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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Azul atlántico

Las memorias de Eligio Hernández

Que es ser español hoy? En ese dramático camino por el terreno de la memoria que es la historia de un país, los canarios han hecho siempre un papel distinguido. He aquí un español de cuerpo entero, con patria grande y patria chica. Español, canario, católico y socialista, Eligio Hernández Gutiérrez (El Pinar, 1947) se ha puesto a escribir sus memorias. Eso anuncia a quienes comparten sus confidencias en un discreto restaurante de la plaza de los Derechos Humanos de la capital grancanaria. Un reto para un hombre público protagonista y testigo de primera línea de los principales acontecimientos de finales del siglo pasado en Canarias.

Eligio Hernández acaba de enterrar a su madre en el camposanto de Valverde. Ingresado en la religión católica, apostólica y romana, no le disgusta que se sepa ni hace alarde de ello. En una envidiable forma intelectual, se encuentra cercano a la edad aristotélica de la sabiduría. Es un placer escuchar sus historias, como también será una delicia leer su vida.

Salta del asesinado del presidente Luis Carrero Blanco, que le sorprendió en Madrid; a la liberación de arbitrios del queso de El Hierro en Gran Canaria que facilitó Matías Vega; pasa por el MPAIAC de Cubillo; rememora un padrenuestro en la catedral de Santa Ana en la muerte de Juan Rodríguez Doreste; sin olvidar, la primera misa por Juan Negrín y su Fundación.

Eligio Hernández lleva ya de ganancia la estatura. Es un gran tipo en todos los sentidos y de por si impone respeto. Habla mucho, lee mucho y ya come poco, de tanto que habla. Justo, cortés, rebosante de vigor, atesora un inmenso saber y se muestra de seguro juicio.

Generosidad de un corazón honrado, encontró a la mujer de su vida en Telde, a donde le habían llevado la lucha canaria primero y después la judicatura. La transparencia de su lenguaje le ha sido de una gran ayuda en los parlamentos y en los tribunales.

La primera virtud que resplandece en él es la claridad. Llama a las cosas por su nombre, como ha quedado claro en sus intervenciones públicas y en sus habituales colaboraciones periodísticas.

En esta España compleja y fragmentada, Eligio Hernández ha sabido defender la España real, aunque no se tenga en cuanta su criterio, como se debe y se merece, en las casas del Pueblo, pese a tratarse del socialista canario, creo, de mayor autoridad intelectual. Años atrás, hace varias décadas ya, sólo el gallego Francisco Vázquez y el canario eligio Hernández se identificaban como católicos practicantes en la bancada socialista. Y pese a aquella inmensa minoría contaban en el grupo parlamentario de entonces con el inestimable apoyo de Alfonso Guerra.

Ortega y Gasset decía que el hombre no tiene naturaleza, que lo que tiene es historia. Eligio Hernández atesora ambas. El Hierro de su infancia y la historia de su propia vida. «El pollo del Pinar», el luchador que como fiscal general del Estado facilitó la investigación sobre los GAL que dió con el ministro José Barrionuevo en la cárcel y sentó en el banquillo a Felipe González, es un varón justo que duerme a pierna suelta con la conciencia tranquila.

Hombre del pueblo que le ha visto las orejas al lobo de la necesidad y de la miseria de los herreños, sabe por experiencia propia el valor de una vida devotamente consagrada a la Justicia. Con una envidiable libertad de opinión, ilustrado, estudioso, de honradez diáfana y de una reputación muy justificada, tiene enemigos, como todos.

Especialista y estudioso del general Valeriano Weyler y apasionado defensor de la Guardia Civil, Eligio Hernández quedará en la vida y la política de España como uno de los canarios más logrados del siglo. Gran don ha sido para esta Canarias, en una época de transición y cambio de régimen, el haber aportado a la política nacional un jurista e intelectual de la talla de Eligio Hernández, y no pequeña suerte que nos permita gozar de su presencia, de su vida y de sus frutos.

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