Comercios históricos de Las Palmas de Gran Canaria

Seis décadas del Restaurante San Fernando en Las Palmas de Gran Canaria

El restaurante en la calle Fernando Guanarteme abrió en 1963, pero muchos años antes fue una tienda de aceite y vinagre fundada por Domingo Marichal

La tienda de aceite y vinagre de Marichal tenía sus estanterías de madera llenas de azúcar, sal, aceitunas, papas, queso, legumbres o arroz, entre otros productos. Lo esencial que llenaba las mesas canarias antiguamente. La casa, que debe rondar los 100 años, la construyó el propio dueño Domingo Marichal, en la planta de abajo ubicó la tienda de ultramarinos y bodegón y arriba la vivienda familiar. En 1963 la familia alquiló el negocio que se convirtió en el restaurante San Fernando hasta que años más tarde lo traspasaron. El local ha pasado por la mano de varios dueños, en la actualidad los propietarios Davinia Montserrat y Tomás Mateo reabrieron el local después de dos meses de reformas. 

La pareja, que compró el negocio recientemente, ya está familiarizados porque trabajaron como empleados durante cinco años. Se despidieron del restaurante durante un tiempo cuando abrieron su propio local en Siete Palmas. Les iba bien con el negocio, pero al enterarse de que el bar en el que habían trabajado durante un lustro se vendía decidieron traspasar el suyo y regresar al San Fernando, aunque en esta ocasión como propietarios. «Sabíamos que este negocio funciona y al final también se le coge cariño», asegura Mateo. Comenzaron con una reforma que duró dos meses en la que cambiaron puertas, añadieron todo el mobiliario nuevo, el piso, reformaron la cocina y el almacén. La clientela ha regresado tras el parón con la carta clásica. Uno de sus platos más famosos y solicitados es la carne de cabra al estilo majorero tradicional con su salsa. 

Los comienzos de bodegón

De Fuerteventura era originaria la familia que fundó el negocio. El matrimonio de Domingo Marichal y Concepción González vivió en la calle Viriato para ahorrar lo suficiente con el objetivo de construir su propia casa. Para ello Marichal trabajó en el muelle cargando y descargando la mercancía de los barcos. Pero desde que tuvieron el dinero suficiente construyeron el hogar en la que vivieron y trabajaron el resto de su vida en la calle Fernando Guanarteme, 52, donde actualmente sigue ubicado el restaurante.  

La familia tenía una parte del local que era tienda y otra que era bodegón para tomar alguna copa acompañada de tapas que habitualmente eran papas arrugadas o pescado seco en vinagre y aceite. Durante muchos años fue la única tienda en Guanarteme, por lo que era un punto de reunión de todo el barrio. En el local trabajaban empleados y también familiares como sobrinos. Uno de ellos era Juan Rodríguez, aunque se convirtió en un hijo para el matrimonio. A los dos meses de nacido la hermana González se lo entregó a la pareja porque no podía hacerse cargo de él, y ellos lo cuidaron y educaron como a un hijo propio. 

El fundador de la tienda de aceite y vinagre, Domingo Marichal en el local.

El fundador de la tienda de aceite y vinagre, Domingo Marichal en el local. / Juan Castro

Repartir en bicicleta

El joven empezó a trabajar desde que pudo llegar a la altura de la barra y era el encargado de repartir los pedidos en bicicleta. «Él hacía los mandados, llevaba las compras a las señoras, también al muelle con un carrito atado en una bicicleta, repartía por aquí y también llegamos a vender a Tamaraceite», recuerda Marina López, la viuda de Rodríguez.  

López nació en Valsequillo y frecuentaba la capital cuando iba con sus padres, pero cuando conoció a Rodríguez con 15 años comenzó a acudir diariamente. Cuando se casaron se fueron a vivir a la casa con los fundadores del negocio. De forma repentina murió en 1970 Marichal, por lo que Rodríguez pasó a ocuparse del local. Sin embargo, era demasiado trabajo, por lo que la familia tomó la decisión de dejar atrás la tienda y transformar el local en un restaurante que pusieron de alquiler. Después de un tiempo fallecería él también con tan solo 31 años. Marina López se quedó viuda, sin trabajo y con sus hijos por mantener, por lo que vendió el negocio para salir adelante. 

Marina López, antigua propietaria del Restaurante San Fernando, sostiene imágenes antiguas de la tienda de aceite y vinagre.

Marina López, antigua propietaria del Restaurante San Fernando, sostiene imágenes antiguas de la tienda de aceite y vinagre. / Juan Castro

Los actuales propietarios han querido que el bar siga siendo un local de comida casera. Las albóndigas, los callos, el choco en salsa son algunos de sus platos más pedidos. Montserrat y Mateo llevan toda la vida trabajando en la hostelería, por lo que aseguran que el paso a convertirse en los dueños no fue difícil. «Siempre lo he llevado para otras personas y ahora lo hago para mí», apunta Mateo. 

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