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Comercios históricos de Las Palmas de Gran Canaria

Una vida entera entre flores

Los Nopales fue una perfumería francesa pero cuando la primera dueña se percató de que las flores eran las protagonistas de las compras el negocio dio un giro

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Gretel Morales Lavandero

Gretel Morales Lavandero

Las Palmas de Gran Canaria

Mercedes Torres ha vivido desde que es una niña entre flores. No conoce otro mundo que el de arreglar los ramos, hacer las cuentas y atender a los cliente de la mítica Floristería Los Nopales abierta desde 1956. La tienda fue abierta por Carmen Hernández aunque en un primer momento era una perfumería francesa y las flores eran exclusivamente para decorar. Pero cuando notó que los ramos tenían más éxito decidió cambiar el negocio y aventurarse en el mundo de la naturaleza.

En sus inicios comenzó a trabajar una prima de la madre de la actual dueña pero como muchos en aquella época viajó hasta Venezuela para hacer fortuna. En su puesto, dejó a la madre de la propietaria, Mercedes Calero, que al igual que su hija se enamoró del negocio. "Éramos como una familia aunque no fuera de sangre, mi madre trabajó durante tanto tiempo que Carmen para ella era como una madre y para mí una abuela", asegura Torres.

Durante la década de los 70 y los 80 las tertulias entre los personajes famosos y políticos de la ciudad eran comunes. "Venían a tomar té y se pasaban horas aquí", recuerda. La floristería ha tenido clientes y amigos de renombre. El pintor indigenista, Jesús Arencibia, pasaba mucho por la tienda no solo a surtirse de flores sino también para persuadir a uno de los empleados de ser su modelo. "Nuestros clientes son de toda la vida por aquí venían políticos, médicos, abogados, escritores, pintores yo recuerdo ser una niña y sentarme a escuchar porque venían todos los personajes, ahí conocí a Ventura Doreste, Manuel Pérez de la Barreda y muchos más", recuerda.

Desde aquella época el negocio ha cambiado mucho, las nuevas tecnologías son el principal medio por el cual vende su mercancía. Al tener una clientela fija de muchos años, Mercedes enseña su Whatsapp con una multitud de mensajes de peticiones. "Ya ni me llaman sino que me escriben lo que necesitan y no me dicen ni cómo lo quieren ni el precio porque ellos saben que conozco sus gustos y su bolsillo, son muchos años de trato", explica. 

La Floristería Los Nopales.

La Floristería Los Nopales. / juan castro

Mercedes considera que la gente sigue comprando muchas flores aunque no sea el volumen de ventas de antes. "Es un regalo que no te compromete porque hoy todo el mundo tiene de todo, así que con las flores quedas bien y es un detalle distinto", comenta Mercedes. Tras la pandemia los gustos han cambiado, antes de que la Covid-19 azotara el mundo los arreglos eran más sobrios, de un solo color. Tras los momentos duros que tuvo que vivir la sociedad los clientes piden arreglos más coloridos y alegres. "Se vende de todo, la gente quiere variedad, alegría y colorido". 

Mercedes recuerda con cariño la época en la que Carmen Hernández gestionaba la tienda con su madre y ella. "Era una señora muy conocida, tan moderna que nunca la veías vestida de negro, muy alegre y humana". Carmen también pintaba cuadros de flores que regalaba de forma caritativa, al final, la floristería siempre fue su inspiración. "Llevo las flores en el corazón y su color en la mente", decía Carmen para un periódico de la época.

Cuando la primera propietaria falleció dejó en herencia la tienda a sus dos hijos y a la madre de Mercedes. "Los hijos no querían seguir con el negocio, por lo que vendieron su parte a mi madre y a mí", explica. Desde 2011 la tienda la gestiona Mercedes tras la jubilación de su madre. "Al principio te coge desprevenida pero me fui adaptando, a veces me preguntaba si podría con todo sola", confiesa. 

En los inicios la tienda se ubicaba en la calle Malteses y años después se trasladaron a León y Castillo al edificio ubicado en la Casa de la Marina. "Este edificio lo hizo Néstor Martín Fernández de la Torre el arquitecto que diseñó Santa Catalina, tengo hasta los planos firmados por él", explica Mercedes. En el edificio antes había una gran diversidad de comercios que han desaparecido con el tiempo. Estaba la televisión, joyerías, boutiques, tiendas de caballero, era un pasillo lleno de locales de referencia del que hoy en día solo pervive la floristería.

Mercedes se siente una privilegiada por haber crecido en un ambiente natural lleno de color y vida. Dedica la mayor parte de su tiempo al negocio, es un trabajo muy sacrificado. "Mi hija también se ha criado aquí, le daba de merendar en la floristería y aquí venían también los profesores particulares", y recuerda que la niña le preguntaba por qué nunca iban a casa, ya que solo pasaban para dormir. "No me suelo ir muy lejos de la ciudad los días que libro por si me surge algo", señala Mercedes que a pesar de ello se confiesa una enamorada de su negocio. 

Cuando Mercedes se jubile la tienda cerrará, ya que su hija es profesora y tiene claro que no seguirá con el negocio. En su calendario todavía no está marcada la fecha en la que se retire: "Hay que disfrutar el presente", asegura. Mientras tanto la capital y la Isla seguirá estando servida de la alegría de las flores.

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