Activismo social | Cuatro décadas de una acción pionera

40 años del movimiento vecinal que exigió la independencia de Jinámar

Integrantes de la marcha que mil vecinos protagonizan en 1984 recorriendo a pie los 10 km entre el Polígono y el centro de la ciudad recuerdan la histórica gesta

María de los Ángeles Sánchez –de izq. a dcha.–, Blas García, Rosa Escrig, Fátima Méndez e Iris Rodríguez el jueves ante la antigua sede del Gobierno de Canarias en la calle de San Bernardo de la capital grancanaria.

María de los Ángeles Sánchez –de izq. a dcha.–, Blas García, Rosa Escrig, Fátima Méndez e Iris Rodríguez el jueves ante la antigua sede del Gobierno de Canarias en la calle de San Bernardo de la capital grancanaria. / Juan Carlos Castro

Miguel Ayala

Miguel Ayala

Un barrio con historia, una abuela con memoria, una nieta que siempre escuchó y una directora y productora teatral con olfato de lince.

Con estos mimbres no podría celebrarse de mejor modo el 40º aniversario de la histórica marcha que en noviembre de 1984 llevaron a cabo los vecinos del Valle de Jinámar, conocido en esa época como Polígono de Jinámar, hasta la por entonces sede del Gobierno regional en la calle San Bernardo de la ciudad con el objetivo de reivindicar que se designara aquella zona como municipio independiente, una exigencia con la cual pretendían poner fin a las carencias que afectaban a una barriada, edificada en medio de la nada, donde no existían servicios públicos básicos, como una necesaria línea de guaguas, pero tampoco había ni un simple supermercado ni, por ejemplo, una farmacia.

Aquel episodio imprescindible para entender la memoria de la capital grancanaria se convierte ahora, de la mano de la productora y directora teatral Rosa Escrig, en el proyecto teatral y educativo Polígono, que arranca el próximo mes de noviembre con la participación de algunos de los vecinos protagonistas de dicha movilización.

Es fácil imaginar la sorpresa que provoca estar sentado frente a Blas García Rodríguez y comprobar que se trata de la misma persona que, armado con un megáfono, aparece en las imágenes de aquella jornada histórica rodeado del resto de jinameros que recorrieron a pie los casi 10 kilómetros entre el barrio y el centro de la ciudad.

Cerca de mil vecinos  |

Cerca de mil vecinos recorren la distancia entre Jinámar y el centro de Las Palmas de Gran Canaria en noviembre de 1984. / La Provincia

«Cuando llegué a vivir a Jinámar aquí no había ni agua ni luz; los bloques estaban sin pintar y la situación realmente era dantesca», cuenta este hombre peleón a quienes muchos responsabilizan de ser uno de los primeros habitantes de esa zona en darse cuenta de que sólo batallando en la calle, pancarta en mano, podrían lograr un compromiso político que atendiese sus reivindicaciones. «Aquella fue una de las primeras manifestaciones de la Isla, si no la primera, donde se salía a exigir derechos sociales», añade Blas García.

Junto a él acuden a la entrevista María de los Ángeles Sánchez y Fátima Méndez, otras dos vecinas del barrio participantes en aquellas movilizaciones, así como Iris Rodríguez, joven graduada en Historia y nieta de Fátima, además de la principal ‘culpable’ del nacimiento de Polígono.

«Ella me hablaba siempre de la lucha que se llevó a cabo para conseguir que Jinámar contase con unas dotaciones básicas y cuando tuve que realizar el trabajo de fin de ciclo» de su titulación «y supe que debía basarse en acciones sociales, decidí contar todo lo que mi abuela me había relatado», recuerda.

arriba

Manifestación de vecinos de Jinámar ante la sede del Gobierno en 1984 en Las Palmas de Gran Canaria. / La Provincia

Poco después, Rosa Escrig se cruza en su camino. «Como artista canaria comprometida con nuestra comunidad», dice la también actriz, «estoy convencida de la importancia de preservar y promover nuestro patrimonio cultural y abordar, asimismo, los temas que afectan a la sociedad isleña de manera significativa y constructiva. Creo que Polígono es una oportunidad única para dar voz a una comunidad que ha sido estigmatizada intencionadamente y no ha tenido el privilegio de contar su propia historia». Escrig prosigue explicando que «explorando y celebrando a través de las artes escénicas» estos hechos «podemos fortalecer los lazos comunitarios, fomentar el orgullo y la pertenencia, y transmitir además conocimientos y valores a las generaciones futuras».

El proyecto urbanístico de Jinámar nace de la imperiosa necesidad de reubicar a la población que en la década de 1970 vive hacinada en azoteas y chabolas en Las Palmas de Gran Canaria a consecuencia del éxodo rural provocado por el descenso en Gran Canaria de la actividad agrícola, que se tradujo en la migración de sus habitantes hacia los centros urbanos «en busca de nuevas oportunidades», cuenta Rosa.

