El prestigioso abogado José Juan Manrique de Lara Bosch falleció el pasado 14 de de septiembre a los 94 años de edad. Pepe Manrique, como era cariñosamente conocido entre sus numerosos miliares y amigos, dedicó gran parte de su vida a la carrera judicial. Su despacho, abierto en la calle Bravo Murillo desde hace seis décadas y atendido actualmente por su hijo José Juan, ha sido testigo de sus desvelos y de su gran capacidad de trabajo para atender a una numerosa clientela, en muchos casos personas y entidades a las que le unían relaciones de confianza de mucho tiempo.

En ese mismo ámbito se había desarrollado su infancia, pues instaló su despacho en la que había sido vivienda de sus padres, Margarita Bosch Hernández y Alfonso Manrique de Lara y Fierro, en el piso bajo de la sobrada residencia de sus abuelos maternos, construida en una de las fincas familiares, antes de que se urbanizara esa zona de nuestra ciudad. Precisamente, el domicilio del abogado estaba situado muy cerca, en la calle Ingeniero José Bosch y Sintes, dedicada a su abuelo, a cuya esposa Cándida Hernández de la Coba pertenecía la extensa hacienda de Los Tarahales que ocupaba esa zona contigua al hoy invisible barranco de Mata.

En el hogar paterno, José Manrique adquirió los sólidos valores que trasmitió a hijos y nietos. Su padre, el culto y refinado Alfonso Manrique de Lara y Fierro, había ocupado un papel destacado en la vida pública de nuestra ciudad como miembro de la junta directiva de El Museo Canario, conservador honorífico de la Casa de Colón, apoderado del Servicio de Defensa de Patrimonio Artístico de esta provincia y académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Don Alfonso, que había pasado parte de su adolescencia en la solariega Casa de los Coroneles de Fuerteventura, entonces habitada por su tía la marquesa de la Quinta Roja, reunió una hermosa y rica colección de artes decorativas y contribuyó a que su hijo valorara el patrimonio documental y artístico heredado de sus mayores.

Precisamente, uno de los asuntos más relevantes de los que se ocupó como abogado fue la representación legal de sus parientes, propietarios de la Casa de los Coroneles, en el momento de la expropiación de este histórico inmueble. Tras su destacada y acertada gestión, encargó a su primo, el gran pintor Alberto Manrique de Lara Díaz, la realización de un retrato en el que José figura vestido con toga, su inseparable puro entre los dedos, escoltado por las imágenes de la justicia, la Casa de los Coroneles y el emblema heráldico de los Manrique.

Acompañamos en su dolor a su esposa y compañera amorosa de tantos años, María Jesús Martin-Neda de Buergo, la dama lagunera que conoció de estudiante y con la que tuvo ocho hijos, que, junto con sus nietos, representaban su mayor orgullo y consideraba que eran su mejor obra. Todos recuerdan con enorme cariño a un esposo, padre y abuelo que siempre ejerció como patriarca atento y protector.

Descanse en paz.