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La Provincia - Diario de Las Palmas

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CELEBRACIÓN DEL DÍA DE CANARIAS / PASEO ROMERO DEL CLUB VICTORIA

Y al tercer año resucitó la parranda en Las Canteras

Decenas de romeros desfilan por las calles que bordean la playa con la romería del Victoria

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Romería por el Día de Canarias en Las Palmas de Gran Canaria (30/05/22) Andrés Cruz

Ni un alfiler cabía este lunes en el parque Santa Catalina y las calles Sagasta y Tenerife, tomadas por la gente que acudió a ver el Paseo Romero del Victoria, que volvió tras dos años de ausencia.

Había muchas ganas de parranda, tantas que más de uno no dudó en colocarse la toalla por encima y dejar por un momento la arena de  la playa para echarse un baile, en cholas, con los grupos que este lunes animaron la romería del Real Club Victoria. Algo normal cuando la romería se celebra por las calles que rodean Las Canteras como la que este Día de Canarias volvió tras un paréntesis de tres años. Los trajes típicos se mezclaron con los bañadores y las cholas y con alguna que otra maleta de viajeros que llegaban o se marchaban y se detuvieron un momento atraídos por el rebumbio. La mayoría de las terrazas de Las Canteras con vista a la romería, a su paso por la calle Sagasta, estaban a tope de clientes, que se gozaron el espectáculo desde primera fila comodamente mientras se tomaban su cervecita o refresco y un pizco.

 El tenderete se formó nada más arrancar el desfile, desde el parque de Santa Catalina, y a la cita no faltaron las vacas, ni los grupos de baile, ni las carretas y tampoco los barcos veleros, que el pasado sábado llegaron desde Tenerife, directamente del pueblo de Tegueste, invitados expresamente por el Victoria. Y es que desde 2010 una representación del pueblo de Tegueste celebra todos los años, con la excepción de los dos últimos debido al covid, el Día de Canarias en la isla de enfrente.

Al paseo acudieron dos barcos veleros y una carreta que llegaron desde el pueblo tinerfeño de Tegueste

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En total fueron nueve carretas, representando a las ocho islas y al Club Victoria las que pasearon durante más de dos horas -bajo un sol abrasador que casi al final se compadeció de los romeros y se ocultó tras la panza de burro- por las calles Luis Morote, Sagasta, Albareda, Tenerife, Eduardo Benot, Agustín Millares Sall y la plaza de La Luz.

El presidente del Club Victoria, Francisco Medina reconoció estar «emocionado y con muchos nervios y alegría al mismo tiempo» por retomar la tradición. «La hemos arrancado en veinte días, en los que hemos trabajado de una forma disparatada, porque no sabíamos si se podía hacer o no». Al final salió bien. La gente se lo pasó en grande y los romeros depositaron en la parroquia de la Luz frutas y verduras por un valor de unos 3.000 euros, que irán a parar a los platos de los comedores sociales de Cáritas. Y es que la solidaridad es el propósito que mueve el paseo romero, junto a la celebración del Día de Canarias.

Abrió el paseo romero una comitiva del pueblo de Tegueste, con una de sus carretas típicas, verdaderas obras de arte, elaboradas con granos tostados. Unos cuatro meses se tarda en elaborar estas maravillas, en las que primero se hacen los dibujos con los motivos elegidos y luego se rellenan o bordean con semillas. Ana Mena, alcaldesa de Tegueste y Eladia López, concejala de Festejos y carretera, aseguraron que para ellas es «un orgullo pasear por otra isla la tradición de nuestro pueblo», en la que se incluyen también los barcos veleros tirados por animales. Este año acudieron los barrios de El Socorro, Pedro Álvarez, Portezuelo, San Luis y El Gamonal. «Tenemos muy buen cable con ellos y siempre vienen», sostuvo Medina.

Este es el segundo año que acudió Nayara con las vacas que trajo su hermano desde Agüimes. «Si nos llaman, siempre venimos», aseguró Nayara.

Una cosa divina

Tampoco faltó a la cita Ana Gómez, que forma parte del grupo folclórico Xerax, del barrio de Schamann. Se empeñó en asistir, pese a no poder tocar la guitarra por problemas de salud. «La vuelta de la romería es una cosa divina. Imagínate lo que hace que no veníamos. No podía faltar», explicó.

Un poco más adelante bailaban Margarita, María del Pino, María y Paqui, de Mesa y López, Arenales y Ciudad Alta, que siempre han guardado fidelidad a la romería desde que nació. Ala del Victoria y a todas las que se les pongan por delante, porque ellas no perdonan una parranda. «A esta la echábamos de menos y la retomamos con gusto, porque después de la pandemia viene muy bien. Hemos vuelto a un pasado perdido, a nuestras tradiciones. Ahora comienza todo. Ahora hay tantas cosas que no nos da tiempo ir a todo. Hay que elegir», señalaron.

Tampoco dan abasto Linda López y Rosa Delia. Aunque son del grupo Tamonante acudieron «por libre» a la romería del Victoria, porque «algunas compañeras se han tenido que operar y no está el cuerpo completo», explicaba Rosa Delia, mientras esperaba la llegada de un grupo de amigas de Isla Perdida para juntarse y empezar a rumbiar.

El Club Victoria entrega 3.000 euros en fruta y verdura a la parroquia de La Luz para los comedores sociales

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«Nos lo pasamos en grande, porque nosotras vivimos esto de la canariedad y nuestras costumbres. Debería fomentarse más en los colegios y en las casas, porque vamos perdiendo las tradiciones y es una pena. Viene gente del quinto pino y se queda privada y nosotros no lo valoramos», se quejó Rosa Delia, quien recordó que su grupo, aparte de pasárselo de lo lindo en las romerías, acude tres veces al año a la residencia de ancianos de Taliarte y a otros centros a «alegrarle la vida a estas personas y que ellos nos la alegren a nosotros». Este Día de Canarias pensaban seguir la parranda hasta el final. «Yluego nos tomamos unas cositas», explicaba más feliz que una perdiz.

Conforme la romería avanzaba por la calle Sagasta, el paseo se transformaba y adquiría la condición de parranda, tras el influjo de las canciones, los bailes, los saltos y el trasiego de cerveza y de otros brebajes espirituosos. Los más marchosos fueron, sin duda, los que cerraban el paseo. Era imposible no mover el cuerpo o arrancarse con las palmas, contagiados por el tremendo vacilón de estos romeros que empezaron la fiesta con «échale vino tinto a este coche, que no arranca» y terminaron con el «triqui, triqui, triqui, traca», sin parar un segundo y tras cantar y bailar todo el repertorio folclórico festivo.

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