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¿Tiene remedio la Avenida Marítima?

Los periódicos socavones por el mal estado de la escollera de San Cristóbal y los atascos de Torre Las Palmas y Belén María son los puntos negros de la GC-1

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Zona vallada en el paseo de la avenida marítima frente Hospital Insular Andrés Cruz

El riesgo de desplome de la plataforma de la Avenida Marítima, en el tramo entre el barrio marinero de San Cristóbal y Lady Harimaguada, por el mal estado de la escollera y la cimentación del paseo, ha vuelto a poner en evidencia una de las asignaturas pendientes de la GC-1 a su paso por la ciudad, un punto negro que se eterniza porque las administraciones no le meten mano. Así ocurre también con los otros dos grandes problemas de esta vía estratégica, Torre Las Palmas y Belén María, que amargan a diario a la ciudadanía con los monumentales atascos que se originan. Los conductores vivieron durante los últimos dos años un cierto alivio, por la reducción del tráfico durante la pandemia, pero a falta de datos oficiales, la impresión general es que se ha recuperado ya la intensidad de la circulación de antes del covid.

¿Tiene remedio la Avenida Marítima?

Escollera en mal estado.

El Gobierno canario acaba de anunciar una actuación de emergencia para reforzar la escollera y rellenar los huecos que afectan a la plataforma del paseo, cerca de San Cristóbal, para evitar el hundimiento de una carretera por la que circulan 100.000 vehículos a diario. Los problemas se iniciaron en 2006, cuando se produjo el primer hundimiento de la calzada. Desde ese mismo momento, los técnicos plantearon la necesidad de reforzar y ampliar la escollera, cuya debilidad originó el problema, pero en los últimos 16 años las actuaciones se han limitado a rellenar los huecos de la plataforma con hormigón o añadir bloques de este material a la defensa marítima. Desde entonces se han contabilizado hasta siete incidentes -el último, la grieta detectada por un viandante el pasado mayo- que, en su mayor parte han afectado solo al paseo, aunque en varias ocasiones han llegado a hundir parte del carril derecho de la Avenida, en sentido norte. Desde 2006, se han registrado averías en 2012, 2014, 2018, 2019 y 2021. En este último, el Ayuntamiento capitalino inyectó más de 100 metros cúbicos de hormigón en el socavón que afectó al paseo, unos trabajos que inicio por la vía de emergencia, después de casi un año de tiras y aflojas, porque las administraciones se dedicaron a pasarse la pelota. El Cabildo argumentó que el problema no afectaba a la calzada, pero el último estudio efectuado por los técnicos municipales evidenció finalmente que el problema se había agravado y los huecos abiertos en la plataforma ya empezaban a afectar a la carretera. Visto el informe, el Gobierno ha decidido actuar de emergencia en la escollera, que es de su competencia, aunque el Ayuntamiento corregirá los desperfectos del paseo, «de la mano», eso dijeron, del Cabildo. Un tramo del paseo ha vuelto a ser vallado este mes, tras la aparición de una grieta de 30 metros a poca distancia de donde se rellenó el socavón y se taponaron los cuatros huecos detectados en el espaldón.

No obstante, lo que ha pasado no ha cogido de sorpresa a nadie, o al menos no debería haberlo hecho, porque los técnicos de las empresas de mantenimiento de carreteras advirtieron en 2017, en un informe encargado por el Cabildo, que era preciso reforzar la escollera, parte de la cual se perdió en un temporal, para evitar nuevos hundimientos en la GC-1. También avisaron de que era necesario reconstruir el muro del paseo, porque había «superado su vida útil».

Y es que la zona de 600 metros afectada, la situada entre los kilómetros 1,4 y 2, es justo la más antigua de la autovía, la que se construyó en los años sesenta del siglo pasado. En opinión del decano del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, Felipe Roque Villareal, hace falta una escollera «de mayor peso y volumen» para que cumpla con su función de rechazar el embate de las olas, porque la actual es insuficiente para defender la zona. Es, de todos los tramos de la avenida, la que se encuentra más desprotegida frente a los grandes temporales, al estar más abierta al noreste y carecer de la protección del dique Reina Sofía, cuya prolongación resguarda al resto de la plataforma costera. Además de su insuficiencia para resistir los embates, la erosión del mar ha hecho desaparecer parte de las defensas de piedras, lo que, en palabras de Roque ha provocado que el mar haya ido socavando y limpiando la cimentación del muro del paseo y provocando huecos en el interior de la plataforma. La última grieta se debe a la aparición de esos agujeros, que provocan que el terreno esté cediendo.

Aunque los problemas con la escollera provocan trastornos puntuales en el tráfico cada vez que se producen los socavones y hundimientos, los otros dos grandes puntos negros de la Avenida Marítima tienen que ver directamente con el infierno circulatorio que se produce en el istmo de Santa Catalina por los atascos que se producen en las rotondas de Torre Las Palmas y Belén María. Las actuaciones para solucionar este problema han sido calificados de prioritarias e incluidas en el convenio de carreteras desde hace más de diez años, pero no terminan de materializarse. El tráfico, que se redujo muchísimo durante los dos años anteriores debido a la pandemia, empieza a recobrar la intensidad de siempre y se calcula que Torre Las Palmas, el punto más negro, soporta unos 70.000 vehículos diarios. El aforo de 2015 lo cifró en 105.674 coches.

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Mal estado de los contrafuertes y grieta en el paseo de la Avenida Marítima Andrés Cruz

Belén María.

