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20 años de la terraza de La Gamba

El tiempo ha marcado la singularidad del local, que se ha convertido en un clásico de la zona al que acuden desde los clientes más fieles hasta artistas y famosos

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Gretel Morales Lavandero

Gretel Morales Lavandero

Las Palmas de Gran Canaria

Dos décadas después de la apertura de La Gamba, su dueña, Marina Suárez Cruz, se toma en la terraza de su bar un café que nunca termina. El sol calienta la pequeña plaza mientras los clientes charlan, los niños corretean y el camarero va de una mesa a otra con las comandas. Suárez rememora las idas y venidas que ha sufrido regentando uno de los bares icónicos de Triana y recuerda un consejo que se le quedó grabado. Uno de sus amigos le aconsejó: "Marina, tienes que conseguir que esto se vuelva un clásico y no solo un bar de moda". "Y así lo hice", asegura. 

Abrir el local ha sido para su dueña una causa de alegría como de quebraderos de cabeza. Suárez cuenta que tuvo que luchar por mantener abierto su negocio en una época en la que el sector estaba dominado por hombres. La Gamba ha sufrido múltiples cierres por ruido pero su propietaria considera que "no se salen de lo normal" y añade que se sintió "poco apoyada por la administración de aquella época". "El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria tendría que haber actuado de árbitro en estos conflictos y, sin embargo, yo tenía que escuchar frases despectivas como el día en que me preguntaron qué hacía una mujer sola metida en la hostelería siendo un mundo de hombres" y confiesa que en muchas ocasiones salía del Ayuntamiento llorando. 

La Gamba fue uno de los primeros bares de Triana con terraza. Suárez asegura que decidió instalarla al ver el ejemplo de otros países europeos. "Le daba mucha vida a las ciudades y al ver este local con el cartel de ‘Se alquila’ pensé que era perfecto", comenta. La terraza es la seña de identidad del local que ha dado vida a la zona, "antes Triana a las ocho de la tarde estaba vacía", recuerda.

El interior del local con vistas a la terraza.

El interior del local con vistas a la terraza. / José Carlos Guerra

Marina Suárez cuenta que decidió abrir el bar tras la muerte de su hermana, con la que regentaba un quiosco. El nombre del local tiene su origen en el acompañamiento que servía en los inicios: las gambas.

A La Gamba acudían los artistas del Teatro Cuyás para tomarse las cervezas después de las representaciones. El ambiente bohemio aportó singularidad a este local al que han acudido diversas personalidades públicas como Carmen Machi y su marido, Jose Toledo y muchas más figuras públicas que han pasado por La Gamba. 

Durante estos años Suárez cuenta con un sinfín de anécdotas. Recuerda que se encontró una muleta abandonada en el local. "Yo sabía que La Gamba hacía milagros pero este me sorprendió", comenta divertida. 

Marina Suárez carga a sus espaldas años de ilusiones y decepciones. En los inicios del negocio, Suárez trabajaba hasta 17 horas diarias para sacar adelante el negocio. Pero a pesar de los problemas y la dedicación asegura que La Gamba le ha aportado sobre todo orgullo y seguridad. Y comenta que el secreto del éxito ha sido la perseverancia: "Tras estos años me he convertido en la mujer que quería ser, la clave es no rendirse".

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