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La Provincia - Diario de Las Palmas

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Una sopa de trabajo y arte

Desde hace nueve años La Isleta cuenta con un 'coworking' que se ha convertido en uno de los espacios culturales más creativos

El taller de Soppa de Azul. ANDRES CRUZ

"Hace diez años yo era rico y por aquel entonces no me imaginaba que tuviera que volver a trabajar en la vida pero te ves con 48 años en tu casa con tres hijos y sin saber qué hacer". El quiebre de las empresas familiares del empresario y artista, Alecs Navío, fue el comienzo de su cambio de vida radical. En plena crisis existencial, sin saber qué hacer, Alecs descubrió en un artículo de periódico el que sería su nuevo proyecto durante los próximos nueve años. La noticia en cuestión hablaba de los coworkings, espacios de reunión para trabajadores en remoto que suelen viajar por el mundo y buscan una oficina compartida con varias personas. De esta forma nació Soppa de Azul, un espacio de trabajo y encuentro cultural.

Pero Soppa de Azul no es un coworking al uso, es un espacio abarrotado de obras de arte, sus paredes y estanterías se encuentran llenas de cuadros y esculturas de al menos 30 artistas. La barroca estética pasa desapercibida para los trabajadores, que enfocados en su trabajo, teclean en sus mesas y mantienen videoconferencias en varios idiomas. Alecs Navío concibió tres espacios diferenciados; un coworking para los teletrabajadores, una galería de arte que acoge exposiciones temporales y en el sótano un taller para artistas que trabajan en diferentes modalidades desde la pintura y la escultura hasta la fotografía y la joyería. Tres conceptos que pese a ser diferentes, su creador ha conseguido fusionar en armonía. Aunque no siempre fue así.

Cuando el negocio abrió los interesados en los servicios del coworking creían que tenían que ser artistas para trabajar en Soppa de Azul. A Navío le costó cambiar esa mentalidad y para ello tuvo que dejar la actividad artística para comenzar a atraer personas al espacio laboral. Después de un trabajo de promoción, en la actualidad, los espacios funcionan en conjunción.

La mayoría de clientes son trabajadores que pasan por Canarias, llegando a convivir 22 nacionalidades

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Los profesionales que trabajan en estos espacios agradecen la fusión. Alexandra Bethencourt es una psicóloga que trabaja en una empresa inglesa realizando intervenciones para el bienestar de los empleados y que desde hace tres meses cumple su jornada laboral en el coworking . "Es muy inspirador todas las obras artísticas que están expuestas, te sientes muy creativo", opina. Bethencourt valora que en estos espacios es más fácil concentrarse que desde casa y destaca la cercanía al mar que le permite disfrutar de la playa después de su jornada laboral.

El dueño de Soppa de Azul, Alecs Navío. ANDRES CRUZ

Tiempos difíciles

Durante los tres primeros años el negocio no tuvo ningún cliente a pesar de sus esfuerzos en publicidad. Navío recuerda perfectamente a la primera persona que entró por las puertas del coworking tras un comienzo difícil. Era un japonés que por las mañanas trabajaba y por las tardes buscaba al artista de Valsequillo, Vicente La Camera Mariño, para entregarle un libro. Navío colaboró con él en esta búsqueda hasta que lo encontraron y volvió a su país.

Para su fundador uno de los aspectos más importantes a la hora de regir el negocio es hacer sentir a las personas como en su hogar. Los usuarios del coworking suelen estar en Canarias de paso desde diferentes partes del mundo. El mes pasado en Soppa de Azul convivían 22 nacionalidades diferentes, por lo que intentar que se sientan como en casa es un reto que Navío considera esencial.

La pandemia le vino bien al negocio, el confinamiento masificó el teletrabajo y dio a conocer este modelo laboral. Además, popularizó el perfil de nómadas digitales, personas que trabajan de forma remota mientras viajan por el mundo. Desde la llegada de la covid-19 se incrementó este modelo y con ello la creación de coworkings, colivings.

Usuarios en su jornada de trabajo en Soppa de Azul. ANDRES CRUZ

En la zona artística se desarrollan diferentes proyectos. En mayo de este año inauguraron junto a la galería de arte una zona destinada a empresas que por un período de tiempo decidan instalar a sus trabajadores en la Isla. Por otra parte, Soppa de Azul también ofrece cursos a empresas para potenciar la creatividad, además de excursiones a colegios para enseñar a los niños nuevas modalidades laborales. Navío comenta que un proyecto que pretenden recuperar tras dos años parado por la pandemia es el Open Studio, una forma de colaborar con la cultura abriendo las puertas del talleres para realizar presentaciones de libros y charlas.

Alecs Navío revela que el curioso nombre del local viene de la galería de arte de la que era dueño cuando vivía en Ibiza. Luego enseña sus obras expuestas en las paredes de Soppa de Azul y desvela que se enfrenta al lienzo en blanco sin ninguna idea preconcebida de lo que será la obra. Ese salto al vacío es el mismo que cuando creó el negocio en un período de tiempo en el que el concepto del coworking no era popular entre la sociedad. Pero después de nueve años, Soppa de Azul cuenta con una comunidad que vuelve regularmente a este espacio de creatividad y trabajo. 

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