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La Provincia - Diario de Las Palmas

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José Brito: «Las piezas que tocarán los niños serán los nexos del pregón al hablar de fraternidad o hermandad»

«Vengo de una familia de músicos, mi padre creaba coros en Schamann, Buque Guerra, Escaleritas o Las Torres»

José Brito, pregonero de las Fiestas Fundacionales. Juan Castro

Natural del barrio de Las Torres, José Brito, es uno de los miembros fundadores de Barrios Orquestados. El próximo 3 de junio el pregón de las Fiestas Fundacionales carrerá a su cargo.

¿Qué se siente al ser pregonero de las Fiestas Fundacionales de su ciudad natal?

Mucho orgullo. Lo cierto es que no siento que deba ser la persona que da un pregón, hay muchísimos intelectuales que podrían estar a la altura. Pero también entiendo que es la representación de la vida de la ciudad, por lo tanto cada uno de sus habitantes podría dar su pregón. Representar a todos los vecinos y las vecinas de la capital es un orgullo después de estos cinco siglos y medio.

Natural del barrio capitalino de Las Torres.

Me crié en Las Torres, en una época en la que toda esa zona de Las Majadillas y demás era muy periférica. No había prácticamente ni conexiones. Para coger una guagua había que esperar una eternidad. Para ver la primera película de Bruce Lee, eso fue un acontecimiento en el que nos íbamos de excursión prácticamente. Ahora esa zona ha crecido mucho. Tras casarme me fui a vivir a Guanarteme, que también mantiene esa esencia de barrio aunque corre el riesgo con la especulación. Lo cierto es que reivindico la identidad de barrio. No puedo si no sentirme conectadísimo a las realidades de los barrios. La identidad de la periferia es algo común, es la de personas que venían muchas veces de otros municipios en busca de un futuro mejor, como siguen viniendo gente en patera de otros países. Representamos esa esperanza, ese intentar crecer y cambiar de rumbo; claro, sin desdeñar a los barrios que han conformado esta ciudad. La periferia natural no me impide disfrutar de Vegueta o Triana.

Una identidad de periferia de la que nace Barrios Orquestados. ¿Es así?

La conexión está. Vengo de una familia de músicos, ya mi padre hacía trabajo social, sin llamarlo así. Creaba coros en Las Torres, en Schamann, en Buque de Guerra, Escaleritas, ahí se aunaban muchas voluntades de realidades dispares. Igual te encontrabas a alguien que estudiaba derecho con el carpintero o el tendero. De repente todos cantaban juntos y se eliminaban todas las diferencias. Eso te marca una infancia. Esa inquietud social siempre me ha acompañado. De alguna manera había tenido un aprendizaje para después crear Barrios Orquestados, con un modelo que fuera repicable para enseñar música instrumental, no solo coral. El nacimiento de este proyecto está conectado con mi realidad de ser hijo de un barrio periférico y con esa inquietud que viví con mi familia cuando era un niño.

Una inquietud que se ha ido desarrollando durante estos últimos diez años.

Hace diez años comenzó un proyecto que ni siquiera nació como tal, si no como una simple experiencia. Siempre recuerdo que en los inicios decíamos «bueno, vamos a estar un par de meses», con la idea de tener una experiencia más en la vida. Había que colmar de alguna manera las necesidades que uno tenía; aportar a los demás desde lo que yo sé hacer: Tocar instrumentos, convertirlos en comunidad a través de un coro o una orquesta. Y todo de forma altruista, no había nada que nos motivara que no fuera esa inquietud social y el deseo de darse al otro desde la docencia. Que hayamos estado diez años es un hito. Hoy son 42 trabajadores no solo en la capital, estamos en otras Islas, en Honduras y en Chile. Siento que en ese espíritu colectivista cada vecino y cada vecina tiene un pregón particular tan digno como el de cualquier intelectual.

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¿Están sacando a la luz el talento que hay en los barrios?

