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La Provincia - Diario de Las Palmas

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In memoriam

Adiós a Pacuco Santana González

Boxeador en su juventud, regentó durante más de 60 años la carnicería Mercado de Vegueta | Gregory Peck le aconsejó que fuese a Los Ángeles a trabajar pero eligió Brasil

Francisco Santana González, ‘Pacuco’, con su esposa, Felisa Santana Medina. La Provincia

Mi abuelo ya descansa en paz. Se llamaba Francisco Santana González, más conocido como Pacuco. Me prometió que viviría hasta los 120 años y habría cumplido su promesa si la enfermedad no le hubiera hecho olvidarla. Sí recordaba la casa en la que nació en la calle Obispo Rabadán, en el barrio de Arenales de Las Palmas de Gran Canaria, y su época de estudiante en el Corazón de María o los más de 60 años que estuvo al frente de la carnicería Mercado de Vegueta, negocio que ahora llevan mis tíos. Cuatro generaciones de nuestra familia han trabajado allí desde su construcción en 1860.

Me contaba que no pasó hambre durante la Guerra Civil porque su abuelo también tenía despacho de carne en Vegueta y su padre, don Benito, era el propietario de varias panaderías en Las Palmas de Gran Canaria.

Sirvió en África. Supongo que su fascinación por la Historia y por las biografías de personajes como Alejandro Magno o Tenesor Semidan le llevaron a presentarse como voluntario para hacer el servicio militar en Cabo Juby, al sur de Marruecos y cerca del Sáhara Occidental. Allí aprendió algo de árabe y se convirtió en el administrativo de la unidad.

No pudo disputar ningún combate de boxeo contra los franceses en Cabo Juby pero sí peleó en Las Palmas de Gran Canaria y, sobre todo, en Tenerife. Siempre ataviado con calzón negro luchó contra Juan Sombrita Albornoz Hernández, entre muchos otros. Recordaba cómo era Santa Cruz de Tenerife en los años 50, los cafés en Los Paragüítas, los combates en el antiguo Frontón o en la plaza de Toros.

Gregory Peck asistió a una noche de boxeo durante el rodaje de Moby Dick en Las Palmas de Gran Canaria y le gustó la manera en que peleaba mi abuelo, así que quiso saludarlo. Peck le aconsejó que se fuera a Los Ángeles a trabajar y que le avisara si tomaba la decisión pero mi abuela no lo dejó.

Mis abuelos no llegaron a emigrar a Los Ángeles, pero sí cruzaron el charco y terminaron en Brasil en 1959. Emigrante, sin conocer el idioma y con dos niños pequeños, mi abuelo se pluriempleó para sacar a su familia adelante. Trabajaba en un astillero y, cuando terminaba el turno, comenzaba otra jornada laboral en una panadería.

Ansioso por completar sus ingresos, habló con el dueño del negocio para que le dejara hacer los bollitos de anís que le había enseñado a amasar y cocinar su padre en Las Palmas y los vendía puerta por puerta cuando tenía un rato libre entre trabajo y trabajo. Estuvieron un año en Brasil.

La emigración y su vínculo con Tenerife y otras islas hicieron de mi abuelo un nacionalista convencido. Era un nacionalista diferente, no permitía que nadie dijera que una isla era mejor que otra, quería que la Unión Deportiva Las Palmas y el Club Deportivo Tenerife estuvieran juntos en primera división y se enfadaba con quien hablaba en su presencia del pleito insular. En este punto, siempre zanjaba la cuestión diciendo «divide y vencerás». Creía en una Canarias independiente, con un sistema parecido al de Puerto Rico.

Puede que Pacuco falleciera el pasado 12 de agosto con 88 años pero sé que está en la planta alta de la carnicería disponiendo el despacho de la carne y los platos preparados para su clientela, a la que atendía siempre con la sonrisa puesta. Estoy convencida de que seguirá allí, escuchando a Frank Sinatra, su cantante preferido, y con un periódico de LA PROVINCIA, su diario, o un libro de historia bajo el brazo. Y al igual que esta imagen suya envuelta en el sonido de My way, siempre recordaré sus enseñanzas y sus consejos de entrenador de boxeo y luchador de la vida. «No te rindas, no tires la toalla, aprende a esquivar los golpes…», nos decía a hijos y nietos y también «manténganse siempre unidos, la familia es lo primero».

Descansa abuelo.

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