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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Puerto

Seis jóvenes franceses desarrollan el proyecto 'Reseacle' contra el plástico marino

Los chicos, de entre 22 y 25 años, buscan concienciar sobre la contaminación acuática en distintos puertos, entre ellos el de Las Palmas de Gran Canaria

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El proyecto Reseacle, en Las Palmas de Gran Canaria Andrés Cruz

Actuar, investigar y sensibilizar. Son los objetivos que se marca el proyecto ‘Reseacle’, que promueven seis jóvenes franceses que se dedican a recoger y reciclar plásticos en las aguas del Atlántico.

El problema de la contaminación marina por plásticos es global, y cada año se incrementa. También crecen las iniciativas para combatirla, pero sobre todo concienciar a la población para evitar el consumo masivo de este producto en aspectos de la vida cotidiana en los que no es necesario. Con las ideas de actuar, investigar y sensibilizar nace el proyecto Reseacle, desarrollado por un grupo de jóvenes franceses que han querido contribuir con su granito de arena a lograr un mundo más limpio. Mathilde, Eliot, Brayan, Nawel, Loic y Cedric han decidido embarcarse en una aventura náutica que les lleva desde una ciudad cercana a Marsella hasta el Caribe, cruzando el Atlántico, para llevar un mensaje de sostenibilidad allende los mares, haciendo una parada en Las Palmas de Gran Canaria

En el último mes, estos jóvenes franceses, tres de los cuales están estudiando ingenierías y han decidido tomarse un «año sabático» en el que poder desarrollar este proyecto, han estado en la isla, tratando de colaborar con las instituciones en la búsqueda de soluciones sostenibles a problemas de limpieza y contaminación. Aunque no lo han tenido fácil. Según relatan a este periódico, las trabas burocráticas han provocado que, finalmente, hayan tenido que obrar por su cuenta, o en cooperación con otros grupos y asociaciones ecologistas de Gran Canaria. También se han encontrado con otras familias y personas interesadas en ayudar en lo posible dentro del Muelle Deportivo, en el que están atracados con su velero, el Red Cloud Nice. A bordo, además de una ilusión desbordante, llevan máquinas preparadas para triturar, fundir y prensar los plásticos que van rescatando del entorno marino para reconvertirlos en giroscopios o pequeñas macetas. 

«Nuestra intención es más colaborar con la ciudadanía de los lugares a los que vamos que enseñar, porque realmente no tenemos tanto conocimientos para ello», explica Mathilde, mientras sus compañeros preparan todo para partir. Hoy abandonan la isla para poner rumbo a Cabo Verde, donde esperan llegar en una semana. Desde el archipiélago africano, marcharán hacia el Caribe, donde podrían llegar a mediados de febrero o principios de marzo. Aunque también actúan con tratamientos de choque en el entorno marino de los lugares a los que van, lo más importante de su misión por el Atlántico, apuntan, será «sensibilizar a la población» acerca de los peligros del plástico y de los nuevos usos que se le pueden dar. 

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Proyecto Reseacle en el Muelle Deportivo de Las Palmas de Gran Canaria Reseacle

En ese sentido, buscan que la gente «se dé cuenta del problema que hay, pero que también existen soluciones». Recuerda Mathilde que las pequeñas acciones pueden suponer grandes logros. Empiezan por dejar de usar bolsas de plástico en las compras, o no consumir ensaladas que vengan en recipientes de plástico, o fruta en bandejas plásticas. Gestos que pueden parecer insignificantes, pero que unidos hacen una marea. «En las inmediaciones del muelle de Las Palmas, en apenas 100 metros, rescatamos una gran cantidad de basura de los fondos marinos», señala la joven. Su compañera Nawel, por su parte, admite que se han topado con una situación mucho más delicada de la que creían en un primer momento, pero que a pesar de ello, no han perdido las ganas, sino que, al contrario, «nos ha motivado más para seguir en este proyecto y llegar a cuantas más gente mejor». 

En la capital, casi no han podido actuar debido a las trabas burocráticas que se han encontrado

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Pese a este loable propósito, reconocen haberse encontrado muchas trabas burocráticas durante el mes que llevan en el muelle deportivo palmense, tanto desde el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria como desde la Autoridad Portuaria. Les han dado plazos inabarcables para estudiar sus peticiones de actuación, de hasta tres semanas cuando solo iban a quedarse poco más de 21 días, por lo que han terminado actuando por su cuenta y con otras entidades y población. Por ejemplo, acudieron dos veces a limpiar las laderas de la iglesia coreana hacia el parque Doramas. «Intentamos colaborar con las ciudades porque es algo que disfrutamos», defiende Mathilde. 

