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Comercios históricos de Las Palmas de Gran Canaria

Restaurante Samoa, el clásico más moderno

El histórico local sigue con un menú tradicional adaptado a los nuevos tiempos para clientes de todos los días y toda la vida

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Gretel Morales Lavandero

Gretel Morales Lavandero

Las Palmas de Gran Canaria

Samoa es una isla del Pacífico a miles de kilómetros de Canarias. Sin embargo, el restaurante de la calle Valencia abierto desde 1957 lleva su mismo nombre a raíz de la propuesta del hijo del dueño que hojeaba un Atlas y encontró el país. El negocio comenzó de la mano de Manuel Padrón, conocido como Manolito, con una tienda de aceite y vinagre en los años 40. Un tiempo después reformó el local para convertirlo en un bar. 

En sus comienzos de restauración la clientela eran sobre todo obreros del Mercado Central y aficionados de la UD por la cercanía con el Estadio Insular. La actual dueña, Carmen Padrón, explica que mantienen a clientes de toda la vida que van a comer al restaurante desde su apertura. "Hace poco murió un cliente que venía casi todos los días primero con su mujer y sus hijas, al quedar viudo le enviábamos la comida a la casa hasta que su hija me llamó para contármelo", explica Carmen, hija del fundador del local. 

El cambio de tienda de alimentación a restaurante considera Carmen que puede ser por la apertura de más supermercados por aquella fecha o también porque a su padre le gustó más este tipo de negocio. "En las tiendas antes al cerrar era muy típico que vinieran los vecinos del barrios y se tomaran un roncito y mi padre por ejemplo también servía pejines", indica. Con el paso del tiempo los cuatro hermanos abrieron una sociedad junto a su padre y se hicieron cargo del local. 

La segunda planta a modo de comedor fue bien acogido por los clientes al no contar con el ruido de la barra

El relevo generacional fue liderado por aquel entonces por Manuel Padrón, el hijo que se encargó de abrir la segunda planta del restaurante. Carmen recuerda que fueron pioneros por aquel entonces en disponer de una planta de arriba exclusiva para comedor. "Mi padre no estaba convencido de la reforma porque no sabía si la gente iba a subir unas escaleras para comer pero al final salió bien", señala. Carmen asegura que ahora los clientes prefieren comer arriba sin el barullo que produce la barra. "Mi hermano fue el encargado de convertir el local de lo que era antes, es decir, un bar de barrio al restaurante con la calidad actual", recuerda

Carmen comenzó ayudando a su padre con las factura y cuando su hermano decidió volver a Iberia Express a trabajar como auxiliar de vuelo se volcó completamente en la gestión del negocio hasta la actualidad.

Desde sus comienzos la carta ha ido modernizándose. "Hay platos que cocinamos desde los comienzos como los tollos en cebolla, las papas rellenas o los sesos", recuerda la dueña pero explica que han añadido novedades a la carta para ofrecer una mayor variedad con puntitas de calamar, brochetas y otras recetas que incluso a día de hoy van surgiendo. "Pero seguimos manteniendo las tradiciones, aquí se cocina potaje o ropa vieja siempre porque lo piden muchos clientes de toda la vida y de todos los días".

Los cambios por la pandemia

La Covid-19 pasó factura al negocio aunque Carmen aclara que podría haber sido peor. "Desde el principio vendimos comida a domicilio por lo que pudimos mantenernos", rememora Carmen que añade que el viernes santo de 2020 vendieron 99 raciones de sancocho, "el proveedor se quedó sin pescado", señala. Carmen destaca que los clientes han cambiado sus horarios, "las noches ahora son muy flojas la gente cena antes y se marcha pronto, al principio fue duro porque no estábamos acostumbrados pero luego hemos comprobado que es algo general". "Por ejemplo ahora los martes y miércoles no abro por la noche porque no hay movimiento". 

Carmen explica que lo aprendió todo de su padre, fallecido en 2012 y que siempre estuvo pendiente del negocio a pesar de estar jubilado. "Sobre todo cuando llegaban los productos como la verdura que sabía perfectamente cuál era la mejor". 

El negocio siempre ha sido familiar y ha conseguido renovarse desde sus inicios. Tras la reforma el local tuvo un aspecto más moderno aunque sin olvidarse de su pasado clásico. Uno de los mostradores de la planta superior lleva los mismos años que el restaurante y sigue adornando el lugar junto a los nuevos manteles de colores claros y los cojines de temática marina. La fusión de la modernidad con el toque clásico.

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