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Gestión de aguas

Los secretos de las cloacas

Emalsa encuentra a diario en la red de saneamiento insólitos objetos

Uno de los tapones de toallitas extraídos en Mesa y López. LP/DLP

En el entramado oscuro de tuberías que recorren la ciudad como una gran serpiente las aguas sucias se deslizan hasta ser procesadas en las estaciones de tratamiento pero, en ocasiones, encuentran impedimentos como enormes masas de toallitas húmedas, bolas de grasa u objetos de lo más vario pintos que acaban en la red de saneamiento, en la mayoría de casos, ante la sorpresa de los propios operarios. Los trabajadores de la Empresa Mixta de Aguas de Las Palmas (Emalsa) recogen todo tipo de objetos de las tuberías de la capital grancanaria.

La ingeniera del área de Alcantarillado de la empresa mixta, Nisa Guede, cuenta que en la red de tuberías han encontrado "de todo". Desde lo más común como bastoncillos de oído, compresas, tampones o preservativos hasta objetos de los más vario pintos. "Macetas, botellas de Coca Cola antiguas que ya no se encuentran en el mercado, bloques de construcción, muñecos de juguete de los años 80 e incluso una tortuga viva" que, durante mucho tiempo, fue la mascota de la oficina del área de Alcantarillado. A pesar de lo anecdótico, Guede recuerda que el váter no es una papelera y todo lo que es imposible de reutilizar en las plantas de depuración acaba en el mar.

El principal problema que atasca las tuberías de la ciudad sigue siendo las toallitas desechables. La ingeniera asegura que a lo largo de los años la situación ha "empeorado porque su uso se ha extendido para todo tipo de cuestiones, hay toallitas para el limpiar muebles, para el baño, para las gafas, para desmaquillarse...".

Las zonas de expansión de la ciudad, como Siete Palmas, son las que más atascos en la red sufren

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Todos los días Emalsa desatasca bolas de toallitas higiénicas que obstruyen la red de saneamiento de la ciudad. En una sola noche de trabajo los operarios pueden llegar a extraer una tonelada de este tipo de residuos en los diferentes puntos de la red de tuberías que rodea la capital. Al mes, la ciudad saca el peso de una ballena yubarta en toallitas. Lo peor es cuando se juntan estos productos desechables de limpieza con la grasa. El aceite de cocina desechado por el fregadero se solidifica y puede llegar a obstruir las tuberías de la ciudad, por esta razón cuando actúan en conjunto, consiguen crear marañas gigantescas de lo que se denomina comúnmente como el "monstruo de toallitas".

La diferencia entre el papel higiénico y las toallitas está en su composición, las últimas están hechas con fibra compactada para poder absorber y arrastrar, que es su principal función. La ingeniera pide a la ciudadanía que sumerjan una toallita y un trozo de papel en agua y comprueben que la primera no se desintegra a pesar de que pasen varios días. "Una toallita no causa ningún problema pero varias son un quebradero de cabeza", resume Guede.

Por esta razón, para evitar este tipo de problemas la ingeniera pide más concienciación y recuerda que incluso las toallitas que indican ser biodegradables no deben ser tiradas al váter porque su proceso de degradación es más lento y terminan obstruyendo las tuberías de igual manera.

Estación de bombeo de aguas residuales que separa las toallitas de la tierra para su destino final al vertedero. LP/DLP

La situación empeora en dependencia de la zona de la capital, los barrios de expansión de la ciudad son los que más tapones sufren a causa de estos productos. Guede destaca que Siete Palmas es el lugar más afectado por esta problemática aunque también lo son las zonas de Santa Catalina, la Isleta, el Puerto y Guanarteme. En el caso de Siete Palmas, la ingeniera explica que el problema se acrecienta con la elección de árboles de las Ramblas, "los ficus tiene un tipo de raíz que crecen con la misma forma que la tubería y de esta forma las obstruyen", ya que las aguas residuales son ricas en muchos nutrientes necesarios para las plantas, por lo que sus raíces buscan llegar hasta estas aguas.

Las zonas de restauración son otras de las grandes afectadas por la grasa que también obstruye la red. En la zona de Triana los problemas han aumentado en los últimos años con la incorporación de las terrazas. Por esta razón, la empresa mixta realiza campañas de concienciación orientadas a este tipo de negocios.

Cuando uno de los tapones es detectado, los trabajadores extraen la montaña de toallitas la introducen en el camión succionador de la compañía, el cual está separado en dos espacios, uno con agua limpia y otro donde alojar la basura. Las toallitas son llevadas a una máquina especial para separarlas de la tierra. Su destino final es el vertedero.

La empresa de gestión de aguas municipal realiza tareas preventivas para evitar que los tapones crezcan desmesuradamente y la red presente averías a largo plazo. Por la orografía de la Isla que condiciona el trazado y pendiente de las tuberías, en los denominados ‘puntos negros’ -lugares donde suelen existir más problemas- son los espacios donde las toallitas están más acumuladas. En estos puntos Emalsa realiza un seguimiento y limpieza especial.

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