensañado especialmente con un comerciante chino de Reyes Católicos. «Encima racistas», se indigna uno de los empresarios, que advierte que ya los tienen localizados. «Son menores de un colegio. Esos chiquillos son el diablo, algunos de ellos son ya pendejuos, de 17 o 18 años». Al autoservicio chino, una tienda de aceite y vinagre de toda la vida, le tiran piedras a cada momento. «El otro día le lanzaron un tenique, que de milagro no cogió a nadie por medio. Además, roban. La dependienta va al colegio a quejarse y las madres van a pagar», señala un empresario. «Empezaron tirándole naranjas y a insultarlo. Le dicen: chino de mierda te vamos a matar. El hombre no entiende por qué le llaman chino, no se da cuenta de que utilizan la palabra para insultarlo. Hay un racismo clarísimo», comenta otra comerciante de la zona.

Arancha, otra comerciante que sólo quiere dar su nombra de pila, se envenena con lo que está pasando en el barrio. «Tenemos un grupo de menores, unos gamberros, que se dedican a tirar piedras y las naranjas amargas que cogen de los árboles y los utilizan como proyectiles. Escupen a los taxistas, rompen cristales».

A medida que va enumerando el catálogo de gamberradas, su indignación e impotencia crece. Durante las pasadas navidades le lanzaron dos petardos al interior de la tienda. En el piso del comercio todavía quedan rastros de los efectos del estallido en el piso.

En la calle Espíritu Santo hay varias casas con cristales rotos por pedradas, entre ellas la de la academia Loynaz. Las patadas a las puertas de las casas también se han convertido en moneda corriente.

Y luego están los robos. «Imagínate la inseguridad que hay, que hemos tenido que crear un grupo de wasap, para avisar cuando llegan los ladrones. El que lo localiza le hace la foto y la manda al grupo, para estar alerta. Cuando llegan les advertimos de que ya están en la zona. No es correcto que tengamos que ser los propios comerciantes los que tengamos que hacer la vigilancia», se queja Arancha. En su opinión, la inseguridad en el barrio es «bastante alta, aunque también hay que decir que después de la reunión con el concejal» de Seguridad «hace tres semanas, hemos visto que hay más presencia policial en la zona, se ven menos niños de botellón y esto está más tranquilo, pero es que esa debe ser la tónica». «Ahora cuando los vecinos se han unido y empiezan a protestar comienzan a tomar medidas, que son insuficientes. ¿Anteriormente nadie veía nada?. Los responsables del Ayuntamiento ni siquiera se han molestado en pasear por el barrio para ver lo que opinan los vecinos y comerciantes de la zona. No puedes recibir un sueldo y no hacer tu trabajo», considera la empresaria, quien quiere aclarar que tampoco se le puede «echar a la culpa a la policía, porque ellos hacen lo que les mandan. Son unos mandados y se comen nuestros enfados».

Naranjas como balas


No es raro encontrarse por las calles de Vegueta naranjas estalladas por las aceras y en el interior de los alcorques. Los gamberros las arrancan de los naranjeros que hay plantados por el barrio para utilizarlas como proyectiles y hacer sus fechorías. Una empresaria de la zona achaca este vandalismo y la falta de respeto de los chiquillajes a la educación que reciben en sus casas. «La sociedad se está equivocando en la educación de sus hijos. Hay un problema de educación en las casas. Los niños no pueden hacer lo que quieran. La causa de esas piedras, de esos meados y de esa falta de respeto proviene de que en las casas no les han puesto normas. Nosotros también fuimos jóvenes y nos lo pasábamos bien y nos emborrachábamos, pero había unos límites que no se traspasaban, que era el respeto a los demás, y eso se ha perdido», subraya. También se quejan los comerciantes de la falta de limpieza en el barrio y de las patinetas incontroladas que pasan a ras de las aceras. | T. G. S.

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