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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Comercios históricos de la capital

Los sándwiches de Pizco son sinónimo de celebraciones en Las Palmas de Gran Canaria

El establecimiento cumple 50 años tras convertirse en el centro neurálgico para el desayuno y la merienda de la zona Triana

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Comercio histórico: Sandwichería Pizco JC Guerra

En 1972, abrió sus puertas la sandwichería Pizco en General Bravo. Ahora, en Travieso mantiene a su fiel clientela y la esencia que le ha llevado al éxito. Sus sándwiches no se pierden una fiesta.

La sandwichería Pizco es sinónimo de celebraciones. Durante cincuenta años, sus sándwiches de berros o atún y huevo han sido un referente para muchas fiestas de amigos, cumpleaños, comuniones, bautizos o hasta bodas, e incluso han viajado más allá de nuestras fronteras. Emplazada en el corazón de Triana, este establecimiento ha visto pasar a varias generaciones de familias, de las que nietos e incluso bisnietos de sus primeros clientes son ahora quienes se acercan a desayunar o merendar. Y es que, desde que la fundaran en 1972 Tomás Rivero y su mujer Ana, la esencia se ha mantenido, y eso es reconocible por gran parte de la población capitalina.

Hace diez días, Pizco soplaba 50 velas. Lo hacía con la lozanía casi intacta. Cuando abrió sus puertas en un pequeño local de la calle General Bravo, muy cerca del colegio de las dominicas y del conservatorio de música de la época, que se encontraba en el palacete Rodríguez Quegles, trajeron un novedoso modelo de negocio que habían visto en algunas ciudades del extranjero como Londres, pero que era pionero en Las Palmas de Gran Canaria. La buena acogida que tuvo fue casi instantánea, y se mantiene hasta la actualidad.

Las variedades de aguacate y gambas son las más vendidas, junto con alguna tradicional como la de berros

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Se trata de un negocio familiar que ahora lleva la segunda generación, formada por Santiago Déniz y Natacha García, pero cuyos copropietarios siguen siendo sus fundadores. Chago, como conocen popularmente a Déniz, comenzó a trabajar en la sandwichería de la familia con 22 años, nada más salir de la mili, y desde entonces sigue detrás del mostrador. Ha visto cómo el local se agrandaba en General Bravo, ocupando toda la casa con patio en la que se encontraba y creando una coqueta terraza que todavía recuerdan muchas personas. Y también cómo se trasladaba en 2004 a su emplazamiento actual, en la calle Travieso, muy cerca de la Mayor de Triana.

En 1972, Rivero y su esposa, tras importar la idea de fuera, comenzaron comercializando bocadillos, puesto que era la tradición en Canarias, pero al poco tiempo, y siempre dando a probar a su clientela los cambios, introdujeron el sándwich, la miga, y todo cambió. Desde 1974, solo se dedican a ello, no venden ni papas, ni dulces, ni ningún otro producto. Únicamente bebidas para acompañar al pan y que no se añulgue la clientela. Y todas ellas, sin alcohol. Según Natacha García, «hay dos cosas de las que sentimos orgullo: una es que Pizco sigue siendo Pizco, no hemos cambiado la esencia del negocio, y otra es que el personal siempre ha funcionado, no somos de cambiar gente». 

Por eso está convencida que la sandwichería tiene futuro «porque hay gente joven trabajando aquí desde un principio», que ya tienen ese vínculo con la empresa. No saben si seguirá o no perteneciendo a la familia, pero sí que apuestan a que seguirá habiendo personas que la mimen y que le sigan teniendo el cariño de sus fundadores, ya que la plantilla es «parte de la familia». 

Natacha y Santiago creen que el éxito recae en la lealtad de sus clientes y el adaptarse a los nuevos tiempos

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Lo otro que les hace ver el futuro con optimismo es el cariño que les da su clientela a diario y lo que imprimen en su trabajo. «Una de las filosofías de Tomás (Rivero) era tener mejor un local bien llevado que varios que no se gestionen bien», apunta García. Y eso se nota en la cantidad de gente que se acerca cada día a probar alguna de sus 36 variedades de sándwiches -comenzaron con siete en 1972-. Una de esas parroquianas es Soraya, vecina de San Telmo, que junto a su nieto degustaban alguna de las propuestas. «Vengo a Pizco desde que estaban en General Bravo, y ya venía con mis hijas porque nos quedaba cerca de casa; ahora, al que traigo es a mi nieto, que hoy me estaba diciendo si íbamos a venir o no», relata.

En estas cinco décadas de historia, Pizco ha sido parte de cumpleaños, celebraciones, reuniones de amigos, quedadas para ver el fútbol o hasta bodas. Sus sándwiches, además, han viajado muchísimo. Una de sus asiduas, Maricarmen Iglesias, se suele llevar una bandeja surtida cada vez que va a visitar a su hijo, que vive en la ciudad inglesa de Manchester. Y, más cerca, es bastante habitual, según los gerentes actuales del establecimiento, que sus productos vuelen a otras islas como regalo para los huéspedes.

Entre los sándwiches que más se venden en la actualidad, están los de aguacate o gambas, pero también siguen teniendo mucho éxito algunos de los que llaman «tradicionales», aquellos que perviven desde los inicios. Son los de berros, atún y huevo, atún y tomate y aceitunas. Además, también realizan algunos con pan integral, y siempre utilizan productos naturales y de calidad, muchos de los cuales adquieren directamente en los mercados de productores locales. A su vez, también reconocen que se han ido adaptando al gusto de los nuevos tiempos y a las preferencias de la gente joven que se ha ido sumando a la clientela del establecimiento. Así, nacieron nuevas variedades con sabores más modernos, como el de bacon con lechuga y salsa mostaza, con toques más americanos, que se asemejan más a lo que solicitan. 

Los secretos del éxito en cincuenta años de negocio tienen mucho que ver con esto, con conseguir atraer a nueva clientela sin perder a los parroquianos de toda la vida, que buscan esos sabores tradicionales, pero que no le hacen ascos a los nuevos que introducen. Natacha y Santiago tienen claro que el camino a seguir lo marcaron los fundadores, y que no se van a salir de esa senda mientras siga funcionando como hasta ahora, con abuelas que transmiten a sus nietos su amor por el negocio. Mientras, las celebraciones en Las Palmas de Gran Canaria, y en la Isla en general, seguirán contando con la bandeja de sándwiches de Pizco, que nunca se olvidan de una fiesta. 

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