El malvasía volcánico a los pies de Bandama

La bodega El Mondalón, en Los Hoyos, culmina la vendimia de la uva blanca

Con más de 11.000 kilos recolectados, prevén superar un 30% la pasada cosecha

El área del Monte Lentiscal y Bandama ultima una recolecta tempranera por el calor

Vendimia en la Bodega Mondalón

C. T.

Ya desde las ocho de la mañana el calor empieza a hacerse notar en las faldas de la caldera de Bandama. En la bodega Mondalón, situada en el barrio de Los Hoyos de Las Palmas de Gran Canaria, están ya en la recta final de la vendimia. «Hemos apostado por el malvasía volcánico y se está dando de maravilla», apunta Tamara Cruz, quien está al frente del negocio. A falta de recoger las variadades de tinto, ya han recolectado más de 11.000 kilos de uva blanca, entre distintas variedades, todas oriundas de Canarias. La plantación abre la puerta de la región vitivinícola de El Monte, dedicada a la producción de vino desde hace varios siglos y donde conocen bien el noble arte de prensar el fruto de la parra.

La cosecha, por el momento, pinta «magnífica», remarca Cruz. A falta de terminar la vendimia, calculan que la producción podrá crecer un 30% con respecto al año pasado. Y es que en los últimos años no han parado de crecer y cada año plantan nuevas parras con vistas a aumentar la producción. Todo comenzó a principios de los años 90, cuando su padre, Juan Manuel Cruz, compró lo que hoy es la bodega y una hectárea de terreno en la falda del Mondalón -topónimo fruto de la contracción de Monte de León-, un cono secundario del edificio volcánico de la caldera de Bandama. El negocio inició así su marcha en la vega baja de Los Hoyos, donde esta práctica ya estaba en desuso, indica la viticultora.

Con la ayuda de su marido, Airán González, del enólogo Juan Fernando Sánchez y de una cuadrilla estos días se afanan con los alicates y los baldes a las uvas más óptimas para el consumo y la producción de vino. Toca apartar los racimos que no han sobrevivido al calor prolongado de los últimos meses y aquellos que no se han desarrollado para ser la planta demasiado joven. Muchas de las parras que tienen plantadas en Mondalón apenas tienen uno y tres años de antigüedad, por lo que la planta «todavía tiene que asentarse».

A diferencia de lo que ha ocurrido en la mayoría de fincas de la zona han retrasado la vendimia «una o dos semanas». De hecho, las variedades de tinto que cultivan en esta misma zona, tintilla y listón negro, todavía no las han recolectado, «a falta de una o dos semanas más de maduración para que puedan coger más dulzor». Mientras, en el resto del valle y en la mayoría de zonas dedicadas al vino en el Archipiélago los prolongados días de calor han convertido a la presente vendimia en especialmente tempranera.

Pioneros en la zona

Así, de los 11.000 kilos que ya superan en esta cosecha, tan solo el pasado jueves recolectaron unos 4.500, «los racimos salían uno detrás de otro», resalta Cruz. Y es que todo apunta a que irán a más en próximas vendimias. A comienzos de los 90 la bodega Mondalón echó a andar con tan solo una hectárea y ahora ya tienen cinco. Si en 2020 cultivaron unas 1.400 plantas, al año siguieron fueron 3.600 más, en el 22 otras 1.500 y este año van otras 3.200 para las que habrá que esperar a ver sus frutos. «Se dice que tardan unos tres años para que maduren, pero con dos ya estamos teniendo resultados positivos», precisa.

Los esquejes que utilizan de albilla del Monte provienen de plantas «que pueden tener 250 años»

Lo cierto es que Cruz y su pareja están siendo pioneros en la zona en plantar el malvasía. Esta variedad de uva, propia de Lanzarote, se ha adaptado de una manera «maravillosa» a este valle situado en las afueras de Las Palmas de Gran Canaria. Las condiciones de la zona tampoco difieren tanto de las que hay en el interior de la isla de los volcanes. En el suelo predomina el picón -Bandama es una de las erupciones más recientes de Gran Canaria- y la finca está apenas a unos 200 metros sobre el nivel del mar, lo que la convierte en una de las que están a menor altitud de la isla redonda, además de estar a apenas tres kilómetros en línea recta de la costa.

No obstante, además del malvasía plantan otros tipos de uva blanca: marmajuelo -de Tenerife, «con una acidez espectacular»-, albilla criollo -procedente de La Palma- y albilla del Monte Lentiscal. Esta última, «es una variedad que se está perdiendo, se vendía barata en su día porque no la quería casi nadie; pero tiene nuestro nombre, teníamos que hacer una apuesta por ella», resalta Cruz. Los esquejes que están utilizando, remarca la viticultora, provienen de plantas que pueden tener «250 años de antigüedad».

Y es que la tradición vitivinícola en El Monte se remonta al menos al siglo XVIII. De las siete bodegas del munnicipio de la capital incluidas en la Denominación de Origen (DO) Gran Canaria, todas están en este entorno de Bandama, Los Hoyos y Tafira. Las condiciones de este área, cubierta en menor o mayor medida por el material volcánico de la caldera, hacen de esta zona un lugar idóneo para este cultivo, todo a pesar del déficit de lluvias que existe en estos momentos.

Derechos de agua

«Nosotros nos salvamos porque tenemos derechos de agua», apunta Cruz, gracias a eso están pudiendo sacar adelante una plantación en un área en el que apenas llegan a los 200 litros anuales media; «el año pasado superamos los 300, pero la mitad cayeron con Herminia en dos días de forma torrencial». Mientras tanto, en este verano están viéndose obligados a lidiar con las altas temperaturas, de día y de noche. A las nueve de la mañana el sol ya despunta sobre la finca y comienza a apretar, por lo que recoger uva se convierte en una tarea más laboriosa si cabe, «nos hemos pegado una paliza estos días, la verdad».

Vendimia en las Bodegas Mondalón

Tamara Cruz se afana en recoger los últimos racimos de uva de la vendimia. / Andrés Cruz

Lo que empezó como un hobbie para su padre hace casi 30 años se ha convertido en un medio de vida. «Yo estudié turismo y trabajé fuera, incluso pedía las vacaciones coincidiendo con la vendimia», apunta Cruz. Sería hace diez años cuando asumió por completo la gestión del negocio. Comenzó así la expansión y aprovechó unos terrenos que primero fueron de los Mesa y López y luego pasó a los Cambreleng. «Para abrir el hotel [Mondalón] tenían que plantar olivos o viña por ser zona de recuperación agrícola; lo primero no les fue bien, así que aprovechamos», resalta. El terreno se lo arrendaron y también han ido comprando en las inmediaciones, aprovechando parcelas que llevaban «años en barbecho».

Una vez recolectadas, toca empezar a hidratar la planta para el próximo año, además de despalillar, estrujar y prensar el mosto resultante. Un proceso que puede durar unos días, aunque arranca al siguiente para evitar la fermentación. La idea final de todo esto es alcanzar entre los 11 y 12 grados de alcohol en los blancos y de 12 a 13 o 13,5 en los tintos.

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