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Puerto

Un paseo en familia por el Atlántico durante la regata ARC

La regata ARC, que comienza mañana, congrega a una flota de 150 veleros con historias singulares

Un paseo en familia por el Atlántico | JUAN CASTRO

Atravesar el océano a bordo de un velero no es un juego de niños, aunque sí puede convertirse en una inolvidable aventura familiar. La regata Atlantic Rally for Cruisers (ARC), que zarpa mañana de Las Palmas de Gran Canaria rumbo a la isla caribeña de Santa Lucía, lleva casi cuatro décadas demostrándolo: las familias que se han sumado a la aventura náutica desde su primera convocatoria en 1986 se cuentan por centenares y el pantalán en el que atracan cada año en el Muelle Deportivo de la capital está cada vez más ocupado.

Un paseo en familia por el Atlántico

«Es que navegar es un poco como ser padres, te vuelves multitarea para que todo funcione y te pasas el tiempo agotado», bromea Katie Burgess, que vive en el mar con su marido Lyall -al que conoció en 2011 tras la ARC- y sus dos hijas. Un buen día vendieron su coche y alquilaron su casa -vivían en Hawaii- para adquirir una embarcación, Blake, con la que surcan los mares desde el pasado septiembre.

Un paseo en familia por el Atlántico Jacobo Corujeira

Llegaron a Las Palmas de Gran Canaria dos semanas atrás, con el tiempo justo para descansar y dar los últimos toques al velero, aunque aseguran que su corta estancia en la capital no es por exceso de confianza antes de la regata: «Hemos hecho otras muchas travesías del Atlántico en distintos barcos, tenemos la experiencia y estamos acostumbrados a vivir con pocos recursos, aunque sigue siendo un reto», reconoce él.

Katie y Lyall, como el resto de parejas, tienen que ingeniárselas para manejar con solo cuatro manos lo que en otros veleros es trabajo para más de dos tripulantes. No resulta una tarea sencilla, por lo que la organización de la regata organiza antes de cada edición un seminario en el que los regatistas ponen en común consejos pensados para hacer más fácil este tipo de travesías. En el de este año, el canadiense Gavin French, que navega a bordo del Water Dogs con su mujer Valerie y sus tres hijos, compartió un valioso truco para amarrar los cabos sin peligro una vez llegados al destino.

«Más allá de los consejos, lo más importante es que los dos sean marineros experimentados porque si solo uno de ellos lo es, acaba resultando un desafío», agrega French, que ya ha participado en otras cuatro travesías atlánticas y continúa repitiendo por «la experiencia social familiar» del Muelle Deportivo. El pantalán T es como un gran patio donde niños y niñas juegan durante estas semanas conociendo a sus vecinos de amarre en «una atmósfera maravillosa», en palabras del regatista.

Los daneses Thomas y Cecilie Damgaard Bak son de esas parejas sin demasiada experiencia de navegación oceánica, por lo que optaron por llevar con ellos y sus hijos a dos tripulantes extra que les ayudarán en alta mar. Cuando decidieron dejar atrás su vida en tierra firme -él, agente inmobiliario; ella, fiscal- optaron por la ARC porque les parecía una opción segura: «Atravesar el Atlántico puede ser complicado si no has navegado demasiado», argumenta ella.

«Compramos el Zeester en 2019 y solo hemos podido navegar ese verano y el de 2020, por lo que unirnos a la ARC nos parecía lo más lógico», detalla él. Su objetivo es casi tan ambicioso como el de quienes se proponen ganar la regata: «No es que queramos ser los penúltimos, es que queremos ser los últimos», comenta Thomas entre risas. «Queremos cruzar el océano con seguridad», recalca Cecilie a su lado.

Mástil roto

Simon y Amandine Pollard, que zarparon de Nueva Zelanda en junio de 2020, también conocen las dificultades y alegrías de navegar en familia, aunque en su caso la experiencia ha tenido complicaciones adicionales. Su objetivo inicial era la ARC Plus, que zarpó el pasado 7 de noviembre, pero seis semanas antes de la regata descubrieron que el mástil de su velero tenía una rotura. Una vez en seco se confirmaron las malas noticias: «Parecía que era solo una pequeña brecha, pero era mucho más serio», desvela ella.

Por suerte, los trabajos en el varadero de Rolnautic fueron lo suficientemente rápidos como para devolver el barco al mar a tiempo para la ARC y pudieron volver a centrarse en lo importante, los preparativos de cara al domingo: «Hacer las compras ha sido fantástico, en el Mercado Central todos han sido muy servicial y el género es realmente bueno», celebra Amandine.

Como ellos, cientos de navegantes apuran hoy las últimas horas en tierra firme antes de empezar la travesía del Atlántico. A partir de mañana, los alisios les impulsarán hasta Santa Lucía a la espera de regresar dentro de un año a su casa de Las Palmas de Gran Canaria.

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Participantes en la regata ARC, en el Muelle Deportivo de Las Palmas de Gran Canaria Juan Castro

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