Es precisamente ese retroceso de las áreas de cultivo lo que sitúa en el tablero de la Historia grancanaria una explotación dedicada al cultivo de plátano y tomate cuya actividad se había paralizado con la llegada de la gran sequía de la década de los años cincuenta del siglo XX. El propietario del Valle de Jinámar, finca situada entre las ciudades de Las Palmas de Gran Canaria y Telde, vende el terreno al Estado para que allí se construyesen viviendas.

 recorren a pie en noviembre de 1984 la distancia que separa Jinámar del centro de Las Palmas de Gran Canaria para manifestarse ante la sede del Gobierno canario, en la calle de San Bernardo

El Polígono de Jinámar pidió nen 1984 ser municipio independiente. / La Provincia

Tanto Fátima Méndez como María de los Ángeles Sánchez y Blas García Rodríguez figuran entre los primeros habitantes del que se bautizó con el nombre de Polígono de Jinámar.

Las dos mujeres coinciden en definir de «espantosas» las condiciones del barrio. Por mucho que para denunciar aquella situación acudieran a la prensa y la televisión «nadie atendía nuestras demandas», rememora Fátima Méndez. «Yo residía en la primera fase, que se sitúa en el término municipal de Telde, y como iba tanto a las oficinas municipales ya entraba y salía de allí como Pedro por su casa».

Fachadas a medio hacer, bloques de 11 plantas sin ascensores, deterioradas zonas verdes donde eran más numerosos los coches abandonados y los escombros que las plantas y árboles; la inseguridad, la inexistencia de colegios o, en ese mismo sentido, la reiterada respuesta negativa por parte de las autoridades para dotar al barrio de una parada de guaguas que facilitase el desplazamiento a clase de los niños de Jinámar comienzan a minar la paciencia de sus habitantes. «Todo era un parcheo», describe en el dossier de Polígono José Luis Cárdenes, sociólogo y miembro del equipo de trabajadores sociales que en la década de 1980 empieza a bregar con la cruda realidad de la zona.

Listas como ardillas, las vecinas jinameras, piezas imprescindibles en la histórica lucha del barrio, deciden que para el cumplimiento de sus demandas sólo les quedaba realizar un serio pero discreto contraataque.

2ª foto

Niños en Jinámar en los años ochenta. / La Provincia

Fátima Méndez recuerda, por ejemplo, que cuando por parte de los ayuntamientos y el Cabildo Insular se trató de solventar el asunto del transporte escolar, recomendando que los menores atravesaran un túnel abandonado para llegar a la parada de guaguas, localizada en la Autopista GC-1, «un grupo de padres y madres decidimos ir de noche con bolsas de basura al pasadizo y arrojamos allí su contenido».

La mañana siguiente llamaron a los medios de comunicación para que grabaran y fotografiaran el estado del lugar. «Unos días más tarde teníamos ya una línea de guaguas en el barrio», contaba Méndez el jueves de camino a la calle de San Bernardo, vía neurálgica en el periplo reivindicativo de los habitantes de Jinámar.

Fue en la sede del Gobierno regional, situada en esa arteria próxima a Triana, donde los representantes de los casi mil vecinos participantes en la movilización del 22 de noviembre de 1984 entregaron a Jerónimo Saavedra, máxima autoridad política del Archipiélago, la carta en la cual exigían que Jinámar fuese designado municipio independiente dentro del territorio grancanario.

Aunque hoy aquella petición puede antojarse una medida caprichosa, la solicitud se basaba en la propia experiencia de los vecinos: «éramos nosotros quienes, con nuestros medios, lográbamos que se solucionaran los problemas así que creíamos lógico convertirnos en municipio emancipado para autogestionarnos», explican los protagonistas de este reportaje.

Los frutos de la multitudinaria movilización no tardaron en llegar, aunque no fueron suficientes, como refleja que en 1985 los centros escolares de Jinámar se vieran obligados a cerrar debido a un brote de hepatitis causado por la contaminación del suministro de agua con aguas residuales, una epidemia que afectó a estudiantes y profesores.

Tampoco se olvida Blas García de cuando los políticos grancanarios descubren que Jinámar «era un importante nicho de votos». Dice, sin embargo, que sus promesas siempre «se quedaban en nada» aunque con el paso de los años comenzó a dotarse de instalaciones al estigmatizado barrio, un «desprecio» que, según Iris Rodríguez, continúa existiendo. «Si en un currículum pones que resides en Jinámar, no te dan el trabajo», concluye esta joven de 28 años de edad.

Suscríbete para seguir leyendo