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Una casa de indianos muy colonial en Vegueta

Una pareja restaura el único edificio sin proteger de la calle Castilllo y lo convierte en apartamentos | La familia de Siria Sánchez vivió allí al venir de Cuba en los años 20

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Viviendas vacacionales La Colonial Juan Carlos Castro

La calle Castillo, situada en el corazón de Vegueta, está repleta de palacetes y casonas. Todas, salvo una, están protegidas. Alyson López Mederos y su marido han restaurado este inmueble único en lugar de recurrir a la piqueta. Reconvertido ahora en cuatro apartamentos, Siria Sánchez Rodríguez rememora entre sus paredes los tiempos en los que allí vivió su familia recién llegada de Cuba en los años 20, una casa de indianos.

Cuando Siria Sánchez Rodríguez cruzó por primera vez el umbral del número 2 de la calle Bedmar sintió «algo así como una sensación mágica». Realmente aquello era un reencuentro, pues llevaba más de 50 años sin pisar el edificio en cuyo ático nació y donde pasó parte de su infancia junto a su abuela y familiares. Tras permanecer casi dos décadas bajo el completo abandono, el inmueble, edificado en 1921, estrenó cien años después una nueva vida, en este caso reconvertido en una vivienda vacacional, La Colonial.

«El edificio estaba en un estado lamentable cuando entramos por primera vez, toda la parte de atrás tenía el techo caído y la estructura estaba muy deteriorada», explica Alyson López Mederos. Junto a su marido, esta comunicadora decidió hace tres años embarcarse en una aventura que les llevaría a dar una nueva vida a un edificio centenario en el corazón del barrio histórico de Vegueta.

«Nuestra idea era recuperar el edificio, podíamos haber cometido un disparate y haberlo tirado todo»

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Situado en el cruce de Bedmar con Castillo, en esta última calle es el único inmueble que no tiene protección arquitectónica dentro del Plan Especial de Protección (PEP) de Vegueta y Triana. «A pesar de eso, nuestra idea era recuperar todo lo posible del edificio», aclara López, «podíamos haber cometido un disparate, haberlo tirado todo abajo y construir hasta tres plantas que es lo permitido en esta zona». En lugar de recurrir a la piqueta, algo tan habitual en las casas que carecen de protección en el casco histórico de Las Palmas de Gran Canaria, han conservado la fachada de principios del siglo XX y han preservado gran parte del interior.

La restauración la han hecho intentando reutilizar cualquier elemento salvable del edificio original, explica López. De puertas a elementos de cerrajería e incluso objetos que encontraron entre escombros. «Pedí que lo guardaran todo», recalca; dicho y hecho, «los barrotes de esta barandilla eran de la escalera original de la casa», indica en el interior del apartamento de la planta baja, «la madera del pasamano estaba toda picada, pero los hierros los sacamos uno a uno y los pusimos en una nueva barandilla».

La Colonial consta de cuatro apartamentos repartidos en las tres plantas del edificio. «En un principio pensábamos hacer una Casa Emblemática, pero al no estar protegida no podíamos acogernos a esa figura», aclara López. No obstante, el edificio arrastra un siglo de historia. En la azotea han grabado las dos fechas claves para este inmueble; 1921, año de construcción, y 2021, cuando concluyó la reforma integral.

Siria Sánchez Rodríguez fue la primera huésped de los apartamentos, se alojó en el ático donde nació

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La abuela de Siria Sánchez Rodríguez llegó de Cuba en la década de 1920. «Era de padres canarios, no recuerdo si la casa estaba ya construida o fueron ellos los primeros que la habitaron, pero llegaron en esos años», relata; con el espíritu de los indianos recién llegados del Caribe, María Cabrera Cabrera crio allí a sus hijos y posteriormente a sus nietos. La propia Siria nació en el ático del edificio, «en la cama de mis padres». Y aunque con dos años ella y sus progenitores se fueron a otra parte de la ciudad, con cierta asiduidad se quedaba a dormir en la casa familiar de Vegueta.

Cuando supo que Alyson López y su pareja estaban restaurando la vivienda no lo pensó dos veces y fue a verla. Fue la primera huésped de los apartamentos, hace justo un año, y pasó la noche en el ático que fuera de sus padres. «La habitación está en lo que antes era el comedor, pero aún así, me acosté y fue como si me trasladara a otro tiempo», indica, «incluso, traje unas fotos antiguas y les puse unas velas». Ahora ha vuelto a La Colonial con su hija Berta, quien estudia diseño de interiores, fascinadas ambas, afirma que se le pone «la piel de gallina» al pasear por la casa, y eso que ya la ha visitado en varias ocasiones en este año.

