Patrimonio
Los secretos del hotel Santa Catalina
El arquitecto Javier Mena desvela las peculiaridades del alojamiento de lujo que gestiona Barceló
El inmueble tiene similitudes con las casas californianas y de Hollywood construidas en los años 20 y 30 del siglo XX

El arquitecto Javier Mena, durante su charla sobre el hotel Santa Catalina este jueves. / José Pérez Curbelo
El histórico hotel Santa Catalina, gestionado en la actualidad por la cadena Barceló, es más que un hospedaje de lujo de Las Palmas de Gran Canaria. Sus paredes guardan aún muchos secretos, algunos de los cuales desveló este jueves el arquitecto Javier Mena, quien participó con su estudio Chesa y Mena Arquitectos y el equipo de Barceló en su rehabilitación en 2018.
Uno de ellos es que tiene similitudes con las residencias y viviendas españolas creadas en Los Ángeles, California y Hollywood en la década de los años 20 y 30 del siglo XX, basadas en el estilo neocolonial español inspirado en las misiones españolas que se fundaron en el virreinato de Nueva España. Un estilo regionalista, que ya se estaba dando también en Europa con el auge de los nacionalismos y por el que el arquitecto grancanario Miguel Martín Fernández de la Torre optó en homenaje a su hermano, el pintor Néstor, pese a ser uno de los más afamados proyectistas del racionalismo en Canarias. Obra suya es la sede del Cabildo de Gran Canaria y más de 300 proyectos racionalistas; entre los regionalistas cabe destacar el Parador de Tejeda, la Casa Fataga y el Pueblo Canario.
El arquitecto Javier Mena explicó que su hermano Néstor bebió de este «estilo inventado», en el que se promovía el tipismo de cada región para fomentar el turismo. Prueba de ello es el Pueblo Canario que construyó Martín en los años 50, siguiendo el diseño marcado por su hermano en la conocida acuarela de 1937, en la misma línea que los pabellones de las exposiciones universales que tuvieron lugar en las primeras décadas del siglo XX.

Vista del hotel Santa Catalina, que gestiona Barceló. / JOSÉ PÉREZ CURBELO
Mena indicó también que corresponde a los tiempos en el que le tocó reconstruir el hotel: en pleno Franquismo, donde el racionalismo estaba ya mal visto al pertenecer a la época de la República.
El arquitecto impartió una charla en el propio hotel, titulada ‘De Brighton a Las Palmas de Gran Canaria pasando por Los Ángeles’. La cita fue organizada por la asociación Amigos del hotel Santa Catalina en colaboración con el establecimiento para divulgar el valor patrimonial del edificio, así como su importancia para la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.
El acto fue presentado por el director del hotel Alfonso Giron, que indicó que uno de los objetivos del hotel es abrirse a la ciudad con este tipo de encuentros culturales. Mientras que el responsable de la asociación Amigos del hotel Santa Catalina, Manuel Ramos, se encargó de dar a conocer el curriculum del ponente.
Hotel inglés
El arquitecto Javier Mena explicó en una brillante charla algunas de las razones que llevaron a la aparición del hotel balneario inglés en Las Palmas de Gran Canaria a finales del siglo XIX y a su posterior transformación a mediados del siglo XX en un hotel para el turismo. Entre ellas, la desaparición de los barcos de vela y la aparición de los de vapor, lo que propició la construcción del puerto de La Luz y la conversión de la ciudad en carbonera para los navíos europeos que iban hacia América y África.
La pequeña colonia inglesa existente en la ciudad, que había vivido de la exportación del vino y de la cochinilla, se amplió al ser una compañía inglesa la encargada de la construcción de La Luz. A este hecho se sumó la instalación de navieras y exportadoras aprovechando que ya podían exportar mercancía fresca como frutas y verduras al reducir los días de viaje. «Los barcos venían llenos de carbón desde Inglaterra y aprovechaban que volvían vacíos para llenarlos de plátanos, tomates y papas», dijo.
El arquitecto participó en la última rehabilitación del inmueble en 2018, que lleva el sello del racionalista Miguel Martín Fernández de la Torre
«Los ingleses tenían tal presencia en Las Palmas de Gran Canaria que tenían su propio hospital, cementerio, club de fútbol, iglesia y hasta hoteles, pero no tenían un gran hotel para albergar a los viajeros y a los turistas que buscaban curarse de las enfermedades de pulmón», señaló. El inmueble fue levantado por una sociedad formada por ingleses y canarios, que mandaron su construcción al joven arquitecto McLaren. El hotel se inauguró un 6 de febrero de 1890.
«Fue el primer hotel que le encargaban. Entre las condiciones que le marcaron fue que todas las habitaciones dieran al exterior, que tuviera un jardín; que siempre estuvo abierto al público, y que estuviera alejado tanto del Puerto como de la Ciudad. De ahí la disposición de brazos abiertos que tiene su estructura», apuntó el arquitecto, que añadió que McLaren se inspiró en el Pabellón real que existía en la ciudad inglesa de Brighton, que desde mediados del siglo XIX se había convertido en un espacio turístico de la realeza y las clases pudientes por estar al lado del mar tras la llegada del ferrocarril durante la época victoriana.
«El propio pabellón estaba inspirado en el Taj Mahal de la India y esa inspiración se plasmó en el primer hotel Santa Catalina que se edificó», apuntó Mena, que añadió que los ingleses de la época estaban atraídos por todo el estilo mozárabe que algunos textos como ‘Cuentos de la Alhambra’, de Washington Irving habían plasmado.
Un estilo, que no es propiamente el que dejaron los árabes durante su expansión por España, sino una recreación de algunos de sus elementos, y que también dejaron huella en la ciudad en la primera década del siglo XX con los kioscos de la Alameda de Colón y de la plaza de las Ranas, entre otros.
La obra fue dirigida por Norman Right, el inglés que hizo la iglesia anglicana. «Toda la madera prefabricada para su construcción vino desde Inglaterra y fueron los carpinteros de ribera locales los encargados de construir el hotel», declaró.
Primera Guerra Mundial
La Primera Guerra Mundial dio al traste con el negocio. Los turistas dejaron de llegar y el hotel se mantuvo a duras penas abierto entre 1914 y 1922 e incluso tuvo que ser hipotecado. El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria se haría cargo de él en 1923, pero no sería hasta después de la Guerra Civil cuando comenzaría su gran transformación gracias al impulso de la Junta Provincial de Turismo y del Mando Económico de Canarias que dirigía el general Francisco García Escámez. «Se dio cuenta de que el clima y el turismo era uno de los mayores negocios para promover la economía de la isla y encargó a Miguel Martín la construcción del paseo marítimo de Las Canteras y la reconstrucción del hotel», indicó Javier Mena, que amenizó su charla con numerosas fotografías lo que permitió a los asistentes ver imágenes sorprendentes sobre cómo era el antiguo hotel inglés en su interior y hacer un recorrido por la misma historia de Las Palmas de Gran Canaria.