De Reseacle, que emprendieron en noviembre de 2020, destaca uno de sus lemas: «Vale más una imagen que mil palabras». De ahí que, desde el principio, hayan querido llevarlo a las redes sociales para darlo a conocer, pero también que vayan grabando cada una de sus etapas para elaborar un documental una vez finalicen -probablemente entre mayo y junio, ya que deben volver a las clases-. «Queremos compartir nuestra experiencia y el resultado de las investigaciones a través de esa pieza audiovisual y de nuestra especie de diario de a bordo en redes», explica Nawel. Ello les ayudará a sensibilizar más allá de las acciones finitas que lleven a cabo a bordo del velero. 

Es por esta clara apuesta por llegar a cuanta más gente mejor, que en sus limpiezas en los puertos por los que han pasado hasta la fecha, entre los que están Valencia, Gibraltar y Arrecife, han invitado a todas aquellas personas interesadas en sus acciones. Desde niños a mayores, han contribuido a recuperar basura de los fondos marinos y han observado cómo pueden transformarse y tener otras vidas y usos. 

Investigación

Además de los planes de choque y de las campañas de sensibilización entre la ciudadanía, el proyecto Reseacle tiene una tercera pata en la que colabora con otras entidades de investigación: muestrear residuos de plástico a lo largo del viaje para llevar a cabo un estudio en cooperación con Oceaneye, con sede en Ginebra. De esta forma, la iniciativa de estos jóvenes franceses se compromete a proporcionar estudios científicos sobre la densidad de los microplásticos en nuestros océanos utilizando una red de muestreo en la que hay involucradas hasta una quincena de embarcaciones que transitan por distintos mares del mundo. 

Entre Nawel y Mathilde detallan en qué consiste esta cooperación. Con un artilugio que les ha cedido Oceaneye, recuperarán muestras de microplásticos en el océano, que luego analizarán estos laboratorios. Pretenden descubrir «cómo el plástico se mueve con las corrientes, cómo interactúa con las mareas y cómo se va descomponiendo hasta convertirse en esas partículas ínfimas», muchas de las cuales tienen el mismo tamaño que el plancton. En definitiva, analizar «cuál es el impacto de este material en el entorno acuático y su concentración en distintas áreas del mundo». Y es que, resalta Mathilde, «se ha escrito mucho sobre esta problemática, pero todavía queda mucho por hacer e investigar». 

Mathilde, Eliot, Loic, Brayan, Nawel y Cedric estarán a bordo de su velero hasta mitad de junio

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Las próximas etapas de su viaje de aventuras y conocimiento les llevarán a Cabo Verde, donde estarán unas semanas, para luego ir hacia el Caribe, donde sí estarán más tiempo entre país y país. Allí se reunirán con más asociaciones y entidades que, como ellos, se preocupan por la sostenibilidad y la contaminación de las aguas, para conocer sus proyectos y contribuir al máximo en la sensibilización de sus poblaciones. En la vuelta hacia Francia, allá por mayo, harán una parada en las Azores, la última antes de regresar al puerto de origen. «Es muy importante para nosotros este proyecto porque nos enseña muchas cosas muy diferentes, desde navegar -solo uno de ellos tenía algunos conocimientos en embarcaciones pequeñas- a descubrir nuevas culturas y formas de vivir y pensar», señala Mathilde. 

Estos jóvenes han querido dedicar parte de su vida a luchar contra la contaminación que, cada año, deja millones de toneladas de plásticos en nuestras costas. Su ejemplo ha motivado a muchas personas de todas las edades a interesarte por esta problemática y tratar de ayudar en la medida de sus posibilidades. Reseacle nació como una iniciativa que conjugaba aventura, investigación, acción y concienciación en un mix perfecto, y todavía tiene mucho que decir en su periplo a través del océano Atlántico. «Pensamos en microplásticos porque era algo que nos tocaba muy de cerca», reconocen. La lucha continúa, y con pequeños gestos como este se logra una revolución. 

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