Hay muchísimo más talento del que uno se pueda imaginar. Muchas veces no brota, porque no tienen oportunidades, no les sucede ese momento. Al ir a demostrar tu profesión y dedicarles un instante, puede despertar en los niños y en las niñas una de elementos espectaculares. Cada vez que vamos a hacer una presentación en un barrio nos llevamos sorpresas. Independientemente de si llegan o no a dedicarse a la música, lo que es indudable es que les ha generado un sentimiento de identidad, les ha integrado en una comunidad y que les ha hecho ver que su aportación es fundamental.

Hablaba de la odisea que suponía ir al cine de niño desde un barrio de periferia. ¿Hay una necesidad de acercar la cultura a los barrios?

Es absolutamente necesario. El problema, desde mi punto de vista, es que muchas veces lo que se oferta, es algo que está muy instaurado no solo en esta ciudad, es que se brinda mucho entretenimiento. El problema es que es algo que solo tienes en el tiempo real, no cultivas algo en el medio largo plazo. El entretenimiento está muy bien para las fiestas, pero a veces es solo una pequeña distracción. El trabajo que hace Barrios y muchos proyectos que me constan de adentrarse, hace realidad una formación, sin plantear un principio y un cierre. No puedes empezar proyectos con una finalización. Eso es contranatura al proceso de aprendizaje. En estos barrios muchas veces lo que hay que inculcar es constancia y perseverancia.

Entonces, Barrios Orquestados tiene vida para rato.

Numerosas instituciones nos lo preguntan «¿cuándo acabarán?» Eso no lo decidimos nosotros. Tendrá que ser la propia comunidad; cuando no sea algo necesario al alcanzarse unas cotas de mejoría cultural. Todas estas acciones formativas y educativas que van dando señales a los ciudadanos, plataformas donde desarrollar todo su talento creativo. Cuando transformas la vida de solo un niño, lo haces de su familia, de sus amigos, de su entorno. Va llegando a todos lados como en un red. Es muy diferente escuchar la noticia de diez coches quemados en Jinámar que cuatro niños de un proyecto cultural han llegado a tocar en el Victoria Hall de Ginebra. Eso cambia sustancialmente la narrativa. Que llegues a la panadería o al bazar y lo que se diga es ‘mi hijo está tocando el violín’, eso cambia todo. Ojalá llegáramos a todos los que quieran.

Habría que cultivar otras artes, entiendo.

Claro. Nosotros acabamos de hacer un musical. Nos metimos en el terreno de ampliar no solo el canto y la formación instrumental, también la puesta en escena, la dramaturgia, el baile. De repente vimos el talento de chiquillos y chiquillas con capacidades dramáticas o de danza. Dijimos, igual hay que empezar a pensar en ramificar. Solo atendemos a una de las artes, ¿pero que hay de la danza, las plásticas? De repente te llegaba un chico con un dibujo y te decía que el arco podía hacer y le decías ¿pero esto lo dibujaste tú? Te llevas muchas sorpresas.

¿Qué veremos de Barrios Orquestados en el pregón del próximo 3 de junio?

Voy a intentar articular un pregón que no sea largo; sin sobrepasar los 25 minutos y donde esté integrada la parte musical y los niños y las niñas. Habrá una representación, una pequeña orquesta de unos 22 músicos de los diferentes barrios en los que estamos trabajando en Las Palmas. Las piezas serán los nexos del propio pregón. Si tenemos que hablar de la fraternidad, de la apertura al mundo, de nuestro hermanamiento con África, habrá una representación de esa música. Si tenemos que hablar de eso que decía un poeta de que el canario es un europeo que nace en África y emigra a América; por eso también articularemos con una música la conexión con Latinoamérica. Si tenemos que hablar de un espacio sin violencia, que es como siempre he entendido esta ciudad, intentaremos hablar de Romeo y Julieta, por ejemplo, como contraposición a lo que no se debe llegar; o sobre la libertad de expresión. Hay ciertas piezas que ya tocan maravillosamente bien y que pueden ser la argamasa de ese discurso. No me gustaría un pregón en el que se termina de hablar y se toca, como un concierto, si no que esté perfectamente integrado.

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