El arquitecto junto a alguno de los asistentes al acto, celebrado en el hotel Santa Catalina. / JOSÉ PÉREZ CURBELO
El edificio, que estaba bastante deteriorado debido a un incendio, por ser casi enteramente de madera, fue derruido ante el gasto que suponía su renovación y su reconstrucción comenzó en 1945. El arquitecto, que ha sido también profesor de la Escuela de Arquitectura de Las Palmas, subrayó que Miguel Martín respetó las cimentaciones y los elementos de piedra con los que se había levantado el hotel balneario.
"Miguel Martín respeto la cimentación del hotel inglés, que servía de balneario para los turistas, en la reconstrucción del inmueble"
Javier Mena subrayó que Miguel Martín estaba abonado a revistas de arquitectura de la época, que se hacían eco de los movimientos regionalistas, que casualmente tanto gustaban al Franquismo. «El que empezó con este estilo fue Néstor con el Pueblo Canario; en él ya hay influencias de ese estilo californiano, hollywoodiense que se consagró en el hotel Santa Catalina», apuntó. Y mostró el propio dibujo en el que Néstor recrea el Pueblo Canario (1937) en el que entre palmeras se puede ver una torre del hotel con la imagen que tendría después, aun sin reconstruir por su hermano.
Todos los proyectos tenían que pasar entonces por la Junta Económica que presidía García Escámez por lo que el arquitecto declaró «que no se hubiera permitido un edificio con el estilo racionalista de Miguel Martín, ni él seguramente lo hubiera hecho dada la situación política».
El hotel lleva la seña indiscutible de Miguel Martín, que diseñó junto a su hermano no solo su estructura, sino muebles, puertas, cabeceros de cama y cientos de elementos y detalles que dan peculiaridad a este gran hotel que gestiona la cadena Barceló. Se rodeó incluso de artistas como el muralista Jesús Arencibia para decorar sus salones.
El establecimiento volvió abrir sus puertas en 1952 con un aire totalmente renovado. Las dos torres corresponden a esa transformación emprendida por el arquitecto grancanario. En unos años, volvería a ser ampliado -1955,1959 y 1961- dado el auge del turismo y su atractivo. Como dijo el arquitecto Javier Mena «es inseparable de la historia de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria».
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