Tirma | Medalla de Oro de Las Palmas de Gran Canaria

Tirma: un compromiso que va más allá de las ambrosías

Una de las industrias más emblemáticas de las Islas emplea a más de 200 personas, el 90% vinculadas a la capital

Conocidas en el mundo entero, pero con Escaleritas en su sello de fabricación. La empresa Tirma ha traspasado todas las fronteras con sus famosas ambrosías, pero a la misma vez mantiene un fuerte vínculo con la capital grancanaria, donde se encuentra ubicada su fábrica desde su fundación en 1941. La ciudad de Las Palmas de Gran Canaria reconoce en sus Fiestas Fundacionales a esta compañía isleña que no solo es la responsable de un producto icónico, sino que mantiene un fuerte compromiso con los palmenses. Además de ambrosías, Tirma fabrica chocolates, galletas, café, caramelos y conservas. Y su filosofía principal se centra en encontrar fórmulas que permitan devolver a los ciudadanos el cariño que le han dado a una empresa que ya cuenta con más de 80 años de historia.

¿Cómo? La compañía lleva a cabo distintas acciones de responsabilidad social corporativa. Intenta devolver lo que recibe. Mantiene un vínculo con el banco de alimentos y con equipos deportivos infantiles y juveniles de la zona. Y, además, sigue una política de reducción de emisiones de dióxido de carbono. «Nos comprometemos con las personas a las que puede afectar nuestra actividad», asegura el consejero de Tirma Virgilio Correa, quien vincula el galardón al reconocimiento, por parte del Ayuntamiento, de la labor que realiza el sector industrial en la sociedad.

Tirma está presente en los grandes eventos de la capital. La marca no se pierde la cabalgata de los Reyes Magos ni la del Carnaval de la ciudad. Pero la aportación de la empresa va más allá de las acciones sociales. La compañía genera 220 empleos directos y ha creado a su alrededor un ecosistema de negocios que se nutren del movimiento de las personas que transitan diariamente la fábrica en Escaleritas. «Prácticamente el 90% de los empleados de Tirma son personas que viven aquí o desarrollan su actividad en el municipio», reconoce Correa.

El edificio de Tirma es un icono del barrio de Escaleritas. Se edificó a finales de los años 60 cuando en la zona todavía no había ninguna gran construcción. Las viviendas más cercanas quedaban a la altura del antiguo Palacio del Hielo, convertido hoy en el centro deportivo Beats Las Palmas. Antes de esto, la fábrica estaba ubicada en la calle Fernando Guanarteme, en un solar de unos 700 metros cuadrados, y contaba con unos 30 empleados. Ahora la instalaciones ocupan más de 18.000 metros cuadrados.

Una visita a la Fábrica de Tirma

Una visita a la Fábrica de Tirma / Juan Carlos Castro

Y el espacio ya se queda pequeño. Con el paso de los años, y el crecimiento de la empresa, la dirección ha tenido que externalizar parte de los servicios para poder mantener la fabricación en el edificio. «Estamos otra vez en la situación de finales de los 60, la producción ha crecido y el edificio se nos queda pequeño», afirma Correa, quien confiesa que la compañía ya empieza a estudiar un «posible traslado». Desde Tirma aseguran que la marca tiene intención de buscar un espacio dentro del municipio, aunque reconocen que es «muy complicado» encontrar un suelo tan grande en Las Palmas de Gran Canaria. Y lanzan una petición al Ayuntamiento: «En otras comunidades, los consistorios ceden suelo a industrias locales que generan riqueza en la zona».

La compañía ingresó 37,5 millones de euros en 2023 y mantiene una evolución muy positiva, pero ha tenido que descartar algunos planes por el limitado espacio de la fábrica. No organizan visitas guiadas ni cuentan con un espacio museo de la marca, como sí tienen otras empresas canarias de reconocido prestigio. Un nuevo espacio más amplio abriría la posibilidad a incluir en la fábrica actividades adicionales que permitirían aumentar los beneficios.

Aun con «problemas» de espacio Tirma ha conseguido calar en el público canario y, además, llevar su nombre más allá del Archipiélago. Encontrarse una chocolatina con el envoltorio rosa fuera de las Islas es un motivo de alegría para cualquier canario. La clave, según explica Correa, está en jamás poner en riesgo el gusto del producto. «Nos mantenemos fieles a la receta y los mejores embajadores de la marca son los propios consumidores, que la llevan allá a donde van», confiesa el director general, quien agradece todo el cariño que recibe de la gente.

Una visita a la Fábrica de Tirma

Una visita a la Fábrica de Tirma / Juan Carlos Castro

Pero ser una marca tan reconocida también conlleva una gran responsabilidad. El sabor de la ambrosía siempre tiene que ser perfecto, una mala horneada no es una opción. «El nivel es muy alto, hasta con un cambio de maquinaria corremos un riesgo», reconoce Correa. La marca ha ido calando en el exterior de forma que dos tercios de la producción acaban fuera de Canarias. En casi todos los rincones del mundo. Cuentan con clientes fieles en zonas tan recónditas como Maldivas o Corea del Sur.

La medalla de oro también es un reconocimiento al sector industrial de la capital, una pieza fundamental de la economía isleña. Su valor quedó patente en la pandemia, cuando el aislamiento evidenció la tremenda dependencia que tiene el Archipiélago del exterior. «La economía debe estar diversificada y apostar por la industria para no depender de un tercero en cuestiones tan importantes como la alimentación», defiende Correa.

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