La solución ideada para los atascos de Belén María es la que parece más cercana. El consejero de Obra publicas del Gobierno canario, Sebastián Franquis, anunció hace un mes que la obra, cuyo proyecto está en fase de corrección, saldrá a concurso a lo largo de este verano. El ingeniero Julio Rodríguez entiende que la actuación prevista entre La Isleta y el Puerto eliminará las retenciones que hay en sentido norte, porque el soterramiento de un carril por cada sentido de circulación evitará que circulen en superficie por la rotonda de Belén María, pero no hará mucho en sentido sur, porque las colas del istmo se originan en buena medida en Torre Las Palmas.

Según Rodríguez, por Belén María circulan dos tráficos principales, el de llegada a El Sebadal y el que va para el Puerto de La Luz y, en menor medida, el que se mete en La Isleta. «Si al tráfico que va a El Sebadal lo metes por un paso inferior, ya te lo quitas de en medio y los otros vehículos van más ligeros. Sin embargo, en sentido sur, por mucho paso inferior que metas en Belén María, la cola la vas a seguir teniendo», advierte.

Torre Las Palmas.

La solución al gran atasco de Torre Las Palmas no tiene fecha. Aunque se han realizado varios proyectos. Franquis anunció en mayo pasado que ha encargado al Cabildo de Gran Canaria un estudio de tráfico desde Belén María hasta los túneles de San José para ver como ha influido la entrada en funcionamiento de la cuarta fase de circunvalación, que se suponía iba a aliviar el tráfico.

En cuanto a los proyectos y alternativas planteados por el Cabildo hasta el momento, entre ellos uno de Ingenia Consultoría Activa, que contemplaba dos pasos deprimidos y dos nuevas vías entrecruzadas en un paso elevado en Torre Las Palmas, han sido descartados, porque «la mayoría afecta a la playa de Las Alcaravaneras», subrayó Franquis en mayo.

Julio Rodríguez sigue defendiendo la idoneidad del proyecto que presentó la empresa Gipic hace más de cinco años, en la que se planteaba la depresión de un tramo de León y Castillo, entre la altura de Néstor de la Torre y pasado los túneles de Julio Luengo. «La solución que yo propuse pasa por actuar en el trenzado anterior a los túneles de Julio Luengo en sentido sur, el que hay entre León y Castillo y la Avenida Marítima, porque ahí es donde se forma el follón», ya que a los coches que vienen del Puerto por la GC-1 no les dejan salir los que quieren incorporarse desde León y Castillo», indica el ingeniero, quien considera que habría que actualizar el estudio porque se hizo antes de que entrara en funcionamiento la cuarta fase de la circunvalación. Dicha intervención aliviaría bastante el tráfico, asegura, aunque no descarta que haga falta otra actuación añadida en el mismo nudo de Torre Las Palmas. «La realidad es que cuando uno sale de Torre Las Palmas en dirección al Sur es como si te metieras en campo abierto, de repente ya no hay coches», constata. Y es que en Torre Las Palmas se produce el gran embrollo. En un mismo punto confluyen la GC-1 con la GC-2, dos grandes carreteras de interés regional, a las que se añade el tráfico de la ciudad.

Aunque carece de datos para afirmarlo categóricamente, el experto tiene la percepción de que el tráfico no ha cambiado mucho pese a la apertura de la cuarta fase de la circunvalación, porque todas las peatonalizaciones y actuaciones de la metroguagua en el interior de la ciudad, «todas esas actuaciones de movilidad sostenible están desviando vehículos hacia la Avenida». A su juicio, los problemas de tráfico de la GC-1 tienen que ver con la capacidad de drenaje de los diferentes enlaces. «La intensidad de la Avenida Marítima es muy alta, estamos hablando de unos servicios muy al límite y en cuanto surge una mínima incidencia, se produce el jaleo», destaca.

Y «el problema se produce cuando las colas de salida llegan al tronco de la Avenida, porque entonces se atasca todo», considera Rodríguez, para quien es fundamental «garantizar la fluidez del tráfico de la GC-1 con el Puerto, ya que la inmensa mayoría de las mercancías que abastecen la isla circulan por esa vía en dirección al sur, hacia las grandes superficies logísticas de almacenamiento de los polígonos de Telde», de ahí la gran importancia estratégica que tiene la autovía.

Asignaturas pendientes.

Y luego están las asignaturas pendientes, entre ellas el soterramiento de la Avenida entre Belén María y el Guiniguada para conectar la ciudad con el frente marítimo y convertirlo en un gran parque urbano. Entre el Mercado del Puerto y la Base Naval, deprimir la autovía permitiría hacer un gran parque que conectaría con el que está previsto en la zona del Sanapú, en el Puerto. Más de una decena de proyectos para remodelar el frente marítimo, la mayoría realizados para concursos convocados por el Ayuntamiento, siguen durmiendo en los cajones.

La salida del tráfico de la calle Eduardo Benot, para dejar paso a la metroguagua, prevé cargar más el tráfico la autovía en dirección a La Isleta, un problema que se espera aliviar con el soterramiento de Belén María. La metroguagua protagoniza también otra gran actuación en la Autovía más al sur, donde está previsto ganarle casi 50.000 metros cuadrados de terreno al mar entre Lady Harimaguada y el Guiniguada para dejarle hueco a la plataforma del Bus Rapid Transit (BRT) y a un cuarto carril en la Avenida. Se prevé que el nuevo diseño mejore el tráfico de entrada y salida a los túneles de San José.

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