Con el regreso de las fiestas se recupera en los barrios y pueblos de la isla el encuentro entre los vecinos y los que llegan de fuera para disfrutar de la celebración. En San Lorenzo se producía ayer un gran desembarco de papagüevos llegados de buena parte de la isla para salir a bailar por las calles de este barrio de la capital, que celebra sus fiestas patronales. A las once y media de la mañana tomaban tierra las figuras de los gigantes procedentes de San Isidro de Gáldar, de Piletas, de Schamann, de Guanarteme que se reencontraban, pasado el sofoco del viaje, con las de San Lorenzo.

Hasta 22 papagüevos salían una hora después, tras un rato de tertulia en el colegio publico donde compartieron las confidencias de estos años en que han estado encerrados por el Covid, y al ritmo de la música de la Banda Guayedra, provocaban a su paso primero el meneo de caderas, y después el de piernas, brazos y cabeza de los que aguardaban en la plaza, sobre todo los mayores porque los más pequeños se quedaban entre atónitos y expectantes.

Desde San Isidro de Gáldar se apuntaron al festín la reina, el príncipe y la princesa; desde Guanarteme lo hicieron Pancho y Cantinflas; y desde Schamann Papá Pitufo, su hijo, y un punky; mientras que Piletas se presentó también con Cantinflas, Peggy y Bob Marley. Y, con gran entusiasmo les recibían en el colegio público de San Lorenzo el turco, la panadera, el soldado oriental, Cenicienta, un jornalero de las plataneras, otro punky, un león y un pequeño diablo. Entre ellas hay figuras como es el caso de las de Guanarteme cuyas cabezas tienen más de 82 años de vida aunque en los dos últimos han tenido que someterse a algún pequeño retoque.

Desembarco de papagüevos

Entre tanto Izhan, de 9 años, y vecino de San Lorenzo, pese a que era la segunda vez que cargaba con el león no podía disimular su nerviosismo. Apenas, según contaba su madre, había ingerido un vaso de leche con cacao en el desayuno, pensando en la responsabilidad de mover al papagüevo, de menor altura que la media, por las calles de su barrio. Igual de intranquilo se mostraba Martín, de 7 años, que entraba y salía de un diablo también adaptado a su talla, y contaba que de pequeño le daban miedo estas grandes figuras de cartón pìedra porque «un tío le dijo que se le había echado uno encima, pero después ha visto que son personas».

Cantera de cargadores

Y una prueba más de que hay cantera asegurada entre los cargadores de papagüevos era la agilidad con la que Eirik zarandeaba a su Pitufo. A sus 8 años, empapado de sudor después de más de una hora sin parar al ritmo de la banda y a golpe de temas como ‘Canta y no llores’, ‘Asunción, Asunción échale media de vino al porrón’ o ‘El conejo de la Loles’, contaba que era la primera vez que volvía a cargar con su pequeño Pitufo tras estos años de parada fiestera por la pandemia. Su debut en este tradicional pasacalles lo hizo en su barrio de Schamann con tan solo tres años siguiendo los pasos de su padre Jesús, que ayer como en tantas ocasiones le acompañaba como Papá Pitufo. Cuando ya habían dado la vuelta al casco de San Lorenzo y estaban en la segunda de las calles de una urbanización de chalets, y en un descanso para tomar agua, explicaba que la razón por la que le encanta esta fiesta es «que le gusta mucho bailar con la Banda de Agaete».

También a Olivia, vecina del barrio capitalino de La Paterna, no paraba de moverse todo el recorrido. «Me gusta más una fiesta que comer, pero también me recuerda mucho a mi niñez», señalaba sin querer detenerse para no quedarse atrás. Le acompañaban su nuera Betty, que cantaba y bailaba cada una de las canciones, mientras sus hijos intentaban cogerles el paso.

Con la misma entrega, Ana, que se había acercado desde Tamaraceite, exponía que ante todo le gusta la fiesta, y animaba a todos a participar «para que se mantengan tradiciones como esta de salir a bailar detrás de los papagüevos». También su hermana Vanessa no paraba de bailar y tatarear las canciones de la banda.

Y, en la plaza de San Lorenzo, Emiliano Martel uno de los creadores de las figuras de los papagüevos de este barrio, defendía la necesidad de recuperar la presencia de estos personajes en las fiestas, y echó en falta la creatividad y hasta el desparpajo en esta celeración por parte de los niños, en su opinión quizás por causa de «una vida tan digitalizada».

Y la fiesta continúa unos días más en este barrio capitalino donde en la madrugada del próximo martes regresan los tradicionales fuegos, una cita que mueve también a casi media isla hasta San Lorenzo. El final de la fiesta tendrá lugar el miércoles con la misa y la procesión del santo por las calles del casco.