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La casona de Vegueta que está a la venta y guarda tres lápidas en el patio

El número 28 de la calle San Marcos fue propiedad del cronista José Batllori Lorenzo (1870-1929) | Acogió por último la librería Gran Canaria de Rita Doreste

La casona de Vegueta que está a la venta y guarda tres lápidas en el patio Juan Castro

Por su lienzo han pasado varios siglos y la oración en latín clásico apenas puede leerse. La lápida, que tiene relación con las que están expuestas en la cripta de la Casa de Colón, está en un lugar poco usual. Ocupa un pasillo que conecta uno de los tantos patios tradicionales de Vegueta con la parte trasera de la vivienda. Luce un escudo de armas con un grifo -animal mitológico mitad gallo mitad dragón- y una estrella iluminadora. Pero, esta no es la única rareza que guarda el número 28 de la calle San Marcos de Las Palmas de Gran Canaria, la casa donde vivió el cronista José Batllori Lorenzo (1870-1929). A principios del siglo XX cambió gran parte de su aspecto, acorde con su gusto ecléctico por la Historia; ahora, cien años después, ha salido a la venta por 1,3 millones de euros.

«Fantástica vivienda histórica en Vegueta», según reza el anuncio publicado en el portal Idealista por la inmobiliaria Engel&Völkers. El número 28 de la calle San Marcos, situado en la trasera de Santo Domingo, consta de tres plantas con una composición ecléctica en cuya fachada destaca un balcón canario de gran porte. Y es que, aunque sus orígenes se remontan, probablemente, al 1700, su aspecto actual tanto en el interior como en el exterior es el resultado de una serie de intervenciones por parte del que fuera periodista y cronista de Gran Canaria, José Batllori Lorenzo, tras adquirirla a comienzos del siglo XX. Por tanto, la citada lápida y otras dos de menor porte -y todavía más desgastadas- fueron llevadas allí desde su ubicación original.

Casona de San Marcos 28.

El inmueble forma parte del catálogo del Plan Especial de Protección (PEP) de Triana y Vegueta, con un grado de protección parcial. Se trata de un ejemplo «destacado» de la arquitectura regionalista. En la fachada resalta en la tercera planta una arcada de inspiración renacentista que está remarcada en cantería. Un gran balcón mirador cubierto completa el conjunto; sin olvidar los elementos decorativos que evocan al tardogótico mudejar en las dos puertas de entrada, una de acceso a la vivienda y la otra a un local que hasta hace unos años acogió la librería Gran Canaria, de la familia Pérez Doreste, actuales propietarios del edificio.

La losa fue esculpida en 1662 y lleva inscrito el escudo de armas de Álvaro Gil de la Sierpe

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Entre tanto elemento, casi desapercibido, existe un escudo nobiliario del año 1692 y con el lema Stella Maris inscrito en la piedra. Estrella del Mar, este es un antiguo título de la Virgen cuya devoción se ha relacionado a la idea de María como «estrella que guía a la gente de mar». Su posición, en la parte central de la fachada en la segunda planta y entre las dos puertas del edificio es algo «poco usual», según el arquitecto José Luis Gago, quien conoce a fondo el barrio de Vegueta. «Lo normal sería que estuviera colocado encima de una puerta o ventana y que fuera bien visible porque es un elemento pensado para ostentar», apunta. Y es que, realmente, ese blasón apenas lleva un siglo en San Marcos 28.

¿Cómo llegó un escudo del siglo XVII a una fachada modificada a principios del XX? Parte de las claves las tiene el ginecólogo Juan Francisco López Rodríguez, descendiente de José Batllori Lorenzo. Según relata, el cronista y sus hermanas -hijos del que fuera alcalde de Gáldar José Batllori y Parera-, adquirieron en un momento dado la vivienda de la calle San Marcos. El médico relata en su consulta -situada en una casa de la calle Ángel Guimerá que es prácticamente una réplica de la de Vegueta- que los Batllori Lorenzo tomaron «como base» un edificio de dos plantas presumiblemente de comienzos del siglo XVIII y similar a la que está situada en el número 26 de la misma calle. De hecho, conserva un grabado a carboncillo de la casa realizado por el mismo Batllori Lorenzo. En este, la fachada carece de grandes elementos decorativos, el balcón es más pequeño y sencillo y, ni muchos menos, contaba con un escudo nobiliario.

San Marcos 28 antes de la intervención de José Batllori Lorenzo.

San Marcos 28 antes de la intervención de José Batllori Lorenzo. Cedida

Batllori Lorenzo, quien además de cronista fue redactor jefe del Diario de Las Palmas, dotó a San Marcos 28 de una apariencia idealizada de la historia gracias, en parte, a la utilización de materiales «reciclados» de construcciones más antiguas y ajenas o reinterpretando estilos en desuso. Aprovechó zonas de la casa original -en la planta baja los techos son de madera de tea, al igual que los suelos en la primera planta-, reprodujo elementos del gótico o el mudejar y añadió lámparas estilo liberty-modernista de 1900. En definitiva, algo «similar» a lo que haría décadas más tarde el también cronista Néstor Álamo en la cercana Casa de Colón.

