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Los asaderos y chuletadas regresan a San José del Álamo

El área recreativa de la capital reabre por primera vez tras la pandemia y acoge a decenas de domingueros en busca de una jornada festiva en familia

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Adzubenam Villullas

Adzubenam Villullas

Las Palmas de Gran Canaria

Las barbacoas de San José del Álamo vivieron este domingo más de un reencuentro entre carbón y chuletadas. El área recreativa de la capital por excelencia reabrió sus puertas hace unos días y los amantes de la fiesta y las buenas celebraciones rodeados de carne, picoteo y una buena brasa se acercaron hasta allí para retomar esa vieja costumbre de pasar el día en familia, de bisabuelas a bisnietos y los que están por venir.

El reloj marca poco más de la una de la tarde y el eurovisivo SloMo de Chanel suena a todo volumen. El olor a brasa y a chorizo parrillero empiezan a impregnar el ambiente. Los niños corren detrás de una pelota de fútbol y los últimos rezagados suben la cuesta cargados con la nevera, el caldero con las papas arrugadas recién hechas del día y un ristra de cervezas en serie. Mientras, bajo techo los más intrépidos llevan ya unas cuantas Coca Colas encima -y lo que no son refrescos-. Y es que el área recreativa de San José del Álamo ha reabierto y decenas de familias disfrutan del domingo como si volvieran a aquellos ya lejanos meses de comienzos de 2020, poco antes de que la vida se parara por completo.

«Es la primera vez que nos reunimos en familia después de estos dos años», apunta Pino Guillén, la mayor de diez hermanos. Le quedan apenas unos meses para cumplir los 81 años, pero eso no es excusa para dejar de salir de parranda, como quien dice, «es una alegría que volvamos a estar todos juntos», añade ella, «y eso que todavía faltan nietos y bisnietos». De la decena de hombres y mujeres que conforman los hermanos Guillén, a San José del Álamo solo pudieron acercarse siete este domingo;aún así sumando las cuatro generaciones allí presentes sumaban más de 40 personas. Una jarca de gentes con orígenes en el barrio de Arenales.

Los hermanos Guillén en San José del Álamo.

Los hermanos Guillén en San José del Álamo. / Juan Castro

Tortilla, ropa vieja, papas arrugadas, carne en salsa, ensaladilla, empanadillas y un sin fin de comida para alimentar a un regimiento. El área recreativa ha reabierto sus puertas por primera vez desde que estallara la crisis sanitaria y la ocasión había que celebrarla. «En verdad esto es espontáneo, solemos reunirnos mucho, pero la pandemia nos frenó», apunta Manuel, el único hermano Guillén varón allí presente.

Con una capacidad para unas 1.100 personas y a tiro de piedra de Las Palmas de Gran Canaria -la lomada cuenta con vistas privilegiadas de la ciudad- San José del Álamo es el destino predilecto para numerosas familias de la Isla. «Vimos la noticia que reabría el área y para acá que nos vinimos», apunta uno de los miembros de la familia Gutiérrez Ceballos mientras ayuda a su compadre con la brasa.

Los argentinos Gutiérrez Ceballos y sus ocho kilos de ternera.

Los argentinos Gutiérrez Ceballos y sus ocho kilos de ternera. / Juan Castro

Han traído nada más y nada menos que ocho kilos de ternera y están dispuestos a gastarlos todos. Los trozos de vacíos, un corte tradicional argentino de la zona de la barriga del animal, van desfilando por la parrilla del asado uno detrás del otro. «Fue un poco al azar ¿a dónde vamos? nos preguntamos el otro día y vimos lo de la noticia», señala Guadalupe Gutiérrez, «esta es la primera vez que nos reunimos así desde que todo esto de la pandemia empezó». 

Ceremonia en familia

Originarios de Mendoza, ciudad al pie de la cordillera de los Andes, el asado para los argentinos es una auténtica religión. Una ceremonia en familia que aglutina a varias generaciones y que va cargada de kilos y kilos de carne; algo, a decir verdad no tan alejado de las costumbres canarias -sin contar con el exceso de proteína-. Y es que a la ternera no le podían faltar unas buenas empanadillas criollas a base de carne molida, aceitunas y otros ingredientes. «Este sitio está muy bien porque no hay que pedir permiso, como en el parque de la Condesa, por ejemplo», indican; aún así, son de ir explorando y cambiando; porque al final lo importante es tener una buena brasa donde transformar la materia prima, como tan bien hacía Gustavo este domingo.

