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La Provincia - Diario de Las Palmas

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El protocolo que salvó a los cruceros del naufragio total durante la pandemia

Los Premios Puertos de Las Palmas reconocen el trabajo de Sanidad Exterior y el Servicio Canario de Salud para establecer las normas que permitieron recuperar esta actividad

El capitán del ‘Mein Schiff 2’ se dirige a las autoridades durante la primera escala de TUI Cruises en Las Palmas de Gran Canaria en noviembre de 2020. LP/DLP

El seis de noviembre de 2020, el Mein Schiff 2 realizó su primera escala de la temporada en el Puerto de Las Palmas. Como cada otoño, el barco de TUICruises cambiaba el Mediterráneo por el Atlántico y atracaba en su base del muelle de Santa Catalina, pero ese año todo era diferente. La industria se había ido a pique en todo el mundo unos meses antes arrastrada por varios brotes masivos de coronavirus a bordo en todo el mundo, por lo que todo el sector observaba a Canarias con lupa. El Archipiélago se convirtió en uno de los escasos lugares del planeta donde la pandemia no logró parar por completo esta actividad, algo en lo que tuvieron mucho que ver los protocolos acordados entre las administraciones y las navieras. Los Premios Puertos de Las Palmas reconocen este año el trabajo silencioso llevado a cabo por los profesionales del Servicio Canario de Salud y Sanidad Exterior para poner en marcha esas pautas. 

La elaboración de las medidas fue un trabajo a varias manos para el que se tuvo en cuenta la experiencia adquirida en los primeros meses de 2020. Con la prohibición de escala a los cruceros internacionales adoptada en marzo, uno de los primeros aspectos tenidos en cuenta es que los barcos que regresaran debían hacerlo bajo pabellón de algún estado miembro de la Unión Europea, ya que de este modo se podía garantizar un paraguas normativo homologable al español. A partir de ahí fue necesario establecer pautas de embarque o desembarque, capacidades máximas a bordo o la obligatoriedad de las pruebas diagnósticas antes de embarcar, entre otras decisiones.

En septiembre de ese año, la sede de la Presidencia del Gobierno de Canarias en Las Palmas de Gran Canaria acogió una reunión crucial en la que participaron, entre otros, los consejeros de Sanidad y Obras Públicas, Blas Trujillo y Sebastián Franquis; los presidentes de las autoridades portuarias de Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife, Luis Ibarra y Carlos González; y el director del Servicio Canario de Salud, Conrado Domínguez. Del encuentro surgió el protocolo definitivo, que obligaba a las navieras a contar con un seguro específico para cubrir los gastos de los potenciales contagios que debía incluir los gastos médicos, el número de camas hospitalarias reservadas por las compañías e incluso los costes de repatriación.

Autoevaluación previa

El protocolo incluía también una autoevaluación que los cruceristas entregarían antes de embarcar, con un test en el que debían especificar si habían estado en contacto con casos positivos, enumerar los países que habían visitado en las semanas anteriores o si habían llegado a dar positivo en algún momento. A bordo, las navieras estaban obligadas a mantener una ocupación limitada a menos del 70% y a contratar personal sanitario extra. También debían restringir las salidas de sus tripulantes durante las escalas y reforzar los sistemas de ventilación de los buques. 

El director del Servicio Canario de Salud se muestra agradecido por la concesión del premio, «pues es el reconocimiento al trabajo de regulación normativa y de Salud Pública realizado por los profesionales». Para Domínguez, el galardón representa «el esfuerzo por intentar entre todas las instituciones mantener la actividad económica en unos momentos complicados por la presencia de la covid-19». El protocolo, agrega, «contribuyó a garantizar la seguridad y a reducir los contagios por coronavirus». Para ello también incluía actuaciones de vigilancia de las medidas preventivas, cribados periódicos o controles epidemiológicos y recomendaciones para el desembarco temprano y bajo supervisión médica de los casos confirmados y sus contactos estrechos.

La puesta en práctica de las medidas impulsó la presencia de navieras en Canarias. Tras los buques de TUI llegaron los de la otra compañía más relevante en el mercado invernal del Archipiélago, AIDA Cruises, aunque la enseña alemana del grupo Carnival se vio obligada a paralizar sus operaciones durante algunas semanas a mitad de la temporada por un ataque informático. Junto a las dos gigantes habituales de las Islas llegaron firmas como Hapag-Lloyd Cruises o Nicko, lo que permitió cerrar la temporada con 80 itinerarios por la comunidad autónoma, sin tocar puertos de otros territorios o países. Un total de 103.500 pasajeros –cantidad testimonial si se compara con cualquier otra temporada, aunque resultó todo un hito en plena pandemia– pasaron por Canarias entre noviembre de 2020 y junio del año pasado.  

Referencia para el sector

Canarias se convirtió en una referencia para toda la industria, como lo demuestran el gran número de escalas que ha recibido el Archipiélago durante la temporada que concluye estas semanas y la presencia de nuevas compañías, como Virgin Voyages, que nunca antes habían estado en las Islas. La prueba piloto resultó un éxito, pero no solo en el plano comercial. Como recuerda Domínguez, los resultados del protocolo quedaron plasmados en un artículo científico que vino a probar la eficacia de las medidas. 

El artículo Prevención de covid-19 en cruceros: el caso de Canarias, que fue elaborado por facultativos de la Dirección General de Salud Pública, fue publicado en la revista Journal of Travel Medicine. En él se vino a demostrar la posibilidad de viajar en este tipo de buques en plena pandemia, «ya que su principal conclusión es que tanto los cruceristas como los tripulantes que llegaron a Canarias a bordo de estos barcos lo hicieron de manera segura, ya que se notificaron pocos casos y no se produjeron brotes importantes», recalca el director del SCS. 

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