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Comercios históricos de Las Palmas de Gran Canaria

La tradición de un potaje

El Restaurante Hermanos García I es el único que no está gestionado por la familia, su dueño Jorge Rubio, se considera uno de los hermanos

El dueño del Restaurante Hermanos García I, Jorge Rubio Rodríguez.

El dueño del Restaurante Hermanos García I, Jorge Rubio Rodríguez. / juan castro

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Gretel Morales Lavandero

Gretel Morales Lavandero

Las Palmas de Gran Canaria

Hace 45 años la familia García comenzó su periplo por el sector de la hostelería. En 1977 el primer restaurante de la cadena de los Hermanos García abre sus puertas pero la tradición venía de mucho antes. Ya en 1965, los padres abrieron el primer local, llamado exclusivamente Restaurante García, hoy en día desaparecido. En la actualidad, el primer restaurante, de los seis surgidos posteriormente, es el único que no es regentado por uno de los hermanos de aquella familia primigenia. 

Sin embargo, el antiguo empleado del local y actual dueño de Hermanos García I desde hace ocho años, Jorge Rubio Rodríguez, se considera como de la familia. Rubio trabajaba en el restaurante desde hacía 30 años cuando en 2014 le propusieron el traspase del negocio, ya que su anterior jefe, Juan García se jubilaba. 

Rubio terminó la mili y fue directamente a trabajar en el restaurante, poco se imaginaría ese chico que años después estaría dirigiéndolo. «Es una lotería pero para que te toque es a base de curro», asegura el dueño con una sonrisa constante. Rubio afirma, que el anterior dueño, Juan García, sigue manteniendo una buena amistad y hablan frecuentemente del negocio. El proceso de adaptación de empleado a jefe cuenta Rubio que fue sencillo, "con 50 años a mí ya nada me da miedo" aunque reconoce que el primer mes estuvo "asustado" pero la adaptación fue rápida.

El restaurante ha modernizado la carta y vende fuera del menú platos que atraigan a nuevo público

El mítico local de la calle Juan Manuel Duran González 51 trabaja con un menú diario en el que todos los platos son caseros y además son recetas que se pueden encontrar en cualquier hogar canario. Rubio entre la variada carta que preparan todos los días destaca los potajes como uno de los mejores platos para degustar y en especial los de berro. "La gente no para de pedirlos para llevar a casa porque saben que están buenos y es comida casera y saludable", indica. A pesar de que la tradición de la gastronomía canaria no falta, Rubio explica que están en proceso de modernizar la carta. "Para atraer a un público más joven hemos decidido incorporar platos más novedosos con recetas más modernas que vamos probando", explica el dueño. Las novedades son varias, algunos ejemplos son el secreto, bolitas de morcilla, solomillo y unos crispy de gambas con salsa marinera. 

La clientela del lugar es principalmente trabajadores que salen de sus oficinas para descansar de la jornada y reponer fuerzas mimando el paladar. "Todos se quedan encantados porque nosotros servimos porciones muy abundantes y muchos se llevan los tupper a casa y con eso comen al día siguiente", señala Rubio. 

El paso de la Covid-19

La Covid-19 fue una etapa dura para el restaurante, Jorge Rubio hace balance de aquellos momentos y considera que se "equivocó" al cerrar durante cuatro meses. "A pesar de que vendo mucha comida para llevar, en ese momento decidí cerrar, la pandemia era algo nuevo y no se sabía mucho del tema y yo estaba asustado en el tema sanitario porque no todo en esta vida es dinero", expresa. Tras la crisis ocasionada por el virus, llegó la inflación a raíz del conflicto entre Ucrania y Rusia, lo que produce que tengan que subir los precios de sus productos y afecta al cliente. "He subido los precios pero menos de lo que debería porque muchos de mis clientes son pensionistas", aclara y calcula que un 60% o 70% de su clientela son jubilados. 

Al negocio siguen llegando clientes que abrieron las puertas del restaurante hace 45 años, son sus clientes más fieles y parte del paisaje del local, muchos, incluso son amigos después de tanto tiempo. 

El local afianza a su clientela por la calidad de su comida, que es casera, típica canaria y diferente cada día

Para el dueño una cuestión fundamental son los propios trabajadores, Rubio explica que la mayoría del personal, como él mismo, llevan mucho tiempo en el negocio y son una parte esencial para la calidad de la comida del restaurante. "El cliente tiene que estar bien atendido" y para eso, considera Rubio es necesario que los diez trabajadores estén a gusto. "Somos un equipo", asegura Rubio. 

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