Siria Sánchez, quien nació en la casa, y Alyson López, la anfitriona de La Colonial. Juan Castro

María Cabrera vendió la casa en 1970, aproximadamente, «a un conocido que tenía un negocio en el Mercado de Vegueta», indica Sánchez Rodríguez, incluso, «hubo un tiempo en el que se alquilaban habitaciones en la casa para que pudieran pasar la noche la gente de los campos que venían a vender en la plaza». Su última habitante, antes de esta segunda vida, fue una pintora, cuyo taller estaba en el local que daba a la calle Castillo, «allí mi tío tenía una tienda de aceite y vinagre, la de Hilario», rememora.

Baldosas hidráulicas

Tras la marcha de la artista, el edificio quedó abandonado durante 17 años, hasta tal punto que lucía un aspecto sumamente degradado. «Los vecinos nos han dado las gracias, porque este callejón era oscuro y daba sensación de inseguridad», señala la anfitriona de La Colonial. Cuando llegaron encontraron todo tipo de desperdicios y trastos, «en lo que fue el taller de la pintora había varios cuadros», indica, «varios me gustaron y decidí recuperarlos»; hoy están expuestos en la pared de uno de los apartamentos.

«En el taller de la pintora que vivió en la casa había varios cuadros amontonados que restauramos»

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Y es que el edificio ha sido recuperado con sumo cuidado. «Tardamos casi dos años al pillarnos la pandemia de por medio», apunta López; «en algunos sitios pensamos que era mejor restaurar los techos», comenta señalando las vigas de tea, «y en otras los suelos». Pero, la mayor parte de las baldosas hidráulicas de la casa tienen truco, «estaban muy deterioradas». Eso no fue excusa para renunciar a ese tipo de suelo tan característico de comienzos del siglo XX. «Mandamos reproducir las originales en Fez [Marruecos]», precisa, al tiempo que compara una pieza centenaria -que conserva en uno de los apartamentos de recuerdo- con las nuevas, exactamente iguales.

Natural de La Palma, parte del mobiliario lo ha traído de anticuarios de la Isla Bonita, «nos montamos en una furgoneta y nos trajimos de todo», indica. Cosas insólitas como unos tronos de tribu africana las encontraron en un garaje de Puntallana. Además, acudieron a rastrillos de Tenerife, Gran Canaria y Marruecos. «La restauración de muchos muebles la hicimos en el taller de la Obra Social», señala; otros son cosa de ellos mismos, trabajo en familia.

La restauración incluyó una azotea con alberca -con una más que evidente inspiración en los riad de Marrakech- y una terraza con vistas a los Riscos y Vegueta, donde colocaron una rejilla de lo más curiosa, «eso era la puertilla del gallinero que tenía mi abuela», apunta Siria Sánchez. Sin olvidar las placas solares sobre el mirador que corona el edificio, «donde mi madre y mi abuela tomaban latas de berberechos por las tardes», rememora.

Una vez finalizaron los trabajos, comenzó lo que los anfitriones esperaban que sería un mero negocio, «pero he descubierto que lo que más me gusta es el trato con la gente, lo a gusto que se queda con todo», apunta López. Por allí han pasado personas de nacionalidades tan dispares como Canadá, Alemania o Dinamarca, incluso, una influencer ucraniana, «antes de la guerra», matiza. «Es increíble cómo nos han encontrado teniendo en cuenta que somos un sitio nuevo», señala -sin contar con la competencia turística de calidad que ha surgido en los últimos años en Triana y Vegueta-, «una vez nos dijeron que buscaban un alojamiento con arquitectura colonial, y aquí acabaron».

Es más, por allí han pasado ya incluso gente de renombre. En su cuenta de instagram lucen en una foto parte del elenco mexicano de la serie Zorro después de permanecer en el establecimiento varios meses con motivo del rodaje de la producción de Amazon Prime Video. El actor español Miguel Bernardeau, hijo de la actriz Ana Duato y quien encarna al forajido californiano, no salió en la instántanea, pero también se alojó allí.

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