Los artesanos del Mercadillo de Vegueta: "Venimos con nuestro trabajo e ilusión y esperamos apoyo institucional"

Los artesanos piden recuperar las actividades y grupos folclóricos para atraer a más clientes

Los puesteros sienten que la cita dominical está «abandonada»

Unos viandantes ojean algunos de los puestos del Mercadillo de Artesanía de Vegueta.

Unos viandantes ojean algunos de los puestos del Mercadillo de Artesanía de Vegueta. / LP/DLP

Los artesanos del Mercadillo de Artesanía y Cultura de Vegueta aseguran que la cita dominical lleva a medio gas desde que no hay música en directo, una iniciativa que se perdió durante la pandemia. Cada domingo los puesteros abren desde las 10.00 hasta las 14.00 horas para vender su trabajo que va desde peluches, panes, joyas, mermelada o ropa. Tanto locales como turistas curiosean entre los puestos de la plaza del Pilar Nuevo, aunque menos de los que están acostumbrados los comerciantes.

El Ayuntamiento capitalino informó de la dinamización del Mercadillo durante el mes de junio con la presencia de foodtrucks. Sin embargo, ellos aseguran que «nunca» han visto estas camionetas de comida en la plaza. Agustín Padrón asiste cada domingo al mercadillo desde su inauguración hace más de una década. «Desde hace dos años nos dicen que vienen los foodtrucks y nosotros no los hemos visto», asevera. «Está desolado, lo tienen abandonado», lamenta. Padrón es el único puesto de alimentación del mercadillo con su marca Fábrica de bizcochos y suspiros de Moya. A su puesto se acercan los más golosos en busca del antojo dulce del día. Ofrece una variedad de productos caseros como pan de huevo, suspiros de Moya, bollos de anís, galletas integrales, pan de curry, de tomate y aceituna o de berros. Aunque lo más vendido son los queques y los borrachitos.

Padrón también cuenta con puntos de venta en el Centro Comercial Las Arenas en Navidades y en mayo por el Día de Canarias, además de trasladarse a diferentes mercados de Gran Canaria, e incluso, ha pasado por mercadillos de todas las Islas. Con esta trayectoria sobre los hombros, reconoce que la falta de actividades ha mermado la clientela en Vegueta. «No hay actividades, ya hace años que no tenemos música», comenta.

Desconocimiento popular

Tania Marrero considera que vender su marca de joyas hechas con hilo y macramé en un escenario como el casco antiguo es «inmejorable». Sin embargo, confiesa que han tenido momentos mejores. «Antes había bastante apoyo con los grupos musicales y ahora nos sentimos un poco abandonados, venimos con nuestro trabajo e ilusión, pagamos las tasas más altas y esperamos que haya un apoyo institucional», destaca. A su parecer, este tipo de iniciativas debería tener una actividad atrayente que llame a la gente y que el mercadillo y los bares de la zona se retroalimenten. «Vienen talleres infantiles, pero casi no hay niños porque esto no se comunica», afirma. Cada domingo una animadora organiza actividades infantiles para los niños, pero según los comerciantes está contratada únicamente para una hora.

Mónica Calabrio opina como su compañera: «Hay personas que viven por aquí y no sabían que esto estaba aquí, hace falta más publicidad». La artesana dueña de la marca Forbici crea peluches con retales de ropa usada que compra en tiendas de segunda mano o le regalan sus amigos. «Siempre son colores diferentes porque están hechos con ropa y no se repiten, pero los patrones sí pueden ser iguales», explica. También hace encargos como peluches con la ropa que le ha quedado pequeña al bebé o con ropa de algún ser querido fallecido.

El Mercadillo de Artesanía de Vegueta en la plaza del Pilar Nuevo.

El Mercadillo de Artesanía de Vegueta en la plaza del Pilar Nuevo. / LP/DLP

Falta de limpieza

Calabrio recuerda que hace dos o tres meses algunas personas sin hogar dormían en los alrededores y el entorno del mercadillo se convirtió en «su baño». «Hicimos una recogida de firmas y ha cambiado bastante porque ya no se ven», asegura. Sin embargo, Marrero apunta a que al llegar por las mañanas no hay una limpieza correcta y se percibe el olor de la orina de los perros, y en ocasiones, también de las personas que trasnochan por la zona. «Si saben que todos los domingos se celebra un mercadillo podrían pasar a limpiar, pero no se les ve el detalle», comenta.

Uno de los puesteros, que prefiere no dar su nombre por posibles represalias, asegura que cuando había música y actividades había hasta 40 puestos, pero en la actualidad son entre 11 u ocho. «Necesitamos los grupos de folclore porque atraía a mucho público, la gente venía y había más movimiento», solicita. También apunta que la menor cantidad de puestos se debe en parte a la finalización de la temporada de cruceros.

Época floja

Roger Giménez tiene un puesto de ropa, bolsos, riñoneras, cerámica y joyería hecha de cuero y reconoce que en la afluencia también influye la época, ya que a partir de San Juan cuando llega el turista peninsular y durante la época de cruceros las ventas se incrementan.

Javier Carrasco y Enrique Mohedano también trabajan en el sector de la joyería bajo su marca Jaiki pulsera. Los compañeros utilizan un cristal japonés llamado Miyuki con el que crean formas geométricas e incluso caras en pendientes o anillos. «Usamos perlas naturales también, cuero y resina con la que hacemos los collares», explica Mohedano. Las piedras son diminutas, por lo que encajarlas una a una para formas las joyas es un trabajo laborioso y lleno de paciencia. Entre su colección tienen unos pendientes con la imagen de Frida Kahlo, que les llevó un día entero confeccionar. A su puesto llegan algunas clientas con la vista puesta en los colores vistosos de las piedras. Llevan siete años en el mercadillo y confirman que en la actualidad «está un poco flojillo» desde que la música dejó de sonar en la plaza del Pilar Nuevo.

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