Batllori, en su afán por la Historia, adquirió piezas de derribos de casas y monasterios

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Entonces, ¿Cómo llegaron hasta esta vivienda un escudo de 1692 o una serie de lápidas? Juan Ramón Gómez Pamo, bibliotecario del Museo Canario, y experto en heráldica, analizó la estela con el grifo alado «hará 20 años». Según este, corresponde a Álvaro Gil de la Sierpe, quien ostentó el cargo de oidor de la Audiencia de Canarias -cargo judicial hoy desaparecido- en el siglo XVII. La losa fue esculpida en 1662 y lleva inscrito el escudo de armas de su familia. «Las otras dos no he podido averiguar a quién pertenecieron porque están muy desgastadas», apunta; además, adelanta que en en el próximo coloquio histórico Canario americano de la Casa de Colón hablará de estas piezas.

«Hasta el siglo XIX las iglesias estaban llenas de sepulturas», precisa Gómez Pamo. Y es que en el Antiguo Régimen tan solo se podía enterrar en sagrado. «Se sabe que con las lápidas de la capital llegaron incluso a rellenar aceras de Triana y Vegueta, muchas otras salieron a subasta», explica, «lo más probable es que la de Gil de la Sierpe proviniera de San Agustín, como figuraba en su testamento». Actualmente, la losa de este letrado está acompañada de otras dos muy desgastada, cuya procedencia es desconocida; las tres fueron incrustadas en el patio de San Marcos 28 por Batllori, según su descendiente. Lo cierto es que estas piezas no han sido las únicas de valor histórico que ha guardado la casona, resalta.

Cripta de la Casa de Colón

«En el patio, bajo la escalera, hubo otra lápida», relata. Esta fue donada a Néstor Álamo y al Cabildo; de tal manera que en la actualidad está expuesta en la cripta de la Casa de Colón. Corresponde así a Juan Antonio de Béthencourt Franchi y Westerling, coronel y patrono del convento de San Antonio de Gáldar, fallecido en 1749. En el museo existe una segunda losa a nombre de Beatriz Ventura Lorenzo de Béthencourt, fallecida en 1709. Ambos serían descendientes del matrimonio entre Tenesoya Vidina y Maciot de Bethencourt, sobrina de Fernando Guanarteme y nieto del conquistador normando, respectivamente.

«Nuestra rama de los Lorenzo proviene de una familia de Gáldar con una ascendencia constatada en árbol genealógico [creado por Antonio Rodríguez Batllori] que certifica que somos descendientes de Tenesoya Vidina», apunta el ginécologo. Los Bethencourt estuvieron enterrados en un primer momento en la capilla de Santa Ana de la primitiva iglesia de Santiago de Gáldar, pero tras su derribo en el siglo XVIII, estas serían trasladadas, presumiblemente.

Obra del pintor flamenco Jacob Grimmaer donada por los Batllori a la Casa de Colón.

Quienes han estado en la casa indican que Batllori, en su afán por la Historia, adquirió piezas arqueológicas de derribos de casonas, ermitas y monasterios desamortizados. La historiadora del arte María de los Reyes Hernández Socorro recoge en su libro Arte en Canarias, siglos XV-XIX. Una mirada retrospectiva dos tablas flamencas del siglo XVI dedicadas a San Juan Bautista y al Martirio de San Juan Evangelista. Ambos ejemplares pertenecieron a la colección de Rodríguez Batllori antes de ser adquiridos por parte del Cabildo en 1952. La experta señala que se consideran provenientes de la desaparecida ermita de Santa Lucía de Gáldar; de allí también serían La misa de San Gregorio y la mártir Santa Lucía, obras del pintor renacentista Jacob Grimaer (Amberes 1525-1590), autor de La construcción de la torre de Babel. Hoy están expuestas en la Casa de Colón.

La ermita de Santa Lucía estaba en el arranque de la calle Capitán Quesada, junto a la plaza de Santiago; su solar ahora es un jardín público donde un azulejo con la imagen de la tabla flamenca de la mártir recuerda el pasado de este rincón galdense. El obispo Romo donó el templo al pueblo en 1836, por lo que durante un tiempo se celebraron allí los plenos municipales. Los ediles abandonaron el lugar «por la fetidez de su piso», ya que el inmueble contaba con numerosas tumbas. ¿Algunas de las lápidas que han estado o están en San Marcos 28 estuvieron allí? Los expertos lo desconocen.

La casona ha estado repleta de misterio, con una puerta en el patio que no va a ninguna parte u otra en el comedor que es secreta. En la segunda planta hay una capilla donde, según cuentan, el sacerdote de Santo Domingo iba a impartir misa de manera asidua. Tras fallecer la última hermana del cronista y escritor, Petronila Batllori Lorenzo, la familia la vendió a los López Doreste, quienes regentaron allí una librería y embellecieron el patio llegando a ganar concursos. Ahora, busca nuevo dueño. Por el momento se han interesado alemanes y noruegos. Toca esperar.

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