Entrevista | José Miguel Pérez Historiador, expresidente del Cabildo de Gran Canaria e Hijo Predilecto de Las Palmas de Gran Canaria

José Miguel Pérez: «Una buena parte de la historia de España está ahora en nuestra ciudad»

El historiador, expresidente del Cabildo y exvicepresidente del Gobierno de Canarias, José Miguel Pérez (Las Palmas de Gran Canaria, 1957), sobrelleva sus problemas de salud con una intensa actividad en la Fundación Negrín

Resalta que, sin que muchos lo sepan, en la ciudad se guardan ahora documentos desconocidos de una parte de la historia de España

José Miguel Pérez, en uno de los archivos de la Fundación Juan Negrín. | | JOSÉ CARLOS GUERRA

José Miguel Pérez, en uno de los archivos de la Fundación Juan Negrín. | | JOSÉ CARLOS GUERRA / Jesús Montesdeoca

Hace poco más de un año recibió el título de Hijo Predilecto de Gran Canaria y ahora el de la capital. ¿Esperaba un reconocimiento tan seguido?

Pues no, porque en mi vida han pasado muchas cosas en estos últimos tiempos. He estado de baja por una enfermedad grave, pero ya he vuelto a trabajar. Primero porque los médicos consideran que es bueno, no solo no perjudica a mi salud, sino que me anima. Y segundo, porque hay mucho trabajo que hacer aquí, en la Fundación Juan Negrín.

¿Y cuál es ese día a día para sobreponerse a la enfermedad?

Pues coincidió que nos llegaron más de 10.000 ejemplares de la biblioteca de Negrín y nuevos y sorprendentes documentos que estaban en Francia y Cataluña. Todo eso hay que ordenarlo, catalogarlo y en controlarlo, que es en lo que yo estoy ahora. Se afianzó la Cátedra Juan Negrín mediante un convenio con la ULPGC y me gustaría resaltar su importancia, al margen de que esté yo o no. Lo que tenemos aquí delante no es Juan Negrín como personalidad grancanaria, el único primer ministro canarios, sino que tenemos una buena parte de la historia de España que estaba desconocida.

¿Cómo era la ciudad de sus primeros años? ¿La echa de menos?

Sí. Yo nací en la calle Constantino, que va de San Bernardo a Triana. Allí pasé mi infancia. Vivíamos en la casa de mi abuelo, que era militar, un coronel que estuvo en la Guerra de África y en la Guerra Civil Española. Era una persona a la que yo quería mucho, y viceversa. Ya jubilado, todos los días me llevaba a visitar la ciudad, al Parque de San Telmo, al de Doramas o a Triana cuando había coches. Luego mis padres se mudaron, compraron un piso en Schamann, donde estuve hasta que terminé la carrera y me independicé. Luego pasé por un montón de sitios.

"Guanarteme ha pasado de ser un barrio popular a uno muy caro; se han cometido los mismos errores y nadie ha sido consultado"

¿Qué lugares le marcaron?

En la calle Constantino conocí el mundo. Y luego Schamann, un barrio popular que surgía en los años sesenta. También guardo buenos recuerdos de la Plaza de Santa Ana, donde me llevaba mi madre a jugar. Me gustó siempre la historia de esta ciudad, porque tiene muchas posibilidades. En contra de lo que se ha dicho, no surge cuando llegan los conquistadores, sino que tiene una historia previa y basta con ver el trabajo que han hecho los compañeros arqueólogos en La Isleta para comprobar que los aborígenes extraían allí los materiales para construir sus herramientas. Quedan muchos vestigios. Pero incluso si aceptamos la fecha oficial de la fundación tenemos una historia riquísima en estos cinco siglos, aunque también dificultades en cuanto al espacio. Alguien me comentó que el problema radicaba en que era una ciudad sin coser, veteada de barrancos que la separaban. Y que habría que intentar planificar de tal manera que cosiera la ciudad para todo tipo de soluciones. Esa idea me obsesionó siempre y me sirvió para contrastarla con lo que fui estudiando de la ciudad. Hubo épocas en que se diseñó muy bien, por ejemplo. el barrio de Alcaravaneras, con un plan perfecto a principios de siglo XX y hecho por personas de clases medias que trabajaban en el puerto. Pero hubo momentos en que la ciudad creció, o sigue creciendo, sin aprender y sin planificar.

Se denuncia que el precio de los alquileres y la gentrificación están acabando con los valores de los barrios populares de la ciudad, caso de La Isleta, Guanarteme, Schamann o San Cristóbal. ¿Es para alarmarse?

Sí, porque en primer lugar la gente tiene que tener un sitio para vivir. Y tiene que haber un tiempo de sedimentación de la convivencia. En Las Rehoyas se ha hecho algo bueno, al reponer edificios que ya quedaban muy viejos, pero es una labor que hay que continuar. Un barrio como Guanarteme ha cometido los mismos errores que se cometieron en los años 60 y 70. Ha pasado de ser un barrio popular a un sitio muy caro. Lo puedo entender, porque tiene al lado esa maravilla que es la Playa de Las Canteras, pero se ha producido un cambio donde, que yo sepa, nadie ha sido consultado. A lo mejor las ciudades tienen que crecer así, pero me hubiera gustado que se consultara. Ver qué queremos hacer para evitar los errores. Si vemos la parte norte de Las Canteras, la ciudad está muy cerca de la costa. Tenemos curvas, no una línea recta con la playa. Y no ha sido para bien, pues ha provocado la desaparición de una parte de nuestro pasado y muchos edificios antiguos. También tengo que reconocer que la ciudad ha crecido muy rápido porque han venido muchas personas y es difícil encontrar lugares para reubicar a esos habitantes fuera de los perímetros tradicionales de la ciudad, perímetros que casi nunca ha tenido.

¿Puede seguir creciendo sin perder su idiosincracia?

Me gustaría que tuviéramos el tiempo mínimo necesario, y a veces ya es tarde, para pensar en la ciudad. Pongo el ejemplo de la zona baja, no ya los riscos. Si salimos ahora a los alrededores de la catedral tenemos a un montón de gente deambulando que no saben ni dónde están. Creen que están en una zona antigua, pero difícilmente lo entienden. Hay que hacer una actuación urgente, que ya estaba preparada y además no es costosa. Y creo que esta vez hemos llegado a tiempo porque las instituciones se han puesto de acuerdo para actuar en el solar norte de la catedral, algo que se dejó atrás en el siglo XVIII. Ese espacio de 1.000 metros cuadrados que nos indique que allí hay una zona concreta donde hay más de tres siglos de historia de la ciudad, con las excavaciones terminadas y un proyecto museológico. Eso le daría un cambiazo a la ciudad.

Hace un año, al recibir el galardón del Cabildo, alertó del auge de la extrema derecha en Europa. Ya la tenemos aquí y uno de sus objetivos es acabar con leyes como la de la Memoria Histórica y hasta con lugares como este, la Fundación Juan Negrín. ¿Qué se puede hacer contra eso?

Pues sencillamente querer a España y querer a Canarias. Estamos cargados de historia y sin eso nos quedamos sin memoria. No me refiero a la Ley de Memoria , sino a la posibilidad de comprender lo que nos ha ocurrido a lo largo de los tiempos para poder decidir el futuro con mayor conciencia. Mi gran temor es que hay mucha gente a la que no le importa no tener conciencia de lo que ha ocurrido.

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