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Las Palmas de Gran Canaria atiende a mil niños para evitar que caigan en riesgo de desamparo

El Consistorio trabaja con equipos de familia e infancia para superar indicadores de exclusión

Niños juegan en la calle Triana de la capital grancanaria, en una imagen de archivo. Juan Carlos Castro

El área de Servicios Sociales de Las Palmas de Gran Canaria atiende, según los últimos datos de que dispone, a cerca de 800 familias que se encuentran en riesgo de exclusión. Es el trabajo de los equipos específicos de familia e infancia que hay dispuestos en cada uno de los cinco distritos, y que pueden tener hasta 50 expedientes cada uno de ellos, creando planes individualizados para cada uno de esos casos. En total, son alrededor de 1.000 los menores a los que se vigila para evitar que caigan en desamparo, un trabajo preventivo que en muchos casos hace disminuir los indicadores de riesgo antes de que se llegue al punto de no retorno.

Hoy se celebra en todo el mundo el Día Internacional de la Infancia, propuesto por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), para conmemorar la firma de la Convención sobre los Derechos del Niño de 1989. Por ello, la ciudad celebrará un acto muy especial con los jóvenes que participan en el Vopia (Voces del Órgano de Participación Infantil y Adolescente), y esta misma semana rubricó en el Parlamento de Canarias el reconocimiento oficial de la agencia de Naciones Unidas como «Ciudad Amiga de la Infancia», un espaldarazo a las políticas en la defensa y desarrollo de los derechos de la infancia y la adolescencia impulsadas desde el ámbito municipal para mejorar la calidad de vida de los niños y niñas, especialmente de los más vulnerables.

Durante la pandemia, explicó ayer Carmen Luz Vargas, concejala de Servicios Sociales, se ha vivido un incremento de casos de atención a estas familias especialmente vulnerables, si bien el porcentaje «se ha ido manteniendo en el tiempo». Según la edila, en estos meses se han puesto «ayudas alternativas» destinadas a paliar las consecuencias que estaba teniendo la Covid en muchas familias que perdieron sus ingresos y que dejaban a sus hijos en situación de vulnerabilidad, sobre todo porque no podían regresar a los comedores escolares. En ese sentido, se destinaron 3,6 millones de euros en ayudas económicas en formas de tarjetas de supermercado, ensalzó Vargas. 

Vargas asegura que el porcentaje de infancia vulnerable «se ha mantenido con el tiempo»

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Los equipos específicos de familia e infancia están pegados al territorio que les corresponde, trabajando con las familias que tienen una serie de indicadores que marcan la necesidad de ser atendidos por los servicios sociales. No se trata únicamente de trabajar en la situación de riesgo, sino también de prevención del mismo, acompañándolas para que el menor número de ellas caigan en el desamparo. De esta forma, se consigue que muchas de ellas superen esas señales que les llevan a la exclusión y que, por lo tanto, arrastren a los menores a su cargo a la misma situación de vulnerabilidad. 

Sin embargo, para aquellos casos que sí superan el indicador de riesgo, se abre un informe individualizado y se llevan a cabo otras medidas, a través de los dos centros de día de los que dispone el Consistorio capitalino. En estos lugares se atiende a los niños y niñas de entre 6 y 13 años en numerosos aspectos en función de las carencias de las que disponga cada cual. A partir de esa edad y hasta los 16 años, otro proyecto municipal continúa con este tratamiento si se entiende que el centro de día no ha sido suficiente para ellos. En este caso, se hace un seguimiento al adolescente, ya sea educativo, formativo, por falta de recursos o de habilidades sociales por parte de sus progenitores.

Carmen Luz Vargas señaló que, si bien hay algunos distritos más afectados que otros por el riesgo de exclusión de los niños y niñas, cada uno de ellos tiene sus particularidades. El de Vegueta-Cono Sur-Tafira o el de Ciudad Alta tienen mayores índices de natalidad e infancia que los de Centro o Tamaraceite-San Lorenzo-Tenoya. «Todo va en función de qué población acoge», aseveró la concejala, quien destacó que en alguno de ellos, además, no existen tantos problemas económicos como en otros, si bien no se quiere contribuir a la estigmatización de determinados barrios.

La urbe ayuda a la infancia a ver otras culturas con naturalidad gracias a su cosmopolitismo

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En cuanto a la tasa de natalidad de la capital grancanaria, que según datos del INE es de 5,98 nacimientos por cada 1.000 habitantes en 2019, destacó precisamente que su caída es menos acusada porque la tasa de nacimientos de nacionales es compensada en cierta medida con la de extranjeros. Ello convierte a Las Palmas de Gran Canaria en una ciudad cosmopolita y multicultural, y hace que los más pequeños de la casa convivan con total naturalidad con compañeros y compañeras de otras nacionalidades o etnias, y contribuya a una mejor convivencia para el futuro.

Ciudad amiga de la infancia

Sobre el reconocimiento de Unicef al trabajo del Ayuntamiento capitalino, Vargas aseguró que conseguirlo ha sido el fruto de dos años de trabajo, en el que «lo más importante para este grupo de Gobierno ha sido que el compromiso te obliga a trabajar con la mirada de los niños», hasta el punto que se vinculan a todo lo que ellos, a través de sus órganos de representación -el propio Vopia- empiecen a elevar como propuestas. «Esto va a ser una política transversal, desde Urbanismo, Alumbrado, Educación, Servicios Sociales, Parques y Jardines... Además de darles voz a ellos sobre qué ciudad quieren, estamos todos involucrados en que cada presupuesto lleve aparejado las iniciativas que se vayan aprobando», sentenció la concejala. 

Este año, Unicef ha querido poner el foco en la malnutrición y los muchos niños en el mundo, uno de cada tres, que no pueden alimentarse de manera saludable.

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