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Una boda salpicada por el temporal

El paso de la tormenta el pasado fin de semana trastoca los planes de los vecinos de Las Mesas

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Consecuencias del temporal en el barrio de Las Mesas Juan Castro

Medir las consecuencias del paso del ciclón tropical Hermine por la capital grancanaria desde un punto de vista de daños materiales, podría ser una labor ardua, pero posible. Sin embargo, ¿cómo se pueden valorar los daños morales o emocionales que dejó a su paso?

Sin respuesta, Nereida Trujillo, una vecina del barrio de Las Mesas Bajas, no sólo se vio damnificada por las lluvias que afectaron directamente a su casa dejándola en una situación precaria, sino que la tormenta propició algo más importante: una ilusión rota. 

A una semana de la celebración de su boda, Nereida y su marido vivieron una auténtica odisea en la calle Guillén Peraza donde residen. Los problemas con la red de saneamiento en dicho enclave -que podrían catalogarse como históricos- hicieron que durante el pasado fin de semana, la calle quedara totalmente anegada. 

Punto de confluencia de aguas

Tampoco ayuda la propia orografía del lugar, debido a que la calle tiene una doble pendiente -una en cada extremo- siendo el punto en el que confluyen, donde se ubican varios domicilios, entre ellos el de la pareja. Por lo tanto, no hay escapatoria ya que al agua caída por la lluvia en la misma vía, se le suma la que va bajando desde las calles de la parte alta del barrio. Si se le añaden los problemas de succión de los colectores y la existencia de un muro de contención en la acera de enfrente -perteneciente al Colegio de Educación Infantil y Primaria-CEIP Las Mesas), el resultado no es otro sino que un estancamiento que llegó a una altura de más de 40 centímetros en la fachada de las casas afectadas -fueron varias-. 

Nereida narra que «todo comenzó a las 4.00 horas del pasado sábado (24 de septiembre)» con una fuerte lluvia, que empezó a producir las primeras acumulaciones de agua en la calle. «Mi marido salió y abrió las tapas de las alcantarillas de la calle porque no estaban bajando», apunta. 

Los colectores de la calle Guillén Peraza dejaron de funcionar y provocaron el total estancamiento de la vía

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La situación mejoró relativamente hasta las 10.00 horas, aunque continuaron revisando para ver si nada obstruía el paso del agua por los desagües. A las 11.00 horas se inició la pesadilla con el regreso de la lluvia intensa. 

«Quitamos las tapas de las alcantarillas de nuevo y cerramos el paso de los coches en los dos sentidos, para que no hubiera ningún accidente y evitar que empujaran a su paso el agua hacia las casas», señala Nereida. 

El nivel del agua acumulada seguía subiendo, por lo que los contenedores empezaron a flotar, al igual que la basura que retenían. Fue ahí donde se activó la colaboración vecinal. Tanto los afectados como lo de las casas de alrededor, bajaron para «recoger los desperdicios» y evitar que «se tupiesen los colectores». Entre tanto, mientras todo esto sucedía fuera del domicilio, Nereida limpiaba y achicaba agua desde dentro. «De repente escuché al perro (un chihuahua) llorando dentro de la habitación». Al entrar, lo vio nadando -«casi se ahoga»- y se dio cuenta de que las aguas residuales estaban emanando -con muy mal olor- a través de las tuberías del baño, por la taza y por la ducha. «No me lo podía creer», asegura. 

Muebles inservibles

Muebles, cajones, camas, sillones, nevera, secadora... «todo estaba inundado. Todo prácticamente inservible». Su primer pensamiento fue «salvar la ropa de la boda», por lo que rápidamente la puso en alto, a salvo del agua. A partir de ahí, las cosas fueron de mal en peor. «Los papeles (documentos)que tenía en uno de los cajones, se perdieron porque se mojaron completamente». Lo mismo sucedió con «las mantas y las sábanas guardadas en el arcón» que se había inundado. 

En la calle, los vecinos fueron los encargados de aminorar el problema, tal y como le indicaron desde el 112 que aludieron que no podían acudir a la llamada de emergencia al no tener efectivos. Para ello, agujerearon el muro del CEIP a modo de desagüe improvisado, por el que drenó el agua normalizando la situación. 

Nereida apunta que «hace años ese muro no existía y el colegio tenía unas vallas», a través de las cuales el agua fluía «y este problema no era tan grave», porque evitaba el estancamiento. 

El futuro es incierto. Por ahora no hay demasiadas alternativas. Una casa con los muebles desahuciados y «con el mal olor reinante por el agua de cloaca». «No me atrevo a subir las palancas de electricidad en casa, por si fuera peligroso», dice. «Hay que encontrar una solución definitiva para el problema de esta calle», reafirma.

Una cosa sí es segura. Este sábado hay una boda en la Iglesia de Tenoya, que no se va a suspender. Aunque Nereida reconoce no estar «demasiado animada», el Hermine no va a poder con la ilusión de la pareja, la hija y su familia.

En busca de una solución final

La Asociación de Vecinos Finca Vachicao del barrio de Las Mesas Bajas ha solicitado al área de Servicios Municipales del Ayuntamiento capitalino, que dirige Inmaculada Medina, una solución definitiva para el problema en el desagüe de la calle Guillén Peraza que se repite cíclicamente con las lluvias. La edil explicó que se ha notificado a «Emalsa para que realicen un estudio y poder dar solución a la red de saneamiento de la zona» lo antes posible, ya que en la actualidad se están haciendo las labores de limpieza y arreglos por la tormenta en el diferentes puntos de la ciudad. | X. L.

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