«Al final es una excusa para pasar el rato», comenta Elizabeth Betancort en su 50 cumpleaños

Unas mesas más allá, la fiesta sigue. En este caso con un cumpleaños por todo lo alto. Y es que los 50, el medio siglo de vida, no se cumplen todos lo días -por suerte diría alguno-. «Al final es una excusa para pasar un rato con la familia», apunta Elizabeth Betancort Ruíz, «normalmente nos reunimos sin necesidad de celebrar nada», aunque en esta ocasión lo merecía. Bien merecía unas cuantas chuletas de cerdo, unos chorizos parrilleros con su adobo embutido y un buen picoteo a base de papas arrugadas, queso semi, salchicón y demás. El kit al completo del dominguero que se va de asadero, básicamente.

«En verdad quería ir a Santa Cristina, que es más llano y me gusta más, pero fui a pedir permiso y estaba lleno», comenta Elizabeth. Y es que los grancanarios han tomado con fuerza la reapertura de las áreas recreativas después de que en los últimos meses levantaran las últimas restricciones covid -de hecho, San José del Álamo era de las pocas zonas que permanecía cerrada, para culminar una puesta a punto-.

Elizabeth Betancort en su 50 cumpleaños.

Elizabeth Betancort en su 50 cumpleaños. / Juan Castro

Naturales del polígono de San Cristóbal, «esta es la primera vez que reunimos así todos a lo grande al aire libre», apunta ella. Mientras, su marido, Francisco Araujo, comienza a poner al fuego las primeras chuletillas. Las ansias no son para menos, lleva al pie del cañón desde las ocho de la mañana, «para coger sitio». Otros se demoraron un poco más, «mi hermano vendrá para el café». Todavía andaba con la resaca del derbi.

Lo importante, es participar, como se suele decir. Y donde sobró asistencia fue en la fiesta de prenacimiento del pequeño Asier. «Celebramos que ya no vamos a tener vida», comenta Isaura Ramos, pareja de Yura Castellano, embarazada de ocho meses esta última. «Llevo dos meses organizando esto, llamé incluso al Ayuntamiento para ver cuándo reabrían el sitio este de asaderos, pero no me supieron decir», comenta Isaura, «por suerte un conocido pasó por aquí el otro día y me dijo que estaba abierto, cambiamos los planes, estuvimos a punto de montar todo esto en el barranco Guiniguada en una zona que hay un merendero». Y menos mal, porque si no les habría tocado cargar desde Casablanca III, «rezaba para que esto abriera», añade.

Rebeca Ramírez decora la barriga de embarazada de Yura Castellano.

Rebeca Ramírez decora la barriga de embarazada de Yura Castellano. / Juan Castro

Al final, la situación se alineó para que pudieran disfrutar de la jornada en familia. Más de 40 personas se congregaron en San José del Álamo para agasajar a Yura con regalos ante la inminente llegada del pequeño Asier. De hecho, Rebeca Ramírez, una amiga aficionada a la pintura corporal, le estaba decorando la barriga, «llevo aquí más de una hora, ya no siento nada», apunta la joven entre risas. Mientras, la otra chica terminaba pincel en mano de cincelar la silueta de Stitch -personaje de Disney-. Un toque de azul, otro de blanco, «no me dedico a esto, aunque no es la primera barriga que pinto, me gusta», confiesa.

Yura e Isaura se conocieron cuando tenían 17 años, «éramos muy niñas, así que decidimos dejarlo», apunta una de las dos, años después, «nos volvimos a encontrar y ya llevamos juntas cuatro años». De hecho, este sábado celebraron el primer aniversario de casadas, un hito en sus vidas que coincidió casi en el tiempo con este asadero familiar, «ha sido casualidad en realidad», relatan entre risas. Mientras, el merengue suena a tope, la carne comienza a coger colorcito en la brasa y la fiesta, que no pare, no pare no.

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